Ten thousand waves take us to the shore

Home will arrive under our feet

Wang Ping, The Great Summons

En medio de la espesa niebla, una balsa atraviesa un río rodeado de montañas verdes. La cumbre de un cerro recortada contra el celeste límpido del cielo. Rascacielos enormes en China. De noche, una prostituta espera en una esquina, en una escena que parece sacada de Con ánimo de amar de Wong Kar-Wai. Otra referencia cinéfila: la actriz Maggie Cheung, de blanco, vuela a través de los bosques. O vuela en un set de filmación, contra paredes de fondo verde, sujetada por esas cuerdas tan frecuentes en las películas recientes de artes marciales. Una voz que susurra “ven a casa”, “todos tus deseos no son tus deseos”. Son sólo algunas de las imágenes y sonidos que se quedan en la memoria tras ver Ten Thousand Waves, una instalación de nueve pantallas de Isaac Julien que actualmente se exhibe en el MoMA.

Isaac Julien es un multifacético cineasta y artista británico, figura clave de eso que en los ochenta se denominó Black British Cinema, movimiento cinematográfico articulado fundamentalmente a partir del trabajo de colectivos, como el Sankofa Film and Video Collective, conformado por Martina Attille, Maureen Blackwood, Nadine Marsh-Edwards, Robert Crusz, y el propio Julien. Quizás la obra cúlmine de ese período es Looking for Langston (1989), exploración lírica de la vida del poeta del Harlem Renaissance Langston Hughes, donde se lo presenta como un ícono de la cultura gay negra, estableciendo paralelos atmosféricos entre el Harlem de los años veinte y la escena de nightclubs londinenses de los ochenta. Más recientemente, Julien ha pasado a ser figura clave de una tendencia de las artes visuales contemporáneas: aquella que pone a dialogar al cine en y con el museo. En los últimos años, sus instalaciones –Dungeness (2008), Fantôme Créole (2005) y Lost Boundaries (2003), entre otras- se han exhibido en lugares como la Goetz Collection, Metro Pictures Gallery, Galeria Nara Roesler, EYE Filmmuseum, o Tate Modern.

 

Isaac Julien, Ten Thousand Waves, 2010, video instalación de nueve canales (color, sonido), 49;41 min, Vista de instalación en el The Museum of Modern Art, Nueva York, Foto Jonathan Muzikar

Isaac Julien, Ten Thousand Waves, 2010, video instalación de nueve canales (color, sonido), 49;41 min, Vista de instalación en el The Museum of Modern Art, Nueva York, Foto Jonathan Muzikar

 

En una trayectoria sobresaliente como la de Julien, Ten Thousand Waves destaca como una obra en la que confluyen de manera clara, pero no menos compleja, su sensibilidad estética, su discurso político, y su continua interrogación por el lugar de la imagen cinematográfica en el circuito del arte contemporáneo. Hay múltiples maneras de abordar esta instalación enorme y que parece inabarcable, pero la biografía del artista nos permite dos puntos de entrada: una mirada postcolonial, y una que estudia al cine en el museo.

Partamos por lo segundo. Angela Dalle Vache argumenta que “como una forma de cambio momificado, o de duración embalsamada, el cine y el museo se han especializado respectivamente en la percepción del paso del tiempo y en la exhibición de los rastros del pasado”. Algo de exploración historiográfica, como veremos más adelante, hay en Ten Thousand Waves. Pero se podría decir que lo que predomina es una preocupación espacial, casi arquitectónica, algo que entrelaza la narrativa cinematográfica de la instalación con su disposición museística.

Son nueve pantallas dobles que conforman una coreografía de imágenes en el atrio del MoMA, a la vez que suponen una coreografía de los cuerpos de los espectadores, que se desplazan por el espacio de la exhibición, o simplemente se sientan en un lugar que privilegie una visión que abarca distintas pantallas a la vez. De cualquier modo, es prácticamente imposible verlas todas simultáneamente, y la disposición de las pantallas supone un trabajo de selección del espectador, y por tanto, supone que hay espacios de lo visible que se quedan fuera de la percepción. El sonido envolvente, que también se desplaza espacialmente, de izquierda a derecha, o en círculo, es entonces el recurso que le da continuidad espacio-temporal a una percepción que es de por sí fragmentaria.

Las nueve pantallas nos muestran distintos niveles de la historia, formatos de imágenes, y escalas de planos diferentes. Así, lo que ocurre es un montaje cinematográfico espacial, más que temporal, donde la mirada del espectador se sitúa al mismo tiempo en el mundo narrativo y en el espacio vivencial del museo, espacio que, como Dalle Vache sugiere, es ambulatorio y fomenta una mezcla de “distracción y concentración”. El mundo narrativo de la instalación oscila entre esos dos impulsos, y la espectacularidad de las imágenes conduce a una contemplación estetizante al mismo tiempo que el susurro del poema y el sonido de las olas nos adormece.

