Rodrigo Arteaga (1988) es uno de los artistas jóvenes más activos en Chile. Su obra, que ha proliferado en el último año tanto en espacios experimentales como en museos y galerías locales establecidos, habla de un “arte científico” del que, si algo sabemos, es que tiene que ver con su manera metódica de trabajar y su forma orgánica y ágil de expandir sus ideas, tal y como se expanden los hongos de sus trabajos recientes. Hijo de médicos, observador atento, «inventor» y coleccionista de libros, mapas e ilustraciones añejas que interviene y recorta, Rodrigo Arteaga siempre está repensando el dibujo, el collage y otros medios, acercándolos al campo ilustrado de las ciencias y el conocimiento. Su arte es un estudio frágil y poético de las herramientas que el mundo ocupa para comprenderse. Vemos, en una visita a su taller, cómo es éste, su sistema de trabajo, metódico y orgánico a la vez.

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Foto: Felipe Ugalde

Antonia Taulis: Quisiera que conversáramos primero de tu formación. En la Universidad de Chile eras compañero de generación de Martín La Roche y Matilde Benmayor, ¿no?

Rodrigo Arteaga: Sí, con la Mati y la Raisa (Bosich) también. Pero yo estaba en el taller de grabado.

A.T: Ah, pensé que habías partido con el dibujo… las primeras exposiciones y trabajos que empezaste a mostrar eran dibujos… 

R.A: Claro, hice harto dibujo. Bueno, es que hace bastante tiempo que no hago directamente grabado, sino trabajos súper gráficos que se solucionan de otra forma, con sistemas orgánicos, collage, libros, pero parten desde ahí, desde ese interés gráfico ligado al grabado.

A.T: Y al final terminan siendo trabajos únicos, no ocupan la estrategia de serie tan usual en el grabado, y así son más vivos, los dibujos siempre son más vivos…

R.A: Muchas veces también lo que hago es intervenir ilustraciones antiguas que son en sí grabados.

A.T: Claro, ahí hay un cruce entretenido también… Tienes un lindo jardín…

R.A: Hago lo que puedo con el espacio.

A.T: Es rico tener ese espacio, para observar y abstraerte, ¿no?

R.A: Sí, mira, esta es una suculenta, y esta otra parece como venas… Aquí hay otra jardinera…

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Foto: Felipe Ugalde

A.T: Te queda espacio para seguir plantando… ¿Y hace cuánto que estás acá, en este departamento/ taller del Parque San Borja?

R.A: Acá vivo hace dos años pero trabajo hace menos de uno. Antes tuve taller en Avenida Matta; viví también ahí, como dos años. Era una casa taller. Luego me vine para acá y mantuve el taller de Matta un tiempo. He tratado de separar la casa del taller, pero siempre los termino juntando.

A.T: Claro, es que uno siempre está observando y pensando cosas, y a veces en el tránsito de una actividad a otra también hay mucho material que traer al taller…

R.A: A mí me funciona trabajar en la casa. Aunque he tenido como dos o tres talleres en verdad, todos con mucha gente. En el primero éramos trece personas.

A.T:  ¿En Girardi, en Barrio Italia?

R.A: Sí, Girardi; lo empezamos con unos amigos. Y en Matta también éramos muchos y hacíamos todos cosas muy diferentes.

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Foto: Felipe Ugalde

A.T: En algunos talleres hay una conexión en la estética de los integrantes. En Santa Victoria, por ejemplo, hay varios cruces. De hecho, quizás lo tuyo tiene bastante que ver con lo de Quillo (Martín La Roche), esa cosa con el papel, lo chiquitito, esa cosa delicada como para mirar de cerca y con tiempo pausado. Eso es algo que se repite en el arte local de ahora, ¿no encuentras?

R.A: Martín es un amigo con el que he trabajado y que además admiro mucho. Lo que dices puede ser algo generacional tal vez, algo que se da por trabajar con medios tan distintos unos de otros, formatos distintos, pasarse al video, a la foto, al dibujo… eso yo creo que es algo más de ahora.

A.T: Por ejemplo, tú hiciste un libro intervenido que se supone que es un objeto, pero lo grabaste pasando página por página y con eso hiciste otra obra, otra propuesta por lo menos…

R.A: Sí, eso fue en una de las salas del MAC de Quinta Normal, para el último Salón de Estudiantes. El video duraba una hora en total, y se recorrían varios libros completos. He pensado mucho sobre la relación del libro con el espacio expositivo, que si bien no es su medio propio de circulación, me parece super interesante para explorar.

