Desde su fundación a principios de los años 60, el Blanton Museum ha servido como una puerta de enlace cultural entre la Universidad de Texas en Austin y la comunidad, siendo pionero en Estados Unidos en la creación de una colección de arte latinoamericano. Esta colección comenzó en gran medida a partir de 1971, con la donación de unas doscientas pinturas y 1.200 dibujos de la colección de John y Barbara Duncan. Hoy contiene más de 1.800 pinturas modernas y contemporáneas, grabados, dibujos y esculturas, lo que refleja la gran diversidad del arte y la cultura latinoamericana. Más de 600 artistas de México, Centro y Sudamérica, y el Caribe están representados en la colección, entre éstos Joaquín Torres García, Luis Camnitzer, Eugenio Dittborn, Gonzalo Díaz, Cildo Meireles, Jorge Macchi, Yoshua Okon, Josefina Guilisasti, María Fernanda Cardoso Josefina Fontecilla.

Recientemente, Beverly Adams ha sido nombrada la nueva Curadora de Arte Latinoamericano del Blanton Museum de Texas. En esta entrevista, nos da a conocer un poco más acerca de la historia del museo, de su colección y de su compromiso en la investigación y difusión del arte de Latinoamérica, así como también de los nuevos objetivos que se ha planteado la institución en cuanto a su labor como museo universitario.

Annabella Geiger, O pao nosso de cada dia, 1978, bolsa de papel conteniendo seis postales. Donación de Shifra M. Goldman, 1999, para la Colección de Arte Latinoamericano del Blanton Museum

Carolina Castro J.: Yendo algunos años atrás, en los 80, entiendo que se crea en Texas la primera Facultad de Estudios Latinoamericanos, y en los 90 el primer puesto de Curador de Arte Latinoamericano en el museo. El Blanton se presenta como un lugar con una trayectoria y compromiso muy largo con el arte latinoamericano mediante estos dos cargos. ¿De dónde nace el interés del Blanton por Latinoamérica? ¿Cuando surgen tus intereses por Latinoamérica?

Beverly Adams: El director fundador del Museo Blanton, Donald Goodall, tenía una pasión por el arte latinoamericano. Comenzó a viajar a América del Sur a finales de los años sesenta y adquirió obras de arte para el museo. John y Barbara Duncan, de los pocos estadounidenses que coleccionaban arte latinoamericano durante la época, se interesaron tanto en la actividad profesional de Goodall como en la programación del museo. En 1971 Barbara Duncan donó cincuenta y tres obras al museo y continuó cediendo obras de su colección hasta su muerte en 2003. El Departamento de Historia del Arte contrató a Jacqueline Barnitz para que enseñara historia del arte en 1981 cuando estaba por terminar su tesis doctoral y, desde 1988, Mari Carmen Ramírez, quien fue la primera curadora de arte latinoamericano en los Estados Unidos, trabajó en el Blanton. Mi interés en el arte de América Latina se debe enteramente a esta historia. Me encontraba en la Universidad de Texas en la década de los 80, haciendo una licenciatura en estudios latinoamericanos cuando alguien me recomendó entrar a una clase de historia del arte con Barnitz. Permanecí allí para mi maestría y comencé a trabajar en el museo con Mari Carmen. Prolongué mi estadía hasta obtener el doctorado. Fui muy afortunada de poder trabajar con dos pioneras del campo y lograr conocer a fondo y trabajar con obras de arte en el contexto de la universidad.

C.C.J.: Entiendo que tienes una larga experiencia trabajando para colecciones públicas y privadas en Arizona. ¿En qué medida tu trayectoria trabajando para otras colecciones influye en tu manera de ver la colección del Blanton?. Y por otro lado, en los últimos años los grandes museos del mundo han entrado de lleno a coleccionar arte latinoamericano dejando un vacío en los museos que eran pioneros en esta escena ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de esta colección?

B.A.: La colección del Blanton ayudó a formar mi idea de lo que debería ser una colección latinoamericana. Me mudé de Austin para trabajar en el Museo de San Antonio en Texas y luego en el Museo de Arte en Phoenix.  Ambos tenían colecciones de arte de América Latina. Lo que hace especial al Blanton es que tiene un área de interés más amplia que el resto de las colecciones institucionales. San Antonio y Phoenix fueron, y siguen siendo en gran medida, instituciones centradas en el arte mexicano. Cuando fui a trabajar para la colección de Diane y Bruce Halle propuse un campo más abarcador de América Latina para la colección. Con el despertar del interés del MoMA en el arte latinoamericano, la contratación de Mari Carmen Ramírez en el MFA Houston, y la colección de la Tate de Londres, el Blanton perdió su singularidad. Si bien fue el primer museo, éste no tiene los recursos para comprar tan agresivamente como las instituciones más grandes. Al igual que cualquier institución que colecciona arte contemporáneo, el acervo del Blanton es un reflejo del tiempo que fue más activo y del mercado. Su fuerza reside en la década de los sesenta, cuando Goodall y Duncan estaban activos. Se trata de una instantánea de la época, pero no necesariamente en lo que pensamos ahora, cuando pensamos en ese momento.

