Desde el año 2013, el Programa Pop_Up Spaces de la feria Ch.ACO selecciona un grupo de espacios chilenos –de Santiago y regiones– destacados por su propuesta creativa y modelo de autogestión para que exhiban y vendan sus obras en la feria. Se trata de innovadoras iniciativas independientes y, generalmente, de trabajo colectivo, que han visto en feria Ch.ACO una oportunidad para expandir su capacidad de gestión y profesionalizar su labor.

A partir de la primera semana de mayo estarán abiertas las postulaciones a la tercera versión del programa, que este año cuenta con la curaduría de Carolina Castro Jorquera. “Me parece una iniciativa fundamental para impulsar la escena del arte en Chile hacia una profesionalización de sus agentes. Que éstos puedan tener la posibilidad, primero, de capacitarse como emprendimientos y, segundo, de experimentar cómo funciona el mercado a cierta escala. Puede ser muy significativo para su desarrollo futuro”, señala la crítico de arte y curadora chilena asentada en Madrid, que en esta entrevista –cortesía de Ch.ACO– comenta sobre los alcances de esta vitrina, así como de su práctica como curadora y la escena del arte en Chile, entre otros temas.

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Carolina Castro Jorquera, curadora del Programa Pop_Up Spaces 2015 de feria Ch.ACO. Cortesía: Ch.ACO

¿Cómo evalúas la creación del Programa Pop_Up Spaces de feria Ch.ACO, como un apoyo a espacios autogestionados?

Entiendo que la mayoría de los espacios que postulan al concurso poseen naturalezas diferentes, algunos son artistas que se agrupan para poder tener un espacio donde exponer y desde donde darse visibilidad, otros son curadores o gestores que están interesados en crear nuevas dinámicas y nuevos modelos, y otros que tienen más el perfil de una galería, con objetivos claros hacia la venta y el coleccionismo. Todos estos modelos son necesarios y todos deberían, en la medida de sus intereses, pasar por la experiencia de una feria para ampliar su visión respecto a las distintas complejidades implícitas en el mundo del arte, como gestionar, producir, vender, curar, etc. Los espacios autogestionados que tienen una buena base pueden potenciar su rol como agentes locales y afectar a la sociedad, también pueden llegar a transformarse en importantes galerías o instituciones en el futuro. Hay muchos casos de espacios que empezaron siendo muy pequeños y hoy participan de las ferias más importantes del mundo. Han hecho carrera con sus artistas. Como curadora me interesa mucho eso, las posibilidades de crecimiento, de aprendizaje y las ganas de hacer cosas nuevas. Estoy muy expectante de ver las propuestas que se presentarán este año y de poder trabajar con cada uno de ellos, ver cómo puedo contribuir con mi experiencia a las ideas que ellos tienen y potenciarnos. El aprendizaje va a ser mutuo, ya que yo desconozco bastante la escena de espacios autogestionados actuales, y tengo mucha curiosidad de ver qué está ocurriendo ahora a lo largo de Chile. Trabajaremos en ello en los próximos meses.

Has participado en varios proyectos curatoriales, y también en el cuarto Curso Internacional de Curadores de la Bienal de Gwangju, en Corea del Sur (2012). ¿Qué cosas consideras importantes al momento de curar una muestra?

Como curadora pienso que es fundamental el diálogo con los artistas, hacer visitas de estudio, saber lo que piensan y seguir sus procesos en el tiempo. Ver cómo uno puede actuar como vínculo entre ellos y el público que va a ver sus obras. Mi experiencia en Corea fue muy interesante porque el programa de curadores nos permitía experimentar los diferentes aspectos de esta práctica: hacíamos investigación por las mañanas, discutíamos sobre exposiciones históricas, y por las tardes visitábamos estudios, instituciones, etc. Teníamos la posibilidad de conocer muy de cerca a los agentes que estaban activando la escena, especialmente de Seúl y Gwangju. Yo sigo haciendo proyectos con Corea actualmente, y todo surgió allí. Pienso que la comunicación es una herramienta fundamental a la hora de comisariar, ya que por un lado está el trabajo de investigación, pero por otro eres mediadora entre la obra y el mundo. Es importante desarrollar también ese aspecto. Ahora mismo estoy muy entusiasmada comenzando a trabajar como Directora de Comunicación de CPR (Curatorial Program for Research), un nuevo proyecto dirigido por Carmen Ferreyra y Aura Seikkula, que lanzaremos en los próximos meses, donde becaremos a curadores para hacer residencias de investigación en más de 10 ciudades del mundo. El programa se centra en la introducción de estos agentes en las localidades culturales, enfocándose en la versatilidad de las prácticas artísticas y las realidades de producción con el fin de permitir y facilitar el desarrollo profesional de los curadores participantes de manera que puedan acceder a los artistas de una manera más directa y cercana.

En general, ¿cómo evalúas la escena de arte contemporáneo chilena? ¿Cómo crees que es vista en la escena internacional?

