Espacios microscópicos o vuelos de pájaro macroscópicos, los cuadros de Ulrike Arnold transitan entre una mirada desde las alturas y otra desde la miniatura. La minuciosidad, observación y constante contacto con la naturaleza caracterizan su trabajo.

Artista alemana, de alma viajera y exploradora, ha recorrido el mundo durante los últimos treinta y cuatro años. En una entrevista para Artishock, explica que va en busca de «emplazamientos mágicos, subjetivamente significativos para [ella], para capturar el aura y alma de ese lugar».

Sus pinturas escapan de la cárcel del típico formato cuadrilátero; las suyas son telas cortadas libremente en figuras cercanas y a la vez desprendidas del rectángulo, o se tratan de libres círculos que flotan a quince centímetros del piso de la galería.

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Vista de la exposición Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Foto: Natalia L. Díaz-Berrio

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Vista de la exposición Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Foto: Natalia L. Díaz-Berrio

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Vista de la exposición Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Foto: Natalia L. Díaz-Berrio

En todas sus obras, Ulrike Arnold utiliza exclusivamente tierras, rocas y minerales de un lugar específico, in situ, adheridos a la tela mediante un aglutinante transparente. Después de quedar maravillada con los dibujos de 17.300 años de edad en las cavernas de Lascaux, Francia, a los veintiún años decidió comenzar a explorar esos materiales, y no ha dejado de usarlos desde entonces. La tierra no es café. Por el contrario, como se puede apreciar en la exposición, posee una enorme gama de colores. La de Atacama (en el norte de Chile) es verde, amarilla, blanca o rosada.

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Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Cortesía: MAC

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Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Cortesía: MAC

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Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Cortesía: MAC

Una serie de coincidencias la llevaron a comenzar a trabajar con partículas de meteoritos. Gracias a su convicción y a los azares del destino llegó al laboratorio especializado en meteoritos del sudoeste de Estados Unidos, visitó los espectaculares observatorios de Atacama y también el cráter de Monturaqui (en el norte de Chile), donde se estrelló un gran meteorito hace más de 100 000 años.

Arnold construye una «bitácora de viajes» a través de cuadros de gran formato, fotografías, videos y notas personales. El conjunto de las obras documenta el proceso en el que se expone a todas las vicisitudes de la naturaleza.

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Atacama: Cielo y Tierra, de Ulrike Arnold, en el MAC Chile, 2014. Cortesía: MAC

No se necesita ser conocedor del arte para sentirse conmovido por el trabajo de Arnold. Como ella afirma, «las personas que no saben de pintura quizás puedan introducirse al arte abstracto a través de estos cuadros que pueden parecer como paisajes aéreos, como la vista de un satélite». Para todo aquel que conoce el desierto y para el que nunca lo ha visitado, esta exposición muestra la diversidad y potencial creativo de esas tierras nuestras que parecen inhóspitas. Arnold ha visitado Chile en tres ocasiones: en 2011 conoció el Desierto de Atacama e Isla de Pascua, en 2013 tuvo la oportunidad de visitar la Antártida, y en 2014 regresó al Desierto de Atacama.

La materialidad de los cuadros es exquisita: lisa arena, crujientes pedazos de piedras molidas por la artista o cristales de los salares de Tara y de aguas calientes (en Atacama) pueden cautivar a todo observador. “Todas las obras de la exposición fueron hechas en Atacama y muestran esencias, memorias de tiempo y espacio de todo lo que allá ocurrió. Son historias escondidas dentro de estas piezas, sobre la tierra y cómo la experimenté en mi viaje”, dice Arnold.

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Ulrike Arnold, Salar de Tara, Agua Caliente, Altiplano, Chile, 130 x 73 cm. Cortesía: MAC

Las obras de Arnold se inscriben dentro del Earth Art, un movimiento artístico en el que paisaje y arte están íntimamente relacionados. Elementos de la naturaleza son utilizados como material para la obra de arte y, muchas veces, las obras se realizan en medio del paisaje mismo. Arnold viaja por el mundo desde 1980, buscando paisajes asociados a rituales o a propiedades mágicas, de los que puede extraer pigmentos naturales para pintar sobre lienzos o telas. Así, sus piezas junto a la documentación de su trabajo cumplen también la función de relatos de viajes. Aunque el Earth Art influyó en Arnold ella distingue que «se siente relacionada al movimiento», pero trabaja de otra manera, pues se lleva consigo lo que crea.

El espíritu emprendedor y optimista de Arnold quedó confirmado al verla llegar con una gran sonrisa, en una silla de ruedas. Una vereda irregular, a unos pasos del museo, le había roto el pié un día antes de su inauguración. Con sentido del humor dijo: «Estoy viviendo el sueño de mi vida, aunque me dé malaria, aunque me rompa la pierna, no importa, es parte de la historia». Irónicamente era la primera vez que se rompía un hueso. Habiendo estado en tantos desiertos y montañas su primera fractura fue en el corazón de la urbe santiaguina.

La exposición Atacama: Cielo y Tierra estará en el Museo de Arte Contemporáneo MAC (sede Parque Forestal) hasta el 18 de enero de 2015.

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Ulrike Arnold en el MAC Chile, 2014. Foto: Natalia L. Díaz-Berrio

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La entrevista a la artista es una traducción libre del inglés por la autora

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Natalia Lara Diaz-Berrio

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