Pablo Vargas Lugo crea objetos y proyectos específicos que plantean un desafío a la inmediatez de la percepción, las convenciones de la comunicación y las expectativas de la significación como un cuestionamiento de la estrechez de nuestro pensamiento visual. Su obra es un universo creciente de enigmas visuales, que son a la vez lúdicos e intelectualmente demandantes, que emergen de una impredecible combinación de imaginarios e ideas.

Por estos días, el artista mexicano presenta un grupo de trabajos realizados en la última década en la exposición Micromegas, en el Museo Amparo de Puebla, México, organizada en colaboración con el Museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México y curada por Cuauhtémoc Medina.

Micromegas es el nombre del joven habitante de Saturno que protagoniza la novela filosófica del mismo nombre que Voltaire escribió en 1752. Voltaire imagina a Micromegas viajando con un habitante de Sirio hasta la Tierra, donde, venciendo la descomunal diferencia de tamaño, dialoga con un grupo de sabios de la expedición de Maupertius, quienes pretendían determinar la medida exacta del meridiano terráqueo.

Bajo ese título tomado de una obra clásica de la ficción filosófica, Pablo Vargas Lugo ofrece un panorama de su producción en lo que va del siglo XXI: una meditación sobre la volatilidad de nuestras representaciones, que al tiempo que juega con las bases de la experiencia se dirige a alimentar el goce de una belleza oblicua. Lo que Vargas Lugo entrega a sus espectadores es una experiencia de lo diverso a la que no le corresponde mapa alguno, pues de hecho aparece como una decidida perforación de hoyos y reflejos en el continuo de los horizontes de nuestros saberes y la engañosa evidencia de la percepción.

Intemperie, la instalación ubicada en el vestíbulo del Museo Amparo, es una de las piezas centrales de esta exposición. En 2007, Vargas Lugo produjo un enorme dibujo de arena en el piso de la Oficina de Proyectos Artísticos de Guadalajara (OPA), trazando en ese interior los colores y ojuelos de una mariposa guatemalteca. Esa Hamadryas guatemalena marmarice Mandala (2007) se apropiaba de la técnica tibetana de trazar mandalas con arena coloreada en el suelo como medio de meditación, para referir a procesos de pensamiento en cierto modo inestables y efímeros. En 2012 el artista retomó la idea al crear una instalación ilusionista de una alfombra bajo el título Intemperie en el Museo Experimental El Eco de la Ciudad de México. Más allá de invitarnos a comparar una variedad de modelos de representación plana del mundo, la pintura de piso de Vargas Lugo aparece como un territorio frágil y erosionable: un espejismo en un templo sin techo.

Pablo Vargas Lugo, Quipu Anómalo. Vista de instalación en el Museo Amparo, Puebla, 2014. Cortesía: Museo Amparo / Carlos Varillas

Pablo Vargas Lugo, Quipu Anómalo. Vista de instalación en el Museo Amparo, Puebla, 2014. Cortesía: Museo Amparo / Carlos Varillas

El artista también presenta una serie de pinturas y una instalación bajo el título de Quipu anómalo. La palabra quipu, en esta obra, no se refiere a lo fabricado como instrumento contable por las culturas andinas, sino que se usa para designar el diagrama que representa la situación de nuestro sistema solar en el mensaje gráfico que Carl Sagan, Linda Salzman y Frank Drake diseñaron para acompañar a la sonda Pioneer en su viaje interestelar. La similitud entre la codificación de dicho diagrama y las teorías académicas más recientes sobre la interpretación de los quipus da pie al cruce de ambos horizontes tecnológicos en Quipu anómalo. La serie de pinturas, por su parte, desmiembran la totalidad del mensaje, ignorando en diferentes grados su orientación, figuración y jerarquías, presentándose como las conclusiones que otras tantas (hipotéticas) civilizaciones extraterrestres podrían sacar de él.

Pablo Vargas Lugo condujo una peculiar ceremonia solar en las escalinatas y en la base de la pirámide de Cholula, Puebla. Ayudado por varios cientos de estudiantes del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (CENHCH) de la ciudad de Puebla, Vargas Lugo escenificó en Eclipse los eclipses de sol que habrán de ser visibles en la región poblana en los siguientes mil años. El medio de figuración de esos fenómenos astronómicos era un recurso típico de la política de masas: los mosaicos humanos hechos con multitudes que despliegan coordinadamente láminas coloridas de cartón o papel, y que son parte del vocabulario de los desfiles, eventos deportivos y eventos propagandísticos del siglo XX. Precisamente por sugerir la posibilidad de la absoluta discontinuidad, del cese del sol y el tiempo, los eclipses aparecen como catástrofes de la temporalidad y como un punto de comunicación necesaria entre la incompatibilidad de las culturas.

Pablo Vargas Lugo, Eclipse, 2013. Cortesía: Museo Amparo

La obra de Pablo Vargas Lugo responde a una lógica de análisis que él ha llamado “cadena de similitudes” en las que
subsisten vestigios de representaciones identificables para, inmediatamente, desaparecer tras la pérdida de su apariencia. El artista toma elementos de diversas disciplinas, como la astronomía, la cartografía o la arqueología. A través de dibujos, esculturas, pinturas e instalaciones, desarrolla juegos visuales y conceptuales que refieren al lenguaje, a las convenciones de ciertos sistemas de medición, a tradiciones milenarias. Vargas Lugo explora el componente de misterio que encierra la escritura, entendiendo como tal el universo de los signos que conforman un lenguaje, ya sea el de una palabra, el de un mapa estelar, el de un paisaje, o el que nos remite a nociones antiguas de lo sagrado. A través del uso del humor, sus imágenes transforman estas convenciones en elementos mundanos, cercanos a nosotros, al mismo tiempo comunes y sorprendentes.

Vista de la exposición Micromegas, de Pablo Vargas Lugo, en el Museo Amparo, Puebla, 2014. Cortesía: Museo Amparo / Carlos Varillas

Vista de la exposición Micromegas, de Pablo Vargas Lugo, en el Museo Amparo, Puebla, 2014. Cortesía: Museo Amparo / Carlos Varillas

Vista de la exposición Micromegas, de Pablo Vargas Lugo, en el Museo Amparo, Puebla, 2014. Cortesía: Museo Amparo / Carlos Varillas