El pasado 30 de julio se inauguró en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Santiago una muestra que por primera vez expone al público chileno la colección privada de arte contemporáneo de Juan Yarur. Durante mes y medio, la curadora de la colección, Cecilia Brunson, trabajó con el equipo del museo y Bernardita Mandiola, directora de la Fundación AMA -creada por el mismo coleccionista-, para montar Colección Juan Yarur: Un relato personal, una exhibición con alrededor de 80 piezas de artistas internacionales y locales.

Quisiera comenzar esta entrevista diciendo que Juan Yarur y yo nos conocimos hace exactamente ocho años cuando él recién comenzaba una pequeña colección de arte que, era de esperar, se transformaría en una colección con carácter propio y  un estilo muy particular. Lo que nunca imaginé es que fuera capaz de conjugar la obra de artistas internacionales de la talla de Robert Mapplethorpe con figuras nacionales como Paz Errázuriz, o hacer dialogar en la misma exposición a Alfredo Jaar y Damien Hirst. Me enorgullece ver el proceso, la evolución, y sobre todo ver cómo Juanito, el adolescente gay, se ha transformado en Juan Yarur, un coleccionista respetado y reconocido, que por lo demás es parte del board de coleccionistas de una de las instituciones más prestigiosas del mundo, la TATE de Londres.

 

Catalina Bauer, Mapa. Vista de instalación, MAC, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Catalina Bauer, Mapa. Vista de instalación, MAC, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Catalina Bauer, Mapa. Vista de instalación, MAC, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Catalina Bauer, Mapa. Vista de instalación, MAC, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

 

C.C.: ¿Cuándo te sentiste realmente un coleccionista?

J.Y.: Cuando entré al board de la TATE, ahí. Cuando me dijeron que estaba dentro, no podía creerlo y me hizo ver que de verdad esto que estaba haciendo era algo serio y que tenia una responsabilidad.

C.C.: Cuéntame de las relaciones que hay entre tu colección internacional y nacional

J.Y.: Si, aquí hay una diferencia importante. La colección internacional se hace para mi. La colección nacional se hace para mostrar el arte chileno en el mundo. Entonces, la colección de arte chileno tiene un carácter mucho menos personal que la otra, principalmente porque ésta tiene las obras de los mejores artistas chilenos de los años 90, en cambio la colección internacional tiene las cosas que a mi más me gustan y también las que puedo comprar. O sea, las decisiones de compra son diferentes. Por ejemplo, yo no tenía idea quién era Otto Muehl hasta que lo vi caminando en un pasillo de Frieze en NY; vi una pared con muchas, muchas fotos y colapsé! Me encantó! No sabía quién era, pero se lo comenté a Cecilia, mi curadora, y la compramos. Yo compré la serie grande, el MoMA compró la chica. Lo más increíble es que Otto Muehl murió la semana después.

C.C.: Wow! Bueno, o sea que diste con la obra en el momento preciso. ¿Y todas tus decisiones son así tan de guata?

J.Y.: Me pasó al comienzo que yo tenía una lista de nombres que quería coleccionar, y que aún la tengo. Pero siento que antes me fijaba en obras y artistas específicos de quienes me gustaba su obra y que se supone que todo coleccionista quiere tener. Por ejemplo, en Nueva York si no tienes un Warhol…. es como el básico. Entonces ahora siento que la lista se va moviendo todo el tiempo, lo que igual me da mucha lata, porque de repente uno tiene oportunidades de compra que no esperaba, entonces cambia las decisiones y compra esto antes de lo otro. Por ejemplo, yo estaba esperando comprar una obra hace rato y terminé comprando algo nada que ver, compré las obras de (Francisco) Copello. Entonces si, hay movimientos de guata, como cuando apareció toda esta serie de Copello, que no lo conoce nadie, y es buenísimo. Yo me sentí súper identificado con él y su obra: gay, marginado, que tiene esta cosa outsider, que en una obra cuelga el vestido que usaba en sus performances… no se, pero todo un cuento que es increíble. Después tiene todas estas fotos que le hicieron fotógrafos muy buenos que eran amigos de su pareja. Así que hay mucho de mi en las obras que compro, de cómo me identifico con esas obras y los artistas también.

