Curada por Jacopo Crivelli y Manuela Moscoso, Ir para volver, la doceava edición de la Bienal de Cuenca, implica una ruptura con respecto a sus versiones precedentes, en las que la bienal todavía privilegiaba la noción de representación nacional. Por el contrario, esta edición reúne las obras de 42 artistas internacionales, distribuidos en seis sedes ubicadas alrededor del centro de la ciudad, y agrupados exclusivamente bajo el marco curatorial creado por Crivelli y Moscoso. De esta manera, la Bienal de Cuenca se inserta exitosamente en el circuito internacional, sin por ello dejar de establecer un diálogo con los contextos local y regional. En efecto, el 35% de los artistas seleccionados son de Colombia, Ecuador y Perú, lo cual responde a la voluntad de los curadores de pensar desde lo contemporáneo las coyunturas históricas y sociales que estos países comparten.

El título de la bienal proviene de una expresión idiomática ecuatoriana que evoca un estado de movimiento continuo y circular. Y a su vez, se inspira en la poética de Édouard Glissant (Martinica, 1928 – París, 2011), un pensador fundamental para entender la historia de Latinoamérica y el Caribe. Los curadores retoman la noción de Glissant de un saber que brota de un mundo en constante transformación y movimiento, para plantear un proyecto que no tiene un concepto único, sino que se caracteriza por reunir obras que se desplazan entre disciplinas y lenguajes, visibilizando la complejidad de los canales a través de los cuales circulan los saberes, los signos y las subjetividades en nuestra contemporaneidad, así como la crisis en la representación que tales hibridaciones implican. La bienal se sitúa, de esta manera, en el ámbito de lo abierto y no en la rigidez de un discurso inflexible y acabado.

Los desplazamientos antes mencionados se materializan en grupos de obras que problematizan, por ejemplo, la idea misma de autoría artística. Ese es el caso, de Lo otro (2014), de Jorge Satorre, proyecto que fue el resultado de una residencia en la que el artista invitó a artesanos utilizar las técnicas propias de su oficio para generar objetos atípicos en los que se prioriza la expresión individual antes que la sujeción a la fórmula tradicional. En la misma línea, está Sin título (para Cuenca) (2014), de Felipe Mujica, quien trabajó en colaboración con costureros cuencanos para producir una serie de banderolas con motivos modernistas que cuestionan tanto las jerarquías entre los soportes artísticos como el reclamo de una condición privilegiada para el artista. O incluso propuestas más arriesgadas, como Opera Onowoka (2014), de Saskia Calderón, performance y pieza sonora que le valió a la artista ecuatoriana el primer premio otorgado por la bienal, y en la que la idea de autoría humana es puesta en cuestión por el papel desempeñado por elementos “no humanos”, en este caso, espíritus Huaoranís con los que la artista se habría puesto en contacto como resultado de una investigación realizada entre algunos pueblos amazónicos.

 

Jorge Satorre en el Salón del Pueblo, Bienal de Cuenca (Ecuador), 2014. Foto: Felipe Mujica

Jorge Satorre en el Salón del Pueblo, Bienal de Cuenca (Ecuador), 2014. Foto: Felipe Mujica

Jorge Satorre en el Salón del Pueblo, Bienal de Cuenca (Ecuador), 2014. Foto: Felipe Mujica

Jorge Satorre en el Salón del Pueblo, Bienal de Cuenca (Ecuador), 2014. Foto: Felipe Mujica

Jorge Satorre en el Salón del Pueblo, Bienal de Cuenca (Ecuador), 2014. Foto: Felipe Mujica

Jorge Satorre en el Salón del Pueblo, Bienal de Cuenca (Ecuador), 2014. Foto: Felipe Mujica

Vista de instalación Sin título (para Cuenca) (2014), de Felipe Mujica. Cortesía del artista

Vista de instalación Sin título (para Cuenca) (2014), de Felipe Mujica. Cortesía del artista

Vista de instalación Sin título (para Cuenca) (2014), de Felipe Mujica. Cortesía del artista

Vista de instalación Sin título (para Cuenca) (2014), de Felipe Mujica. Cortesía del artista

 

