El Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Quinta Normal acoge por estos días una “doble exposición individual” de dos artistas que reflexionan sobre la discriminación con una mirada que parte desde las minorías sexuales y que se extiende hacia la diversidad de raza y religión.

Sebastián Calfuqueo (Chile, 1991) realiza en Orgullo y prejuicio una interpretación crítica a las marchas de orgullo gay en Chile. En contraste con el origen político de estos eventos en Estados Unidos, en Chile esta actividad está enfocada a su expresión carnavalesca. “Una fiesta despolitizada” en la que, según el artista, prima “un modelo de homosexual que el sistema imperante desea: consumista, recatado, apolítico”.

En Sinónimos, Jesús Monteagudo Guerra (España, 1983) se basa en la teoría queer para desmenuzar el lenguaje y las distintas expresiones que aluden a la homosexualidad, esto, a partir de la misma palabra queer, que comenzó como una injuria y ahora ha cambiado su connotación a una denominación políticamente correcta.

El intercambio que en sala se ha planteado entre Calfuqueo y Monteagudo ha generado un diálogo entre los teóricos Sonia Fernández Pan (España) y Matías Marambio (Chile), el cual reproducimos a continuación.

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Jesús Monteagudo, Sinónimos, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Jesús Monteagudo, Sinónimos, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Jesús Monteagudo, Sinónimos, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

Matías Marambio: La obra de Jesús funciona sobre el hilvanado -literal y metafórico- de distintos tipos de experiencia, pero aquí creo que vemos dos modalidades: los afectos y las denominaciones. ¿Qué rol crees que juegan estas modulaciones de la experiencia y qué otras formas adquieren en la muestra?

Sonia Fernández: Siempre me fascinó de Jesús su aproximación a las cuestiones de género mediante técnicas que, de alguna manera, parecen estar en contra de todos sus postulados. A priori, no hay nada menos radical que el bordado, algo que hacían nuestras madres o abuelas. Y menos aún puesto en relación con discursos identitarios considerablemente audaces. Pero es precisamente en la debilidad de los nexos donde recae su fuerza. Bordar es un ejercicio meticuloso de muchas horas de trabajo. Pensemos ahora en bordar aquellos insultos que nos han acompañado toda la vida. En el caso de Jesús se refieren a una condición homosexual que es tan individual como compartida, sin embargo todos hemos sido insultados arbitrariamente. Reunir casi doscientos insultos y reproducirlos uno por uno, puntada por puntada, me parece un ejercicio no ya artístico, sino afectivo. El insulto siempre llega inesperadamente y de manera brusca. Invertir el proceso, como hace Jesús, acercándose voluntariamente a algo indeseado es una estrategia para afectar al insulto en vez de dejarse afectar por él.

MM: ¿Cómo interpretas las distintas manipulaciones del lenguaje en el trabajo de Jesús? Pienso, especialmente, en la escenificación de un castellano desbordante de insultos para la homosexualidad masculina y el tipo de subjetividades que desde ahí se pueden construir.

SF: Lo primero que sorprende es la cantidad de insultos que existen en castellano en contra de la homosexualidad masculina. Es más, muchos de ellos son insultos internos, no siempre provienen de una homofobia básica. Incluso me atrevería a decir que algunos de ellos pueden transportar una carga emocional positiva. No sé si en el caso de la homosexualidad femenina existan tantos, lo cual es síntoma –paradójicamente- de la mayor importancia del hombre en la sociedad. Lo segundo que sorprende es la ductilidad de un idioma tan impermeable como el castellano, dominado por una institución tan anacrónica como la RAE, cuando se trata de insultos. A este respecto hasta podría verse de manera positiva esta diáspora verbal, como una  suerte de conquista involuntaria de un idioma que nos impone sus significados, sus reglas y sus usos. También podría verse como desbordamiento del matiz puesto que la propia noción de sinónimo es una ficción. Las subjetividades que se puedan construir a partir de cada uno de ellos han de tener en cuenta que no es lo mismo ser gay, que homosexual, que marica o que loca.

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Jesús Monteagudo, Sinónimos, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Jesús Monteagudo, Sinónimos, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Jesús Monteagudo, Sinónimos, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

SF: El juego es un entrenamiento de adultos durante la infancia. Es entonces cuando aprendemos a ser hombres o mujeres, qué actitudes y comportamientos van con cada género, así como aprendemos que jugar es practicar oficios y asimilar códigos sociales. ¿Cuál es el potencial de construir juguetes que trabajan evidenciando el prejuicio en vez de enmascararlo?

