No terminaron la tarea: pusieron tres palos, eso fue. Poca gente entiende la destreza que significa poner tres palos parados con sendos clavos lanceros y ver el atardecer con la satisfacción de la tarea cumplida.

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Diego Hernández, No terminaron la tarea, 2013, acrílico sobre tela, 100 x 164 cms. Cortesía del artista

– para ser pintor hay que tener una fe ciega –

La pintura de Diego Hernández es rara porque es predecible y a la vez novedosa; es referencial y al mismo tiempo es disruptiva, se gesta en el fracaso y doblega su imposibilidad.

El trabajo de Hernández se engendra en esa resistencia histórica que sobrepasa la decepción que sufre la pintura desde la declaración de su muerte en los sesenta. El pintor como un activista obstinado, absorto en aquel oficio obsoleto y anacrónico.

Sus pinturas de ahora tienen un dejo de romanticismo; sus atardeceres/amaneceres, la línea horizonte, el color local. Es William Turner paisajeando en un campo en Peor es Nada cerca de Chimbarongo.

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Diego Hernández, Paisaje, 2013, acrílico sobre tela, 100 x 164 cms. Cortesía del artista

– hay una habilidad mental en pintar así –

Y claro, tiene un cierta carga de melancolía. Una vez hablamos de pintura, hablamos de Philip Guston, de Robert Crumb, de Roser Bru, de Pablo Domínguez. Hay ciertas épocas que tiene ciertos colores o que las recordamos en ciertos colores. Ahora las pinturas ya no parten con fondos de un solo color, ahora el espacio donde antes se construían (los duros matorrales, duros incendios y fuegos) fue remplazado por un rojo amanecer; los colores planos de hace años fueron remplazados por la ironía atmosférica, fueron transformados en campos con material disonante desperdigado al azar.

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Diego Hernández, El mismo país, 2013, acrílico sobre tela, 120 x 120 cms. Cortesía del artista

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Diego Hernández, Eran siete fuegos, 2013, acrílico sobre tela, 120 x 120 cms. Cortesía del artista

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Diego Hernández, Volver a esos campos, 2013, acrílico sobre tela, 120 x 120 cms. Cortesía del artista

– sabe de pintura, se sabe pintor y pinta contra todo pronóstico –

Cruzar esa cordillera. Desde el valle contaminado con una escalera de palo querían traspasar el cordón cordillerano que se enfrenta al cielo celeste y a una luz generada por el reflejo de algún perdido ventanal de centro comercial.

Tendrá la pintura cierta relación con la ubicación del paisaje, paisaje mental de un lugar referencial al que todos los días se va.

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Diego Hernández, Cruzar esa cordillera, 2013, acrílico sobre tela, 100 x 164 cms. Cortesía del artista

– es pintura que parte de la observación de la pintura de otros pintores para ser pintada-

Un obstáculo más. Los paisajes de Diego se establecen en los ancestrales paisajes de la pintura. El afuera capturado sobre el lienzo, con un doble sentido: el geográfico, la pintura como problema limítrofe, palos parados, construcciones a medio hacer, perpetuando un estado de latencia, y por otro lo biográfico, que va buscando la morfología de la idea mientras se recorre la vida y su inconsciente.

– por eso uno pinta siempre el mismo cuadro–

Volver a traducir el signo básico, el fuego ancestral no verosímil, hablarle desde aquí a los grandes paisajistas muertos, hablarle a sus pinturas. Confrontar en un diálogo las cordilleras de Helsby y Hernández y mirarlas con tiempo.

“Una poética es como una receta de cocina, es un método, no es una filosofía”

Raúl Ruiz

Camilo Yáñez

Santiago, diciembre 2013

 

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Diego Hernández, Nocturno, 2013,  acrílico sobre tela, 100 x 164 cms. Cortesía del artista

P.D.

¿ Por qué los cuadros se llaman como se llaman ?

Los nombres de las obras son un misterio. Salen justo en el momento de ponerlos. Bastante seguido cambian, pero a veces resulta el título certero.

¿Por qué ocupas pinceles gruesos para pintar ?

Ocupo lo que tengo a mano.

¿Consideras lo dudoso un asunto positivo ?

En la duda está todo.