Por otra parte, hay trabajos que ensayan maneras de medir y/o representar el mundo, que se configuran como alternativas a las clasificaciones universalizantes y hegemónicas. En Abstract/Specific (2014), Daniel Steegmann explora, junto a un grupo de artistas invitados, el lenguaje de la abstracción y su función epistémica, que necesariamente entra en conflicto con la realidad concreta que es siempre más compleja. Y, por otro lado, Agency (Kobe Matthys) genera un archivo compuesto de casos en los que se hace difícil determinar los derechos de autor debido a la intervención de entidades sobrenaturales. Un conjunto de documentos que ponen en evidencia cómo la no-racionalidad y los rituales pueden socavar no sólo las consideraciones legales, sino la manera en cómo estructuramos el conocimiento.

En otro grupo importante de propuestas es posible encontrar una suerte de impulso a descomponer la lógica del mercado global que se ha posicionado como parte el nuevo orden natural de las cosas. La Javanaise (2012), de Wendelein Van Oldenborgh, da cuenta de cómo en la comercialización de una tela con motivos javaneses producida por la compañía textil holandesa Vlisco -que inesperadamente se ha convertido en un insumo imprescindible de algunos trajes típicos en África Occidental- es posible rastrear continuidades con el orden colonial. Por otro lado, Folklore II (2008), de Patricia Esquivias, es un reconocimiento lúcido de cómo la construcción de la identidad española en el siglo XX ha respondido acríticamente a las presiones del mercado, posicionando a España como un paraíso turístico donde el “sol nunca deja de brillar”. Visión utópica que arrastra una fantasía de origen colonial y que contrasta con la situación de crisis por la que el país atraviesa en la actualidad.

 

La Javanaise (2012), de Wendelein Van Oldenborgh. Cortesía de la artista

La Javanaise (2012), de Wendelein Van Oldenborgh. Cortesía de la artista

Ximena Garrido-Lecca, Yacimientos (2013), video HD en dos canales, 8:56 min. Foto: Felipe Mujica

Ximena Garrido-Lecca, Yacimientos (2013), video HD en dos canales, 8:56 min. Foto: Felipe Mujica

Ximena Garrido-Lecca, La Trama, 2013, cobre, 360 x 250 cm. Foto: Felipe Mujica

Ximena Garrido-Lecca, La Trama, 2013, cobre, 360 x 250 cm. Foto: Felipe Mujica

 

En el video Yacimientos (2013), Ximena Garrido-Lecca muestra cómo la demanda por el cobre ha tenido un impacto irreversible sobre zonas campesinas, convirtiéndolas en áreas inhabitables, casi ruinas modernas. Asimismo, Medio Camino (2013) es un video que registra cómo el artista Adrián Balseca traslada un ejemplar del Andino (el primer modelo de automóvil que fue ensamblado en el Ecuador) desde Quito hasta Cuenca sin gasolina, recurriendo a la ayuda de extraños que encontraba en el camino. La pieza propone, de esta manera, una economía que retoma las tradiciones de la región y promueve vínculos basados en lazos de solidaridad alternativos a los altos niveles de competencia que nos impone el capitalismo.

También hubo propuestas que se relacionaron más directamente con la ciudad y su comunidad. The School of Narrative Dance (Cuenca, 2014), de Marinella Senatore, artista que promueve el trabajo corporal como medio de creación de formas de narración colectiva, realizó de manera colaborativa con la comunidad de bailarines y estudiantes locales varias presentaciones a lo largo de los días de la inauguración de la bienal. En esta misma línea, pero quizás de manera menos directa, se inserta Meric Algün Ringborg, quien llevó su proyecto The Library of Unborrowed Books a la ciudad, colaborando con la biblioteca Juan Bautista Vásquez de la Universidad de Cuenca para exponer aquellos libros que nunca han sido solicitados en préstamo.