 

Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

 

C.C.: Yo creo que si bien hay una importante decisión curatorial en cómo Cecilia ha ido agrupando tu colección en temas como cuerpo, acción, pintura, erotismo… hay algo que va más allá y que es común en los artistas de tu colección internacional, y es que casi todos son un poco como tú, personajes con muchísimo carácter, súper atrevidos, con una actitud frente al mundo muy concreta, un poco Enfant Terribles del mundo del arte. Damien Hirst es quien adopta una actitud radical frente al mercado del arte; Warhol es un tipo que trae el imaginario de la cultura “popular” al espacio del arte que no es precisamente popular sino más bien elitista; Mapplethorpe es un tipo con una vida extremista, gay, fascinado por el sadomasoquismo…

J.Y.: Es verdad, todos son medio tremendos. Marc Quinn quizá un poco menos. Nunca lo había visto así. No estás equivocada, me hace tremendamente sentido por la forma en la que compro y cómo me veo reflejado en ellos.

C.C.: Es una lectura. Me gusta mucho el recorrido que hace la exposición, como por etapas de tranquilidad, en la sala de pintura, y luego por lugares un poco más intensos, como la sala de erotismo, y luego volver a sentir un poco de vértigo al entrar al Accionismo. Las decisiones curatoriales, el montaje de tu colección en el MAC tiene ritmos que creo también son propios de cómo se va articulando una colección, ese relato personal…

J.Y.: A mi eso es algo que me gusta mucho de mi colección. Y que muchas colecciones no tienen, que son como fomes en ese sentido, que son como demasiado correctas.

 

Josefina Guilisasti (detalle de obra), Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Josefina Guilisasti (detalle de obra), Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

 

C.C.: ¿Qué grandes colecciones has visto y te encantan, o te causan rechazo?

J.Y.: He visto colecciones privadas de gran renombre que no puedo nombrar porque soy cercano a sus dueños, pero también las privadas que se exhiben en distintas ferias de arte. Creo que una de mis favoritas es la colección Rubell.

C.C.: No he tenido la suerte de conocer esa colección, pero si otras como la Pinault, en Venecia. ¿Cómo te sientes frente a una colección tan importante?

J.Y.: O sea (risas), es que él tiene todo lo mejor! No hay un punto de comparación, su colección es un monstruo. Yo lo que se, es que quiero coleccionar siempre lo que más me gusta y, de eso, tratar de tener las mejores piezas, salvo esas calenturas de compras más impulsivas, pero siempre mi colección internacional va a tener lo que a mi me guste, no se si llegaré a ser un Pinault.

C.C.: ¿Cómo compras? ¿Vas a ver expos? ¿Cecilia te recomienda?

J.Y.: Cecilia me recomienda, voy a ver muchas expos, viajo mucho, hay muchas galerías que te abren el back door, pero principalmente en ferias de arte. También en las bienales. Por ejemplo a Tino Sehgal, que ganó el León de Oro en Venecia ahora, yo no lo conocía, y cuando vi su obra me encantó; lo vi en Documenta, después en Venecia, y así los vas conociendo. Ahora que la Fundación (AMA) está funcionando con más organización les mando una foto o el nombre del artista que vi, le pido a Bernardita Mandiola que me haga un informe –para el mismo día- de su obra, precios, todo, y ahí voy estudiando. Digamos que me he ido poniendo más obsesivo con esas cosas. Es gracioso hablar esto contigo que nos conocimos comprando obras así un poco al lote… (risas).

C.C.: Es que hemos aprendido tanto (risas). Yo creo que con el camino que hemos tomado, yo con mis estudios, la escritura y la curaduría, y tu con tu colección y la fundación, a distinta escala, los dos nos hemos profesionalizado, hemos aprendido de nuestros errores y también de viajar y ver cómo se hacen las cosas en otros lugares. Uno va encontrando sus gustos, va descubriendo quién es uno en el camino y qué es lo que quiere. Me imagino que hay muchas obras que has comprado desde cuando nos conocimos que ahora no consideras importantes ni representativas en tu colección…

J.Y.: Lógico. No me arrepiento, pero hay muchas obras que hoy no las volvería a comprar. La obra de Hirst, específicamente, habla de una etapa súper marcada en mi vida. Pero por ejemplo ¿porqué pusimos a Marc Quinn de portada de la exposición? Al principio queríamos una obra que hablara más del coleccionismo, una obra chiquitita, pero a mi me sabía insignificante (risas). Después íbamos a poner una de las fotos de Otto Muehl, pero era muy chocante, y siempre estuvo Marc Quinn como opción porque básicamente representa mi quiebre entre todo lo frívolo, por decirlo de algún modo, y lo que estoy coleccionando ahora, que no se bien hacia donde va. ¿Tu te imaginabas que yo iba algún día a interesarme por el performance de los años 60 y 70? Jamás!