MM: En tanto miniaturas, los juguetes con los que trabaja Sebastián producen un tipo específico de distanciamiento que escenifica una paradoja poderosa: son tanto más violentos cuanto más inofensivos los hace ver su tamaño. Las discusiones recientes sobre familia, crianza y niñez me parece que iluminan de otro modo este potencial de los juguetes, pues obligan a pensar en las formas de opresión que se encuentran inscritas en la socialización cotidiana, a veces sin muchos enmascaramientos. Evidenciar el prejuicio en estos objetos es re-dirigir nuestra mirada hacia aquello que se manifiesta ya en la superficie en los mecanismos que construyen las formas de lo masculino y lo femenino. Contra la idea de una infancia como espacio libre de toda coacción, los juguetes de Sebastián nos invitan a cuestionar nuestra propia complicidad en la instalación y reproducción de prejuicios; ni los niños son tan inocentes ni los adultos nos encontramos por fuera del circuito de la violencia sólo por el hecho de haber “madurado”.

SF: Ni tan pride es una crítica que Sebastián hace a la comunidad gay, a todo un sistema en el que la diferencia sexual termina por convertirse en una máscara, en una marca, en un producto inofensivo. Sin embargo, es una crítica con alta carga irónica. ¿Por qué trabajar desde la ironía?

MM: A mi juicio, los trabajos de Sebastián utilizan la ironía en movimiento doble, contradictorio en apariencia. El primero es el gesto clásico asociado a la ironía: distancia, desplazamiento del sentido hacia sus contrarios –la sugerencia de terrenos como el sarcasmo y la sátira–, un desapego de lo que aparece de manera literal. Aquí la ironía es un dar algunos (varios) pasos hacia atrás y apartarse del universo sugerido por la bandera multicolor, cuya presencia ritualizada en el espacio público perdería progresivamente su potencial político, desinflándose merced a su inocuidad. Sin embargo, veo que la ironía también se produce como modalidad de acercamiento y complicidad con aquellos sectores subordinados y silenciados por la dirigencia masculina, gay, asimilacionista: locas, camionas, travestis, transformistas. Es un nexo que anuda en una tradición local, y Lemebel figura como la madre travesti de la lengua afilada que, en su ironía, incita a una rebeldía gozosa por furiosa. Ironizar no es, entonces, puro rechazo, sino una modalidad particular de cercanía crítica.

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Sebastián Calfuqueo, Orgullo y Prejuicio, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Sebastián Calfuqueo, Orgullo y Prejuicio, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Sebastián Calfuqueo, Orgullo y Prejuicio, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

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Sebastián Calfuqueo, Orgullo y Prejuicio, 2014. Vista de la exposición en el MAC Quinta Normal, Santiago. Cortesía del artista

Jesús Monteagudo Guerra nació en Barcelona, España, en 1983. Es Licenciado en Artes por la Universidad de Barcelona (2009). Vive y trabaja entre Barcelona y Santiago de Chile. Entre sus muestras en Chile se encuentran Lente al natural (2013), en Matucana 100, y Selección Española (2014), en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende.

Sebastián Calfuqueo nació en Santiago de Chile, en 1991. Es Licenciado en Artes, Mención Artes Visuales por la Universidad de Chile. Actualmente se encuentra realizando la memoria para obtener el título en pintura, y realiza clases como Ayudante de Pregrado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Matías Marambio de la Fuente investiga sobre temas relacionados con la historia cultural e intelectual de América Latina, en especial las escrituras sobre artes visuales y literatura. Es integrante de La Champurria, organización feminista que busca integrar las luchas contra el colonialismo y el capitalismo. Ha participado como co-organizador de talleres sobre feminismo, cuerpo y sexualidad en distintos espacios educativos.

Sonia Fernández Pan escribe y es comisaria de exposiciones. De la escritura le interesa la posible autonomía del texto en relación a aquello de lo que habla y el cruce entre conocimiento teórico y experiencia subjetiva. De la exposición le interesa su potencial como proceso de investigación colectivo y de proximidad emocional. Autora de esnorquel, un proyecto online centrado en el contexto artístico de Barcelona, ha comisariado F de Ficción (Can Felipa) y El futuro no espera (La Capella).

Información y entrevista cortesía del MAC

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