Una carta es un medio escrito por el cual un emisor transmite a un receptor sus inquietudes y deseos. Luego de enviar la carta, el emisor escribe otro relato o simplemente espera, por una cierta cantidad de tiempo, una respuesta: otra carta. Un poema es un género literario que opera mediante el lenguaje en forma de verso. La experiencia del que escribe es ahora estética y a diferencia de la carta, no se determina necesariamente por aludir directamente a un receptor. El poema, al resistirse muchas veces a su posterior análisis formal y simbólico, se abre, una y otra vez, a su propia repetición.

La obra que Manuela Viera-Gallo exhibe en La Central tiene mucho de ambos medios: es carta y poesía. La artista ha trabajado con el poemario epistolar que su padre le escribió a su madre cuando se encontraba asilado en la Nunciatura Apostólica gracias a la gestión de monseñor Bernardino Piñera tras el golpe de Estado en Chile. Habiendo sido Subsecretario de Justicia del gobierno de Salvador Allende y militante del MAPU, José Antonio debió esconderse en la embajada del Vaticano ubicada en la comuna de Providencia, pues el refugio o el exilio eran la única posibilidad ante la tortura o la muerte. Fue en ese estado de ocultamiento cuando José Antonio escribió los poemas a su amada y madre de la artista, Teresa.

Manuscrito “Lamentos de Amor”, 1973, de José Antonio Viera-Gallo, padre de la artista. Vista de instalación en La Central, Bogotá, 2013. Cortesía de la artista

Titulado Lamentos de Amor, el poemario no hace más que referirse a la desesperanza y al miedo; al dolor de estar lejos de Teresa en una sociedad que se tornaba por el golpe en una sociedad distópica. Tal vez un verso que bien significaría el poemario sería con el que finaliza el poema Olvidemos. Luego de aludir al destierro, la tortura y la muerte suplicándole a la amada que su “cuerpo acoja su dolor”, José Antonio escribe: “El amor solo tiene memoria”. El remitente quiere olvidar, prevenir el trauma de la dictadura, pues al parecer la única manera de aprehender la memoria sería a través de la escritura de su sentimiento de amor por Teresa. De esta manera, sólo la emoción del amor se resistiría al olvido.

Manuela Viera-Gallo, “Lamentos de Amor”, video, 7 min, 2013, en colaboración con Alejandro Moreno Jashes, dramaturgo. Cortesía de la artista
Manuela Viera-Gallo, still del video “Lamentos de Amor”, 7 min, 2013, en colaboración con Alejandro Moreno Jashes, dramaturgo. Cortesía de la artista

En los días que prosiguieron al golpe, el terror y la incertidumbre se fundieron violentamente en los cuerpos de los detenidos, los asilados y sus familiares, convirtiendo la memoria de un país en un relato de borraduras y fragmentos. Así, Manuela, al reescribir mediante trozos y tachaduras los versos de su padre con aserrín, nos señala aquella alegoría respecto a la memoria de Chile. Y sí, pues como un golpe aletargado, los días que siguieron al 11 de Septiembre no solo duraron 17 años sino que devinieron en un fantasma de tiempo que hasta hoy persiste en el capital simbólico del país.

Ahora bien, en la actualidad, no pocos ciudadanos nacidos en y después del golpe han reflexionado sobre la memoria de Chile; sobre la herida que significa hoy la experiencia la dictadura. Un caso emblemático es el pasado 11 de Septiembre cuando se cumplieron 40 años desde que las tropas militares bombardearon la Moneda. Documentales y series televisivas sobre las violaciones a los derechos humanos fueron emitidos por primera vez por señal abierta, e innumerables actos públicos se llevaron a cabo en todas las regiones del país y en otras ciudades del mundo. Chile, por primera vez, se refería masivamente y sin censura a su historia reciente.

Cartas de exilio (1973-1984) dirigidas a Josefina Quesney.Vista de instalación en La Central, Bogotá, 2013. Cortesía de la artista

Manuela Viera Gallo nació en 1977 en Roma, ciudad donde José Antonio pudo exiliarse luego del asilo en la Nunciatura junto a Teresa y sus dos hijas el mismo Septiembre de 1973. El exilio, entonces, fue el primer país en que vivió Manuela. En el caso de la artista, no sólo documentos jurídicos y el mismo silencio en que devino el trauma sino que además los poemas de su padre le sirvieron como fuentes respecto a la experiencia atroz del golpe. Así, al develar los poemas de su padre, Manuela devela también el trauma. Interferidos por el tiempo, los poemas de José Antonio nos hacen pensar en su relectura, en su exposición.

A diferencia de hace 40 años, una vez exhibidos en la galería los versos no sólo están dirigidos a Teresa sino que el espectador, al enfrentarse uno a uno a ese relato a través de un acto “emancipado” de lectura, es el nuevo destinatario de las cartas en verso. Este gesto de exhibición y de ampliación infinita y anónima del receptor tiene que ver con la alusión al dolor del cuerpo social colectivo de un país. De esta manera, la experiencia individual es al mismo tiempo experiencia de todos. En este sentido, si bien la serie Clandestina de Viera Gallo es tanto carta como poesía, es también documento sobre la memoria del cuerpo colectivo de un país.

Mediante el uso del aserrín como material de escritura, Viera-Gallo hace visible el residuo de la madera, medio con el que ha trabajado para la construcción de sus esculturas de pájaros desde hace casi una década. Así. el tiempo de los poemas dialoga con el tiempo del material, indicando no residuos fugaces sino que huellas históricas, marcas. Me refiero a huellas que se resisten a su borramiento, inscribiéndose en el pensamiento de postdictadura. A su vez, la precariedad del material de escritura y su fragilidad –el aserrín no está completamente fijo en el papel- simbolizan aquel complejo tejido de disgregaciones y fragmentos de la memoria de Chile producto del golpe. Mediante el gesto de fragmentación y tachadura de Lamentos de Amor, Viera Gallo nos invita a una reflexión sobre cómo aún en la llamada democracia opera el fantasma del golpe, o mejor, como la memoria de Chile no puede leerse sino desde sus secuelas de la dictadura.

Manuela Viera-Gallo, Calavera, 2013, dibujo en aserrín, 47 x 36 cms. Cortesía de la artista
Manuela Viera-Gallo, Resistencia (detalle), 2013, raulí, 40 x 55 cms. Cortesía de la artista
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Florencia San Martin

Nace en Santiago, en 1982. Es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Rutgers, NJ. Posee además un MFA en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York y un BA en Artes Visuales por la PUC. Se especializa en arte contemporáneo en las Américas, historia de la fotografía, estudios de memoria, y pensamiento decolonial. En la actualidad dicta cursos de arte latinoamericano en The School of Visual Arts (SVA) y es Editora de Art Nexus en Nueva York.