C.C.: (Risas) A mi no me parece una locura. A ver, si me lo preguntabas hace 10 años, que Juanito Yarur iba a comprar obras de Paul McCarthy, no me lo creía, pero si lo miro hoy retrospectivamente me parece bien coherente. Yo entiendo que Marc Quinn marque un cambio. Pero también veo que, siguiendo esto de “la colección soy yo”, tú eres alguien bien “performático”… hiciste una fiesta a los 18 y saliste en la portada de la revista Cosas bailando como una loca, no se… pero déjame decirte que tu relación con tu cuerpo, con lo que haces, con cómo te vistes, con tus gustos y el modo de relacionarte con el mundo, es bien performática. Obviamente, Juanito ha madurado y se ha transformado en Juan Yarur, lo que hace que tu exposición adolescente hoy en día esté mucho más cuidada y seas más consciente de lo que quieres y no exponer de ti mismo.

J.Y.: Si, yo expuse mucho mi vida. Ahora expongo mi vida más interior. Era una forma más infantil de exponerme.

C.C.: Era una forma infantil, pero era bien esplendorosa, así como con plumas, como un renacimiento de ti mismo. En eso, al menos desde mi punto de vista, el nacimiento del performance tiene que ver con sacar las ataduras de lo físico y usar el cuerpo como medio de comunicación, como herramienta vital de expresión. Ahora, esas obras del Accionismo Vienés son lo más antiguo de tu colección y quizá haya muchos diálogos que se puedan establecer en un futuro con otras obras que vayas adquiriendo. Ahora no te imagino comprando minimalismo, eso ya me parece muy alejado del Juan Yarur de hoy, pero quién sabe qué giros va a dar tu gusto en veinte años…

J.Y.: Si, imposible que llegue a comprar minimalismo, dudo que vaya a llegar a eso.

 

Robert Mapplethorp, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Robert Mapplethorp, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Carlos Amorales, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Carlos Amorales, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Andy Warhol, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Andy Warhol, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

 

C.C.: ¿Qué te pasó cuando viste tu colección expuesta?

J.Y.: De verdad, cuando estábamos montando tenía pánico. Encontraba que no era suficiente, tenía la impresión de que las cosas que había no eran tan buenas, tuve ese cuestionamiento de por qué estaban estas obras en el museo si tal vez no son tan buenas… pensé: no tengo lo mejor de la colección internacional, a diferencia de la nacional que si lo es. Entonces empecé con todas esas inseguridades, me vino el pudor… fue bien complicado. Y cuando ya vi todo montado fue un alivio… y ya cuando la iluminación estuvo lista dije: ¡esto se ve bien!

C.C.: ¿Y que pasó con el relato de tu colección cuando la viste expuesta y pudiste recorrerla? Porque no es lo mismo convivir con ella en tu casa o verla en las ferias, que ver todo junto en un edificio maravilloso, con la luz que querías, el montaje de Cecilia que dejó todo impecable. ¿Cómo viste tu colección?

J.Y.: Es que es algo tan difícil de ver… Mucha gente se pregunta dónde tengo colgada una obra tremenda de grande como la de Josefina Guilisasti y yo por tontear digo que la tengo montada entre el baño y el closet (risas), pero es que de verdad hay una cosa de dimensiones y espacios que cambia tanto, y me da mucha lata que hay obras con las que me encantaría ser parte y que pudieran están más en mi día a día, y que lamentablemente no puedo verlas. Por ejemplo la obra de Terrence Gower nunca la había visto montada. Hay obras que las he visto en Museos, como la de (Carlos) Amorales en el Museo Tamayo, pero ahora es diferente porque es gozar tus obras y compartir ese goce. Eso era algo que antes no veía así, pero cuando me toca ir al museo ahora a hablar con alguien o a mostrarle la expo a algún amigo y veo el museo lleno de gente y que se me acercan a saludarme y a darme las gracias, de verdad me emociono. Es tan raro, porque es lo que a mi me gusta.

C.C.: Es raro porque para ti es como un gesto mínimo y cotidiano, en cambio para muchos es una gran oportunidad de ver cosas que nunca habían visto. Digamos que son las obras que te gustan, que tú mismo compraste, pero al mismo tiempo, pasándolo al terreno de lo que pasa en Chile, que no estamos acostumbrados a ver originales de artistas consagrados, para muchos esta exposición es un hito. O sea, el highlight más popular de tu colección es Warhol, y para mucha gente es la primera y única vez que ve un Warhol.

J.Y.: Si. Más allá de que ahora en internet puedes verlo todo. Los museos te muestran en súper alta definición hasta un grano de las pinturas, el máximo de detalle.

