The safest thing to say about water is that it has no bones unless a person has been trapped in it [1]

Lo más seguro que uno puede decir sobre el agua es que no tiene huesos, a menos que una persona esté dentro de ella

El agua es más densa que el aire, además el aire no se ve. Probablemente el aire si se siente pero estamos demasiado acostumbrados a él. El agua sensibiliza la piel, incluso la ablanda. Hundir el cuerpo en agua y hundirlo en aire no es lo mismo, no se siente igual. La diferencia de estar en el agua y estar en el aire es el hidrógeno (y ni siquiera), que por lo general lo tenemos por dentro. Los líquidos se meten en todas las partes, abarcan, inundan. Hacen que una parte y otra se vinculen, como en las sopas, las cazuelas o las piscinas, donde las cosas son menos cosas que si no estuviesen inundadas del líquido que las toca en toda su superficie.

Las personas a veces participan de reuniones, encuentros, citas. A veces funciona bien, otras no. Hay veces en que este intento de socializar, de hacer que un grupo de personas se entretenga legítimamente y que de alguna manera se conecten en el ejercicio de conversar, simplemente no resulta. Personas sentadas en sillas con una mesa en el centro enfrentándose, hundidos en el mismo aire (mientras lo respiran), pero sin verse o sentirse o ser parte de lo mismo. A veces uno lo presiente de antemano, por cómo el otro está peinado, por cómo habla, por cómo se mueve; no va a funcionar el ejercicio social como si fuese una actividad placentera.

Maria Karantzi, Autorretrato con mármol, 2014, óleo sobre plumavit, cortinas, proyección, dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Maria Karantzi, Autorretrato con mármol, 2014, óleo sobre plumavit, cortinas, proyección, dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Fricción se dice a veces cuando las personas conversan con animosidad, como si se tratase de un fenómeno material, como si no hubiese espacio entre las personas y las superficies no pudiesen evitar frotarse así como lo harían dos lijas. Probablemente lo que pasa es completamente lo opuesto y a eso que le llamamos fricción sea la manifestación de una distancia que no logra reunir, el espacio que no sabe acomodarse o asumir una condición momentánea como distancia determinada entre dos personas que fallan en el ejercicio de la comunicación. Es como decorar un espacio con objetos que no sintonizan entre sí. Es la invisibilidad del ambiente que nos convence de la distancia, nos hace pensar que entre una cosa y otra habría que construir puentes. Las citas a ciegas debiesen hacerse en piscinas; el agua nos hace desistir de la voluntad de construir puentes (por paradójico que esto suene), los asumimos, deja de existir la posibilidad de un fracaso conectivo. La piel se ablanda. Uno y otro son parte de lo mismo; piscina. Me salgo y tengo nombre, me sumerjo y soy piscina. Y así como los cuerpos sufren esta alteración de su identidad a las piscinas también les pasa, piscinas llenas sólo con agua, piscinas llenas con agua y con cuerpos. El líquido es como un cemento, sólo que sus partes se mueven mucho más rápido y se resisten a secarse, no se quedan quietas (un poco como el aire también) y quién podría dudar que el cemento unifica; si miro un muro nunca pienso en que estoy viendo muchos ladrillos (por más que eso sea lo que efectivamente veo), siempre creo ver un muro.

Maria Karantzi, Hit and run, 2014, Linóleo de plastico manipulado, remaches, vegetales, cinta de embalaje/ dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Maria Karantzi, Hit and run, 2014, Linóleo de plastico manipulado, remaches, vegetales, cinta de embalaje/ dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Maria Karantzi, Hit and run, 2014, Linóleo de plastico manipulado, remaches, vegetales, cinta de embalaje/ dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Con todo esto no quiero demoler las capacidades adhesivas del aire mismo como medio, hay de hecho palabras que delatan una voluntad de entenderlo como tal: sociedadgrupocolectividad, o incluso unas palabras muy amorosas como por ejemplo club. Estos términos nos hacen pensar o asumir el efecto adherente del aire, digamos su capacidad de unir. Anteriormente yo culpaba a la invisibilidad del aire, pero es posible que sea la dureza de las superficies la que constantemente nos convence de la distancia y de las individualidades. En los dibujos animados por ejemplo, se establecen complicidades entre materiales insólitos con una naturalidad que por sorprendente que sea, no sorprende a nadie. Un pastel puede tener un ojo o una planta un brazo, una piña una ventana y un auto doblarse como si fuese blando. Es cierto que las caricaturas no están afectadas por las leyes materiales así como sucede en el mundo real, sin embargo estas proximidades extremas (e inclusive convivencias) entre cosas tan radicalmente incompatibles así como si fuesen mejores amigos, me hace pensar en el trabajo de Maria Karantzi. Visité su taller hace algunas semanas para ver qué estaba preparando para su exposición individual en Local. Me llamó poderosamente la atención ver con qué naturalidad y complicidad se relacionaban en su taller algunos objetos y materiales que nunca podría haber previsto que tendrían como resultado, siquiera, una buena convivencia. Una especie de club del que participan las cosas menos empáticas estableciendo relaciones de profunda complicidad. En ese taller no me hubiese extrañado ver una piedra con una zona como la parte de un durazno. Un vecindario insólito, donde el aire, el espacio entre las cosas, no se percibía como distancia sino como la anatomía de unas relaciones. Ese aire en ese taller se parecía al agua en una piscina, con personas dentro, pasándolo muy bien. Me sorprendí de la anatomía del espacio, de la posibilidad de una anatomía de un espacio, definido desde dentro y no por fuera. Es como decir que la anatomía no es el contorno, sino unas partes desordenadas, conectadas (de alguna manera). Como si lo armado y lo desarmado implicaran de manera simultánea la misma organización de sus partes.

