Definir el significado de la palabra “filosofía” constituye, en sí mismo, el origen de un problema filosófico y, en paralelo, se presenta como el síntoma de una acción utópica que se expresa tanto en el deseo absurdo de querer controlar el universo a través de un sistema de reglas limitadas, circunscritas y comprensibles, como también en la ilusión de que el lenguaje pueda ser una forma de representación que coincida con la esencia de la realidad.

Aunque el hombre, desde sus inicios, haya demostrado la necesidad de cuestionar todo lo que lo rodea y su posición en el mundo, la única certeza a la cual ha llegado es que no se le da otra opción que la interpretación. Si ya se hubiesen dado a estas preguntas existenciales respuestas unívocas, la vida habría perdido su misterio y el ser humano su hambre de conocimiento.

El artista Rodrigo Arteaga (Santiago de Chile, 1988) no es una excepción a todos sus predecesores; por el contrario, su gracia reside en la elección de situarse a lo largo de esta línea de tiempo imaginario y proponer una manera de leer el mundo a través de una práctica artística que, por lo general, se articula en la intervención de un objeto, un símbolo, un concepto ya existente, girándolo como si fuera un caleidoscopio.

 

Vista de la exposición Sobre Estrellas y Raíces, de Rodrigo Arteaga, en Galería AFA, Santiago de Chile, 2014. Foto: Bruno Giliberto

Vista de la exposición Sobre Estrellas y Raíces, de Rodrigo Arteaga, en Galería AFA, Santiago de Chile, 2014. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos, 2014, libros intervenidos con plantas, medidas variables. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos, 2014, libros intervenidos con plantas, medidas variables. Foto: Bruno Giliberto

 

Su exposición Sobre Estrellas y Raíces, hasta el 21 de junio en la galería AFA de Santiago, presenta tres grupos de obras que reflejan la voluntad de poner en discusión tres ciencias específicas: astronomía, botánica y anatomía. Dicho esto, antes de caer en la tentación de racionalizar todo lo que se presenta ante nuestros ojos, dejémonos guiar por la intuición, la sensación y la empatía, para que estas obras de arte puedan sobrecogernos y contagiarnos de una forma más espontánea.

En primer lugar, nos damos cuenta que todos los rastros de escritura están cancelados, vaciados de su contenido primitivo: en la serie Corpus Limes las páginas de viejos libros de anatomía son rasgadas y extraídas ​​de su contexto original, los estudios sobre el cuerpo humano intervenidos con formas y elementos naturales, semblantes del universo que reproducen una fascinación para las teorías de la correspondencia entre el micro y el macrocosmos.

En la serie Astrografías, la opacidad de la tempera negra cae como una sentencia sobre las páginas interiores de los ilustres tratados de astronomía, dejando visible sólo el mismo objeto de la investigación: el planeta, la galaxia, el mundo celestial que sigue generando en nosotros, al mismo tiempo, una sensación de finitud e infinitud y misterio.

 

Rodrigo Arteaga, Astrografías, 2014, páginas de libros intervenidos con témpera negra, medidas variables. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Astrografías, 2014, páginas de libros intervenidos con témpera negra, medidas variables. Foto: Bruno Giliberto

 

Por último, en la serie Alcances Botánicos, caminos intrincados de un mapa carretero son manipulados, sobresaliendo de su artificiosa bidimensionalidad para convertirse en un objeto escultórico; libros de botánica son modificados para que desde su interior crezcan especies de cactus; la raíz de un árbol que, a través de un mecanismo de ilusión óptica, parece surgir directamente desde el techo de la galería; dos grandes hojas impresas digitalmente sobre papel, minuciosamente cortadas con un bisturí, se instalan como una metáfora de la fragilidad de la vida y celebran el ciclo natural dibujando la línea entre la vida y la muerte a través de la ambigüedad de una sombra que esconde detrás el sueño de la inmortalidad del espíritu y la conciencia de la fragilidad de la carne.

Tanto la ciencia como el arte se manifiestan, por lo tanto, en su humanidad, como disciplinas aproximativas que, aunque proceden según principios y criterios radicalmente distintos, tienden a obtener la misma parcialidad y transitoriedad de sus resultados.

¿No será entonces que la inquietud investigativa que mueve a los artistas se asemeja al impulso intelectual y la curiosidad del cartógrafo, botánico o astrónomo? La obra de Arteaga, a pesar de encontrarse en el comienzo de su búsqueda, está impregnada de esta humanidad, aquella humilde y grandiosa, la que es capaz de poner en discusión un “objeto” como el libro, en su naturaleza de código, símbolo y cofre del conocimiento universal.

Y si, como describe Juan Yolin en el texto introductorio de la exposición, “y si la enciclopedia continúa engrosándose, es porque el universo también lo hace”, cada uno de nosotros está destinado a vivir un corto fragmento de tiempo de un universo en constante expansión que va a trascender a nuestra aparición en la tierra y se empodera de todos nuestros descubrimientos para hacerlos suyos.

 

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos, 2014, libros intervenidos con plantas, medidas variables. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos, 2014, libros intervenidos con plantas, medidas variables. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos (Hoja), impresión digital recortada, 27 x 63 cm. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos (Hoja), impresión digital recortada, 27 x 63 cm. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos (Hoja), impresión digital recortada, 27 x 63 cm. Foto: Bruno Giliberto

Rodrigo Arteaga, Alcances Botánicos (Hoja), impresión digital recortada, 27 x 63 cm. Foto: Bruno Giliberto

 

 

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