C.C.: Si, pero no es lo mismo ver una imagen en el computador que ver una obra de arte ahí frente a frente. Por eso te pregunto la diferencia entre verlas en tu casa y verlas ahí en el museo con aire, con distancia, ¿hay diferencia, no?

J.Y.: Si. Hay un sentimiento de paz. Un sentimiento en que lo protagónico son las piezas.

C.C.: Es una realidad que los medios le han quitado al arte su capacidad contemplativa. Toda esa invasión de imágenes te quita ese momento de paz y ese enfrentamiento, la experiencia de ver el arte. Entonces el espacio expositivo te lo puede permitir, generar esa “intimidad” con la obra, aunque haya otras diez personas en la sala… bueno, depende de la obra, porque hoy en día La Gioconda es invisible.

J.Y.: La verdad es que no me creo mucho lo que está pasando. Estoy aún asimilándolo. Para mi es muy raro que mis cosas estén expuestas ahí. Además el MAC es el espacio de arte contemporáneo más importante de Chile.

C.C.: Hablemos de la colección nacional. ¿Qué relación tiene con la Beca AMA? ¿Qué implica tu colección para Chile?

J.Y.: Bueno, tiene y no tiene relación, porque muchos no han sido becados. Por ejemplo, Rodrigo Canala, Paz Errázuriz, Álvaro Oyarzún. Otros que sí, como Nicolás Franco, Tomás Rivas, Gerardo Pulido, Catalina Bauer, Francisca Benítez, Cristóbal Lehyt, Cristián Silva. Pero yo intento separar la beca de la colección nacional. Creo que aún no puedo dimensionar lo que va a pasar con esta colección.

C.C.: Claro, como coleccionista sabes bien que tu colección nacional es una apuesta al futuro. Que si bien hoy consideras que es lo mejor del arte chileno de ciertos años, muchos de esos artistas son una apuesta y no sabes bien qué va a pasar con sus obras, con el valor, simbólico y de mercado, de aquí a unos años. ¿Cómo ves la proyección de tu colección en el futuro?

J.Y.: Para mi significa poder mostrar arte chileno en el extranjero, como pasó con Tectonic Shift, que fue la exposición en Londres en 2011. La obra me gusta, los artistas nacionales que estoy coleccionando me gustan, pero el principal objetivo es ubicar el arte chileno en el mundo.

 

Livia Marín, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Livia Marín, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Livia Marín, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Livia Marín, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Cristián Silva, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Cristián Silva, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Alvaro Oyarzún, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Alvaro Oyarzún, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Alvaro Oyarzún, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Alvaro Oyarzún, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Cristián Salineros, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

Cristián Salineros, Colección Juan Yarur: Un relato personal. Vista de instalación en el MAC Parque Forestal, 2013. Foto: Chi-Hua Salinas Sung

 

C.C.: ¿Cómo ve Juan Yarur el arte chileno a través de su colección?

J.Y.: Es un arte apolítico, por lo menos el que yo colecciono. De hecho la pieza de Jaar que tengo, que es un artista político, es estéticamente la menos política de sus obras… habla de política pero si no lees el texto no te das cuenta. Es una colección que empezó centrada en los años 90, hay una manualidad, una factura común donde las obras están hechas con el recurso de lo escaso. Son obras de gran formato. Creo que los artistas de esos años querían mostrarse en grande, no hay nada chico, mínimo, es todo enorme, se hace notar. Siento que tiene una poesía intrínseca. Todo esto del formato creo que tiene mucho que ver con que las galerías de esos años en Chile no te daban la oportunidad de mostrarte fuera de hacer grandes proyectos. La circulación del arte chileno hasta hace muy poco ha sido muy mala y eso ha afectado mucho a esta generación.

C.C.: ¿Vas a los talleres de los artistas?

J.Y.: Si, a todos los que puedo. Y es algo increíble pero me termino enamorando de ellos, de su mundo, de lo que hacen… es como inevitable. Cuando conocí a Marc Quinn en su minuto yo no entendía muy bien su trabajo. Cecilia me mostraba su obra y yo no estaba muy convencido, y me llevó a su taller y caí rendido a sus pies. Creo que eso me ha pasado con casi todos. O sea, lo que me encanta de guata cuando lo veo por primera vez, se reafirma cuando voy al taller.

C.C.: ¿Dónde vas a exponer la colección nacional después del MAC?

J.Y.: Esta exposición estaba lista para llevarse a México. Pero se suspendió. Jamás pensé en exponerla en Chile, fue algo que preparamos en un mes y medio, muy precipitado. Ahora yo creo que la vamos a llevar a Nueva York y ojalá pronto a México.

 

 

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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.

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