Si el agua puede tener huesos, este es un aire que tiene zapallos, manzanas, varillas de madera, unas cortinas, plumavit pintado y todo como un cuerpo, como una estructura. Además me quedé con la sensación de que esos objetos que Maria tenía en su taller y que yo ya he visto innumerables veces, ahí estaban más blandos, como las caricaturas (como hace el agua con la piel)… entonces, ¿cómo se podría friccionar eso que está blando? Pienso que la versión blanda de la fricción tal vez sea una caricia.

Vista general de la exposición Naked Ambition, de Maria Karantzi. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Maria Karantzi, While all the others are praying, 2014, estructura de poliuretano expandido, vegetales, tortillas, palos de madera, ladrillos, dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Maria Karantzi, While all the others are praying, 2014, estructura de poliuretano expandido, vegetales, tortillas, palos de madera, ladrillos, dimensiones variables. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

La primera vez que me senté ante mi computador para ponerme a escribir este texto solo conseguí escribir una frase que pensé iba a ser su título. Posiblemente no escribí nada más porque mi cabeza necesitaba un poco más de tiempo para traducir al lenguaje algo de lo que había visto y conversado con Maria en su taller. Esa frase fue Sobre la Posibilidad de unas Piruetas Estáticas, que es la traducción más precisa que pude hacer de mi intuición de un posible contenido para un texto sobre Naked Ambition. Y es que eso creí ver, unos materiales que parecían a veces esforzados por permanecer quietos, una especie de gimnasia de la inamovilidad. Ahora pienso que es tal vez esa manera de ocupar el lugar -como una coreografía sin movimiento- la forma de una amistad, y esta amistad es la que establecen las cosas en esta exposición (entendámosla como la manera armónica y cómplice de ser en conjunto). La amistad entonces es el efecto de una contorsión, y esto es porque la relación entre estas cosas ocurre en el espacio, éste incide en la posibilidad de conectarlas. Las cosas y partes ocupan el espacio como si este fuese una vestimenta que determina la anatomía resultante. Ya que ocupé la metáfora deportiva, podría también decir que la estructura interior de la arquitectura de Local es el símil de la estructura de un campo de juego en el que el cuerpo exhibe su destreza. Son dos anatomías que interactúan en fricción (o caricia) desplegándose como dialogantes; hábitat y habitante. Esto quiere decir que la pirueta es distinta, dependiendo del lugar, porque la pirueta misma es su manera de ocupar el espacio. Local entonces tiene su propia pirueta.

Maria Karantzi, Only the best of us, 2014, vidrio de colores, cuadros de madera, 25 x 55cm cada uno. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Maria Karantzi, Only the best of us, 2014, vidrio de colores, cuadros de madera, 25 x 55cm cada uno. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

Si yo soy agua cuando me hundo, ¿quiere decir que los huesos del que se hunde conmigo son también mis huesos, así como los míos suyos? ¿De quién son todas esas cosas que hay al fondo de los lagos como ruinas mojadas (blandas)? Hace algunas semanas encontraron una camioneta en el fondo de una laguna en Concepción, y es que pescar una bota debe implicar la existencia de otras partes no líquidas de los lagos, y ese misterio -el del contenido sólido de los lagos- es uno que me gusta mucho por su condición escultórica, ahora que Maria me puso ante estos problemas.

Maria Karantzi, Seascape stripped, 2014, video. Cortesía de la artista y Local Arte Contemporáneo

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[1] Ben Marcus, First Love, en Leaving the Sea (Knopf Editores, 2014).

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Javier González Pesce

Artista visual. Es licenciado por la Universidad ARCIS (Chile, 2008) y Máster en Arte en la Esfera Pública por ECAV (Suiza, 2017). Ha participado en exposiciones colectivas en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Canadá, España, Suiza, Grecia y China. Entre sus exposiciones individuales destacan "Esta Tierra es tal, que para vivir en ella y perpetuarse no hay mejor", en la Galería Gabriela Mistral (Chile, 2017), "Ciels", en el Musée de Art de Sion (Suiza, 2017), y "El ser tan bella no te da derecho a destruir", en el Museo de Artes Visuales (Chile, 2014). Ha ganado el premio de arte joven del MAVI (Chile, 2012), el premio para curadores del Consejo de la Cultura (Chile, 2013), y la Residencia de las Américas del Consejo de las Artes de Montreal (Canadá, 2014). Desde 2011 co-dirige el espacio de arte Local Arte Contemporáneo (Santiago, Chile), en el que han exhibido artistas como Gonzalo Díaz o Tris Vonna-Michell, y ha generado proyectos curatoriales, organizado exposiciones y escrito numerosos textos. Local ha participado de ferias de arte internacional en Chile, Estados Unidos y España.