A.T: Claro, ahí aparece de nuevo el tiempo de lectura y observación…

R.A: Y algo hipnótico; al pasar las páginas, daban ganas de quedarse esperando ver lo que venía después. Bueno, no creo que nadie se haya quedado viendo la hora entera, pero por lo menos la idea era que cada vez que alguien entrara a la sala hubiera algo distinto. Mira, acá tengo todos los libros, justo me llegaron de una muestra en Matucana 100 que se acaba de cerrar.

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Rodrigo Arteaga, Libros abiertos, 27 libros de artista, 2009-2014, vitrina/mesa de 300 x 100 x 90 cm. Vista de la exposición colectiva «Territorios fronterizos: la fotografía más allá de la imagen», curada por Nathalie Goffard, Galería de Artes Visuales del Centro Cultural Matucana 100. Cortesía del artista

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Rodrigo Arteaga, Libros abiertos, 27 libros de artista, 2009-2014, vitrina/mesa de 300 x 100 x 90 cm. Cortesía del artista

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Foto: Felipe Ugalde

A.T: Ahora vienes llegando del MAM, el Museo de Arte Moderno de Chiloé…

R.A: Sí, vengo llegando de allá. Cumplía 27 años el MAM y me invitaron a una colectiva, me proponían enviar algo, pero yo siempre quise hacer algo ahí, así que les propuse ocupar el taller de allá que además es increíble, y hacer un proyecto específico para el museo, que era una ruta de toda la carretera 5 Sur recortada de un mapa como de cinco metros, puesta sobre un plinto que seguía la forma de la ruta y que construimos ahí mismo con un amigo que me ayudó. Y tuvo un sentido especial, porque la 5 Sur termina en Chiloé, entonces era una síntesis de todo el territorio chileno a través  de una línea y eso tiene que ver con el dibujo también. Tomar la ruta para subirla al plinto fue complicado, se derrumbaba, se hundía, parecía una vena incluso.

A.T: Y era roja… siempre son rojas las carreteras en los mapas por un tema de señalética, ¿no? En 2011 también hiciste unos trabajos con rutas de mapa recortadas que simulaban sistemas sanguíneos, como estos que tienes acá…

R.A: Claro, estos que tengo acá también son similares, pero en escala un poco más grande. Son parte de un trabajo que estoy preparando para una individual en París en una galería que se llama Sobering. Y los voy a enmarcar en cajas. Estos otros de acá son libros de botánica. Cada uno es un libro completo recortado, entonces armo un conjunto con las ilustraciones de cada uno, haciendo jardines que además trato por especie, entonces al final haré un tipo de herbario, citando a los museos de historia natural, en algo así como un estudio científico del estudio científico de las plantas.

A.T: Es precioso… Claro… es un estudio estético científico, como han dicho sobre tu trabajo en otras ocasiones. ¿Y mezclarás las carreteras con las plantas para la expo de París?

R.A: Sí. O sea, voy a hacer una selección de algunos trabajos un poco más antiguos en otras versiones y varios proyectos nuevos también. Sobre todo en una serie de dibujos de otros collages y composiciones que he hecho con recortes y objetos encontrados, donde al realizarlos ocurre una distancia con el objeto que me interesa, son en el fondo una relectura desde el dibujo de otros trabajos míos.

A.T: Entonces son unos collages tuyos que reinterpretaste. ¿Estudias y revisas todo el tiempo?

R.A: Claro, como todo lo que significa el objeto científico. Son varios, como cincuenta.

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Rodrigo Arteaga, Ruta 5, 2014, mapa recortado. Vista de la exposición 27 Aniversario MAM Chiloé. Cortesía del artista

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Rodrigo Arteaga, Ruta 5, 2014, mapa recortado. Vista de la exposición 27 Aniversario MAM Chiloé. Cortesía del artista

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Rodrigo Arteaga, Ruta 5, 2014, mapa recortado. Vista de la exposición 27 Aniversario MAM Chiloé. Cortesía del artista

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Foto: Felipe Ugalde

A.T: Encuentro que tu trabajo tiene mucho que ver con el de Adolfo Bimer y con algunos de Sebastián Preece. Pensando en algunos referentes de acá, ellos se me hacen los más notorios…

R.A: Me gusta mucho el trabajo de Bimer. Ha sido de mis grandes referentes. Yo creo que en un momento también era más parecido lo nuestro y seguimos caminos distintos después, pero realmente me gusta mucho. Y sí, Preece por supuesto, también me encanta, lo conocí la otra vez y le compré uno de sus libros que es increíble, del proyecto De los Ángeles y Demonios, Modelo de un Retrato de Familia, sobre los libros que rescató, que desenterró en sus excavaciones.