 

Isaac Julien, Mazu, Turning (Ten Thousand Waves), 2010, fotografía Endura Ultra, 80 x 60,3 cm Cortesía del artista y Victoria Miro Gallery, Londres

Isaac Julien, Mazu, Turning (Ten Thousand Waves), 2010, fotografía Endura Ultra, 80 x 60,3 cm Cortesía del artista y Victoria Miro Gallery, Londres

 

Con respecto a la perspectiva postcolonial, hay que decir que en Ten Thousand Waves se cruzan tres historias que unen el pasado de China con su presente. La primera se inspira en la tragedia de la bahía de Morecambe, donde veintitrés trabajadores, inmigrantes chinos, se ahogaron cuando recogían moluscos en la costa de Inglaterra en el 2004. La segunda proviene de una antigua fábula china, la fábula de la Isla Yishan, donde la diosa Mazu (interpretada por Maggie Cheung) salva a un grupo de pescadores en el mar (lo que funciona como una alegoría de la tragedia de Morecambe). La tercera es una suerte de remake del clásico silente del cine chino, La diosa (1934), que retrata la vida de una mujer que se convierte en prostituta para alimentar a su hijo.

La tragedia de los inmigrantes es el origen de este trabajo, y constituye su centro moral y narrativo. De esta manera, en Ten Thousand Waves se reflexiona explícitamente sobre los desplazamientos humanos entre distintos continentes, y sobre las razones que los motivan en nuestra era globalizada. Algunos de los versos escritos por el poeta Wang Ping especialmente para este proyecto, nos dicen:

Tossed on the Communist road
We chose Capitalism through great perils
All we want is a life like others
TVs, cars, a house bigger than our neighbors’
Now the tide is rising to our necks
Ice forming in our throats
No moon shining on our path
No exit from the wrath of the North Wales Sea

Esta meditación sobre las migraciones humanas a escala global, sin embargo, está anclada en la especificidad de la experiencia china (un escape del comunismo, o del capitalismo de estado, hacia el corazón del neoliberalismo), en una exploración artística que es también autobiográfica, y en las particulares condiciones de producción de esta instalación, donde confluyen talentos y artistas de distintos rincones del mundo. El trabajo de Julien, fruto de cuatro años, es el resultado de su diálogo intercultural con el poeta Wang, con la tradición clásica del cine chino a través de La Diosa, con la música de Jah Wobble y Maria de Alvear, con el artista Yang Fudong. Julien no rehúye de las tensiones entre lo local y lo global, o entre su mirada de outsider y la mirada “autóctona” de los lugares en los que trabaja. Como él mismo ha dicho, “no uso la palabra etnografía porque estoy al tanto de que el mundo del arte ya ha descubierto el cine documental, y esperaría que mi trabajo sea demasiado estilizado para que se lo vea como tal”.

Por lo demás, Ten Thousand Waves es de alguna manera un proyecto hermano de  Western Union: Small Boats (2007), donde Julien ya se aproximaba al fenómeno de los inmigrantes potenciales que salían de África hacia Europa en barcos artesanales y peligrosos, en búsqueda de una vida mejor. De hecho, el título original para este proyecto era Better Life, la misma vida mejor que los padres de Julien buscaron cuando emigraron del Caribe a Inglaterra -la misma vida mejor que está en el centro de su trabajo en los años incipientes del Black British Cinema, donde se interrogaba qué constituía la identidad caribeña y británica en la población negra de Inglaterra.

 

Isaac Julien, Hotel (Ten Thousand Waves), 2010, fotografía Endura Ultra, 180 x 240 cm Cortesía del artista, Metro Pictures, Nueva York, y Victoria Miro Gallery, Londres

Isaac Julien, Hotel (Ten Thousand Waves), 2010, fotografía Endura Ultra, 180 x 240 cm Cortesía del artista, Metro Pictures, Nueva York, y Victoria Miro Gallery, Londres

 

En Ten Thousand Waves no hay esencialismo ni identidades nacionales, sino una actualización del proceso de creolización, tanto en las historias que vemos en la instalación como en los modos de producción que la hacen posible. Las relaciones imprevisibles que van más allá del mestizaje y que dan forma a los contactos culturales creolizados, al decir de Glissant, operan también en la noción Benjaminiana de la historia y que en Ten Thousand Waves aparece en la figura de la diosa Mazu que vuela sobre los bosques y guía a los pescadores. Es una imagen que “sutura”, nos dice Julien, las distintas miradas, puntos de vista, y materiales aparentemente incongruentes: el registro policial de la tragedia, olas digitalmente manipuladas, imágenes de archivo capturadas en la bahía, y la suntuosidad del paisaje donde se desplaza Mazu. Como el “ángel de la historia”, es, también, la imagen que sutura acontecimientos particulares y los inscribe en una historia de la humanidad más amplia. Una imagen sobre el pasado escrita y leída con los materiales del presente. Dice el famoso texto de Benjamin:

Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo.

The following two tabs change content below.

Jose Miguel Palacios

Es investigador y docente en el campo del cine y los medios audiovisuales. Ha publicado en diversas revistas y libros especializados, además de colaborar con textos breves y reseñas para Artishock, La Fuga y The Brooklyn Rail. Como docente, ha enseñado cursos sobre historia y teoría del cine en la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile y en la New York University, donde actualmente finaliza un doctorado.