A menudo me encuentro aquí en Madrid o en Nueva York con personas que me dicen: ¡los artistas chilenos están teniendo mucha visibilidad!, ¡qué buenos artistas chilenos hay!, ¡he visto una exposición de un chileno en tal lugar y me encantó!. Últimamente escucho buenas cosas. Además, cuando vives afuera te transformas medio en embajador cultural, entonces cuando hay interés por tu país la gente se acerca con curiosidad. Sobre todo da la impresión de que de un momento a otro algo cambió y hay otra energía. Mi opinión está fundada en un porcentaje pequeño de artistas, que son los que he ido conociendo en mi viajes a Chile, pero esto no es necesariamente representativo de toda la escena. Veo artistas jóvenes que están moviéndose mucho, dentro y fuera de Chile, ganando becas, trabajando con galerías de aquí y de allá, haciendo residencias importantes y sobre todo haciendo muy buena obra. Buscándose la vida de manera muy profesional… eso me parece admirable. En mi experiencia hay algo que también se está asentando y que es lo fundamental: estos artistas están haciendo una obra madura, inteligente, sensible, abierta a otras maneras de ver y hacer. Quizá tiene que ver con que el mundo ahora está mucho mas mezclado, las disciplinas se afectan las unas a las otras, el arte ya no habla necesariamente del arte sino que habla de física, de matemática, de botánica, de religión, de deportes, de diseño, de arquitectura, del clima, de lo viejo, de lo nuevo, de todo. Y es cierto que esto está dando paso a otro tipo de arte aún muy complejo de definir, pero que se huele, está en el aire, viene de la mano de una consciencia diferente.

¿Cómo piensas que Chile se está transformando actualmente en términos culturales?

Hay una transformación, y no me refiero a que antes no hubiese nada. Tenemos grandes artistas que hoy a sus 70 u 80 años siguen tremendamente activos -pienso en Juan Pablo Langlois y Cecilia Vicuña, por ejemplo, con una gran trayectoria y que han influenciado mucho a las nuevas generaciones- y además estamos empezando a aprender a valorar la cultura y las artes de otra manera, no sólo como entretenimiento sino como manera de mirar el mundo, de ver la vida. En este sentido, creo que Ch.ACO es un gran aporte. Se tiene siempre mucho miedo de las ferias porque son como las malas de la película, el lugar donde está la plata y donde el arte no se aprecia casi nunca en toda su dimensión. Las ferias son acumulativas, están llenas de obras, a veces puedes encontrarte con cosas que te atrapan y te cautivan, otras veces sales colapsado como si hubiesen agotado tu capacidad de ver. Sin embargo, son también un lugar de investigación, donde puedes ver cosas a las que no accedes de manera fácil o directa, es un lugar donde se generan redes, se hacen negocios. Hay que verlas como lo que son y sacar ventaja de ello. Por otro lado, hay muchos tipos diferentes de ferias y cada una cumple su función, responde a una necesidad.

En Chile hay muchas cosas que son muy precarias aún. Nuestras instituciones no tienen una estructura estable, hay poco coleccionismo, y casi no hay colecciones; digamos que no tenemos con qué contar nuestra historia, y eso es grave. Se ha escrito muy poco sobre arte, y volviendo al tema de los artistas que mencionaba antes, hace falta ser más autocrítico y plantear una teoría del arte que esté más acorde a esta nueva escena. Afortunadamente, están apareciendo nuevas voces. Artishock es una gran plataforma, por ejemplo; también hay un nuevo grupo de curadores e investigadores, algunos nos estamos formando haciendo PhD, otros en la práctica misma del comisariado, todos estamos trabajando en ello, en pensar la escena chilena de otro modo. Ahora mismo hay muchos focos explosivos en Chile; está colapsando una estructura política y administrativa que ya no da de si, pero yo veo que hay algo bueno en eso: hay que hacer crisis para que lo malo se vaya y esas nuevas voces sean escuchadas. Ahora, hay que tener paciencia y trabajar duro, hay que ser muy intuitivo.

Por último, actualmente preparas su tesis doctoral, El paso de la consciencia en la obra de Víctor Grippo y Mira Schendel. ¿Podrías contarnos en qué consiste?

Mi tesis nació de una inquietud muy personal que cruza dos cosas que para mi son fundamentales en mi vida: el arte y el desarrollo espiritual. Desde muy chica tuve curiosidad por las religiones, por el mundo de lo divino y sobretodo por nuestra relación con las cosas del mundo, sobretodo aquellas que no podemos explicar fácilmente porque no tenemos el vocabulario: el amor, la sincronía de la naturaleza, la fe, etc. Eso para mi está profundamente ligado con la experiencia estética, y no me refiero a la experiencia Románica, sino al hecho de que las cosas, los objetos, significan y transforman. Mi tesis es sobre eso. Mira Schendel (1919-1988) y Víctor Grippo (1936-2002) fueron artistas profundamente sensibles y con una visión muy clara. Vivieron momentos históricos trágicos en que parecíamos haber perdido toda esperanza en nuestra propia humanidad, después de la Guerra, sometidos a dictaduras, etc. Una época marcada por el uso de modelos lingüísticos para la comprensión del mundo y donde los modelos espirituales estaban totalmente obsoletos. Ambos creyeron que el arte podía otorgarnos la fortaleza de espíritu necesaria para enfrentar la realidad mediante el cultivo del ser, mediante el desarrollo de una consciencia “integral”, unificadora, bajo otras concepciones de lo temporal y del espacio que habitamos. Otro punto importante en mi tesis es que, en términos de la historia del arte, estos asuntos vinculados a lo espiritual, o si queremos ponerlo en otros términos, al sentimiento anti-moderno, anti-progreso, han sido siempre dejados de lado en la construcción de la historia, especialmente del siglo XX. En América Latina se ha tendido a un análisis del arte bajo los conceptos de lo político, lo conceptual o la relación entre centro y periferia. Nos encasillamos a nosotros mismos en modelos que en muchos casos ya no son más útiles, y definitivamente no son los únicos. Pienso que es necesario volver a revisitar la historia y a estos artistas con otras herramientas, con otras sensibilidades, otros ojos.