 

Registro del performance The School of Narrative Dance (Cuenca, 2014), de Marinella Senatore. Foto: Felipe Mujica

Registro del performance The School of Narrative Dance (Cuenca, 2014), de Marinella Senatore. Foto: Felipe Mujica

Registro del performance The School of Narrative Dance (Cuenca, 2014), de Marinella Senatore. Foto: Felipe Mujica

Registro del performance The School of Narrative Dance (Cuenca, 2014), de Marinella Senatore. Foto: Felipe Mujica

 

Muchos de los ejes temáticos que atraviesan la bienal fueron abordados en los conversatorios que tuvieron lugar durante el sábado 29 y el domingo 30 de marzo en el Museo de Arte Moderno. Bajo el título de Diálogos, dicho encuentro reunió a ponentes locales e internacionales con el objetivo de discutir problemáticas que oscilan entre políticas de comunidades, la ecología social y natural, la construcción de estándares universales y la producción de subjetividad en relación con el cuerpo y la historia. Una mención especial se merece la mesa dirigida por Manuel Segade, que contó con la participación de Pierre Bal-Blanc (Francia) y Christian León (Ecuador), y en la que se discutió la pertinencia del concepto apropiación para pensar las dinámicas de la producción artística latinoamericana contemporánea, así como la actualidad de este concepto más allá del mundo del arte.

Ir para volver marca un hito importante en la historia de esta bienal, que junto con São Paulo, La Habana y, más recientemente, la Trienal Poligráfica de San Juan, forman parte del grupo de eventos de este tipo mejor establecidos en América Latina y el Caribe. Ir para volver es una bienal de una poética sutil, pero compleja. Si bien es cierto que por momentos se extrañó una reflexión más directa en torno al contexto y su condición finalmente periférica, la selección de artistas es muy lograda. A lo largo de sus seis sedes (el Museo de Arte Moderno, el Colegio Benigno Malo, La Sala Proceso, entre otras), que permiten al visitante tanto recorrer la ciudad a pie como llevarse una idea general de la infraestructura que sostiene la vida cultural de la ciudad, la sensación es de un interés sostenido y constante. La bienal cumple con la función de acercar el arte de la región a un público internacional, y viceversa. Sólo es necesario esperar para ver cuáles serán sus reverberaciones en la escena del arte contemporáneo de la región.

 

Manuela Ribadeneira, El arte de navegar: Objetos de duda y de certeza, 2011- 2014, instalación compuesta por una mesa y entre 47 y 50 objetos. Foto: Felipe Mujica

Manuela Ribadeneira, El arte de navegar: Objetos de duda y de certeza, 2011- 2014, instalación compuesta por una mesa y entre 47 y 50 objetos. Foto: Felipe Mujica

Manuela Ribadeneira, El arte de navegar: Objetos de duda y de certeza, 2011- 2014, instalación compuesta por una mesa y entre 47 y 50 objetos. Foto: Felipe Mujica

Manuela Ribadeneira, El arte de navegar: Objetos de duda y de certeza, 2011- 2014, instalación compuesta por una mesa y entre 47 y 50 objetos. Foto: Felipe Mujica

Manuela Ribadeneira, El arte de navegar: Objetos de duda y de certeza, 2011- 2014, instalación compuesta por una mesa y entre 47 y 50 objetos. Foto: Felipe Mujica

Manuela Ribadeneira, El arte de navegar: Objetos de duda y de certeza, 2011- 2014, instalación compuesta por una mesa y entre 47 y 50 objetos. Foto: Felipe Mujica

Julia Rometti & Victor Costales en el Museo de Arte Moderno. Foto: Felipe Mujica

Julia Rometti & Victor Costales en el Museo de Arte Moderno. Foto: Felipe Mujica

Julia Rometti & Victor Costales en el Museo de Arte Moderno. Foto: Felipe Mujica

Julia Rometti & Victor Costales en el Museo de Arte Moderno. Foto: Felipe Mujica

Olivia Ardui interactuando con la obra de Martha Araújo. Foto: Felipe Mujica

Olivia Ardui interactuando con la obra de Martha Araújo. Foto: Felipe Mujica

 

 

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Florencia Portocarrero

Es investigadora, escritora y curadora independiente. Estudió Psicología Clínica en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde también se recibió como Magíster en Estudios Teóricos en Psicoanálisis. Durante el 2012-2013 participó en el Programa Curatorial de De Appel arts centre, en Ámsterdam, y recientemente culminó el Máster en Teoría del Arte Contemporáneo en la Universidad de Goldsmiths, en Londres. Portocarrero ha contribuido con sus textos sobre arte y cultura en numerosos catálogos y publicaciones. En Lima, es co-fundadora y co-directora del espacio de arte independiente Bisagra y es curadora del programa público de Proyecto AMIL.