A.T: Y luego tú le hiciste una cita o fue un alcance en la exposición en galería AFA (Sobre Estrellas y Raíces), en que pusiste unos libros abiertos con plantas…

R.A: Claro, pero en mi caso fueron muy artificialmente provocados; en el caso de él fue realmente la tierra y el tiempo los que produjeron todo eso. Yo para mis libros trabajé con un amigo botánico que me asesoró. Y la idea era que las plantas se relacionaran con el contenido de los libros, que eran libros de botánica, y las plantas que les crecían tenían que ver con las ilustraciones que estaban ahí.

A.T: Y tenían que ser plantas de interior, resistentes a las condiciones de la galería, ¿no?

R.A: Claro, había que regarlas. Igual algunas murieron y tuve que ir a cambiarlas. De hecho se vendió una a unos coleccionistas y ahora ha seguido creciendo y la siguen cuidando ellos. Yo las entregué con unas pipetas especiales para el riego.

A.T: ¿Y qué plantas fueron las que más resistieron?

R.A: Las suculentas y algunos tipos de cactus.

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Rodrigo Arteaga, Flore Antiparasitaire Phytopharmaceutique Illustree (1945). Cortesía del artista

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Rodrigo Arteaga, Guía Práctica de las Plantas de Interior. Cortesía del artista

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Rodrigo Arteaga,Historia natural popular, 1951. Cortesía del artista

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Rodrigo Arteaga, Pots and plants, 1977. Cortesía del artista

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Foto: Felipe Ugalde

A.T: ¿Y has seguido repitiendo la técnica de los collages de ilustraciones con motivos orgánicos?

R.A: De esa forma no tanto, como que lo orgánico se ha ido transmitiendo de otra forma en mi trabajo. Antes era un principio orgánico como el crecimiento de estos dibujos que me interesaba que fueran como brotes o como la forma en que crecen las células, casi como una cuestión celular, pero ahora ese principio orgánico ha tomado otros caminos, como trabajar directamente con materiales orgánicos, como hongos o plantas.

A.T: Antes era más la idea de lo orgánico. Y tenías además algo caricaturesco, sobre todo en esa serie de intervenciones con dibujos de intestinos blancos hechos con liquid-paper sobre fotografías de revistas. Luego te pusiste más «serio» y más materialista también, en el sentido de ser menos artesanal y trabajar ya con la materia viva.

R.A: Sí, claro, esos trabajos fueron de los primeros que hice; ahí pensaba en cómo intervenir la imagen y apropiarme de ella, responder a ella pero mediante su propio lenguaje. O sea, si había una persona tomando algo yo remplazaba ese algo por esa forma blanca. Esa manipulación se mantiene, pero de otra forma. Me interesa combinar las ciencias con la poesía o el arte.

A.T: ¿Para desarmar los paradigmas modernos de la especialización?

R.A: Sí, creo que todo esta ultra especializado. Se tiende a pensar que ir hacia otros lados o por otros caminos en las ideas o en las investigaciones, saliendo de tu matriz o de la academia, es perderse, pero a mí me parece que ahí es cuando más se enriquecen los puntos de vista. Es lo que me pasó con un proyecto (Convergencia, expuesto en Galería Temporal) que hice en un laboratorio de microbiología en la PUC (Pontificia Universidad Católica) de San Joaquín; les propuse hacer un cuadro dibujado con hongos, aceptaron y después de muchos meses descubrimos que la fascinación y el entusiasmo por querer ver el experimento científico era bastante similar en ellos como en mí, y así el trabajo de laboratorio y de taller eran muy parecidos también. Eso fue súper bueno comprobarlo.

A.T: Claro, ahí se arroja una primera conclusión científica al respecto…

R.A: (risas)

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Foto: Felipe Ugalde

A.T: ¿Hay algo en particular que te den ganas de transmitir o comunicar?

R.A: Sí, tiene que ver con repensar el mundo, las cosas, las ilustraciones que tratan sobre la vida. Es como buscar nuevos sentido en ella, transmitir sentidos más profundos… no sé si más profundos en verdad, pero sí distintos.