Cildo Meireles, Missao/Missoes, 1987, técnica mixta. Adquirido con fondos de la Peter Norton Family Foundation, 1998

C.C.J.: Tomando esto último que señalas, sin duda durante los años 2000 el arte latinoamericano ha tenido un resurgimiento muy grande. Colecciones como la de Patricia Phelps de Cisneros y ferias como Pinta han venido a impulsar y dar una posición a esta escena en el mundo generando una gran demanda: compras y exposiciones. ¿En qué medida estas nuevas demandas han hecho que las líneas de trabajo tengan que cambiar a la hora de formar una colección? Me refiero a los relatos que se construyen desde América, incluyendo a Estados Unidos, de lo que es un arte latinoamericano en sus especificidades y generalidades.

B.A.: El campo ha cambiado dramáticamente en la última década. Hay colecciones privadas de alto perfil, ferias de arte, y la inserción del arte latinoamericano en el circuito global. Esto es especialmente cierto en el mercado del arte contemporáneo, que ya no excluye ni distingue los artistas latinoamericanos de cualquier otro. Una de mis primeras prioridades será examinar a fondo la colección del Blanton e identificar dónde puede distinguirse de otras instituciones, tanto privadas como públicas, en lo que hoy es un campo muy competitivo. Todavía hay muchas cosas que necesitan ser investigadas, interpretadas y coleccionadas y que no son necesariamente las mismas cosas que han ocupado el mercado o las instituciones más grandes.

C.C.J.:¿Como se establecen las relaciones entre colecciones privadas (de una persona) y las colecciones públicas (un museo)? ¿Qué tipo de  movimientos se realizan entre estos dos tipos de instituciones, préstamos, donaciones, etc.?

B.A.: Se dice que los museos son colecciones de colecciones, es decir, son las colecciones que los coleccionistas privados han reunido y donado para la institución. Los museos suelen contar con la confianza de coleccionistas para constituir su patrimonio a largo plazo. En el caso del arte latinoamericano, hay una larga historia de coleccionistas comprometidos, que no sólo se han apasionado por las obras, como se podría esperar, sino que también se han ocupado de promover el campo del arte latinoamericano en instituciones estadounidenses y europeas. Barbara Duncan, por ejemplo, donó obras de arte a museos y programas educativos subsidiados por ella, pero también regresó a la universidad para su maestría y organizó exposiciones de arte latinoamericano en las galerías de la Americas Society. Más recientemente, el impacto de la Colección Patricia Phelps Cisneros en instituciones de arte por todo el mundo ha sido enorme. Se ha generado un campo de conocimiento aquí y en el extranjero a través de exposiciones y el patrocinio de programas, préstamos a largo plazo de su colección, becas de viaje curatoriales y capacitación de curadores latinoamericanos en el Bard College, así como a través de la investigación y publicaciones, sólo por nombrar algunas de sus iniciativas. Estrellita Brodsky tiene un doctorado en historia del arte, colecciona y ha instituido tres posiciones curatoriales de arte latinoamericano. Museos con interés en el arte de América Latina se han beneficiado y requieren todavía de este tipo de apoyo y activismo.

C.C.J.: El Blanton es un museo universitario que por tanto tiene una gran responsabilidad educativa. Me gustaría que hablemos de estos asuntos, patrimonio, investigación, etc. ¿Qué rol ocupan estas misiones en la colección y en tu rol ahora como curadora? ¿Cuál es la responsabilidad de un museo universitario frente a otro tipo de museo?

B.A.: Los museos universitarios son sitios importantes para la investigación y la enseñanza basada en objetos, pero también tienen el potencial de ser centros dinámicos para los intercambios interdisciplinarios creativos. La Universidad de Texas tiene una gran fuerza no sólo en el arte de América Latina y la disciplina historia del arte, sino que también tiene un instituto importante de Estudios Latinoamericanos que cubre una amplia gama de disciplinas.También cuenta con la Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson, la mejor biblioteca especializada en el país y otras colecciones de famosos como los del Harry Ransom Humanities Research Center. Este tipo de recursos posicionan al Blanton como institución singular con un gran potencial para crear conocimiento en el campo.  Actualmente las grandes instituciones en EEUU con departamentos de arte de América Latina realizan operaciones similares, y prestan atención a la profundidad y la amplitud del campo  tanto en términos de los períodos historiográficos contemplados y la áreas geográficas que atienden. Como museo universitario, el museo Blanton tiene la posibilidad de una vez más cambiar la forma en que el mundo mira y piensa en arte de América Latina. Y esto es lo que creo que sería el potencial de los museos universitarios, trabajando con estudiantes y académicos, proporcionando un campo de entrenamiento y la conexión con el campo a través de un programa de investigación más ambicioso.

Eugenio Dittborn, Lágrimas nonatas, 1981, acrílico y serigrafía sobre tela. Obsequio de Barbara Duncan, 1991
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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.

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