A.T: Claro, al final las enciclopedias, los mapas, son todos formas de interpretar el mundo, a través del dibujo sobre todo. El dibujo es una forma de estudio y me llama la atención que en tu trabajo todos los elementos que ocupas son también instrumentos de estudio.

R.A: Es mirar el mundo con una mirada más panorámica, con otros puntos de vista… El arte permite ese espacio. Conversando con una amiga artista que conocí en el MAM, Carolina Muñoz, me hizo ver algo que creo que es lo que más me interesa de mi propio trabajo, que tiene que ver con trabajar con formatos distintos, pero hay un interés constante que se mantiene, que es tener también esa libertad de pensar las cosas independientemente de qué solución formal elegir para cada proyecto, sino que se mantenga más cercano al movimiento de las ideas.

A.T: ¿Y ese interés cuál sería entonces?

R.A: Es bien misterioso en verdad, es una mezcla de factores, intereses gráficos, conceptuales, trabajar con una sensibilidad sobre los materiales, o desde terrenos que no son tan habituales para el arte.

A.T: Igual materialmente siempre está el papel, las plantas, la celulosa, las revistas, los diarios, las agendas… ahí hay una idea constante, que es el material histórico donde se han transmitido los estudios o el conocimiento, en el fondo los libros… todavía no se logra destruir eso a pesar de la tecnología digital.

R.A: Me interesa la apropiación de estos sistemas que generan conocimiento, los libros, las ciencias, las certezas en verdad, y darles una vuelta…

A.T: ¿Con ánimo de desestabilizar?

R.A: No se si desestabilizar pero sí de repensarlo, de hacer propias las cosas. Suelo pasear por las librerías antiguas de Santiago y me llama mucho la atención esa esperanza del conocimiento y sus publicaciones, sobre todo las enciclopedias, que siempre buscan ser lo más actualizado y nuevo del mundo, tener la verdad absoluta, todas tienen la misma ambición, pero rápidamente quedan obsoletas y olvidadas. Me interesa esa fragilidad del conocimiento en general, trabajar desde ahí…

A.T: ¿Y por qué dibujas con lápiz de mina?

R.A: En estos dibujos (para la muestra en París) me interesaba volver a algo más esencial, al papel y al lápiz, que es de donde empecé y lo tenía medio de lado; quería volver al dibujo más puro.

A.T: Pero la tinta también es pura, ¿no? Quizás el grafito tiene más que ver con el estudio…

R.A: Sí, en realidad me es más cercano; crecí con esos materiales y también con facsímiles como el Icarito. También uso mucho la témpera, que es otro material de los más básicos que existen.

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Rodrigo Arteaga, dibujo de grafito sobre papel, 2015. Cortesía del artista

A. T: ¿Y hay algo en particular con los materiales básicos?

R.A: No sé, quizás esta cosa pedagógica, o el interés por los sistemas que nos enseñan para generar conocimiento, que aprehendemos desde el colegio… ahí aparecen las tijeras, el stic-fix

A.T: La educación o la escuela elemental…

R.A: Al intervenir libros, por ejemplo en este de astronomía, he borrado todos los textos con témpera negra y dejo sólo las ilustraciones… y esa es mi propia interpretación del contenido libro.

A.T: Como si no te gustara leer y prefirieras ver los puros dibujos, supongo que no eres el único…

R.A: (risas) No tiene que ver con eso, más bien con alinearse con las ilustraciones para generar nuevos sentidos.

A.T: Claro, ese ejercicio lo hiciste con un libro de astronomía, igual que en la expo de AFA.

R.A: Bueno en AFA se trataba de contraponer miradas más lejanas con las más cercanas que tenemos de experimentar el mundo, que sería nuestro cuerpo, las plantas y las raíces.

A.T: ¿Y en tu forma de trabajar eres más metódico u orgánico?

R.A: No sé, las dos… creo que no son contrapuestas.

A.T: Todo tu trabajo es como una evolución orgánica, no hay cortes muy duros entre producción y producción. Quizás sigas creciendo siempre así…

R.A: No lo sé… bueno supongo que habrá que ver eso en el tiempo. Cuando sea viejo te lo respondo.

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Foto: Felipe Ugalde

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Antonia Taulis

Nace en Santiago de Chile, en 1989. Es crítica de arte y artista visual. Licenciada en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile, actualmente es Asistente de Dirección de Galería Madhaus, y redactora en las revistas Artishock y Joia Magazine. Ha escrito para decenas de exposiciones y catálogos y trabaja para otros proyectos independientes.