Retorno, la muestra que presenta Raimundo Edwards en el Museo de Artes Visuales (MAVI), se estructura en torno a un circuito de recorridos que el artista ha venido realizando desde el mes de enero del 2013 en la ciudad de Santiago, y que se extiende a la ciudad de Buenos Aires, en un viaje por tierra y posteriormente en trayectos al interior de esa ciudad, producto de la Residencia de Investigación y Producción en Arte Contemporáneo, RIPAC, que realizó durante diez días de febrero pasado.

Ese material de registro ha sido editado seleccionando un número limitado de secuencias de un minuto cada una y se presenta como una proyección de video que es el eje principal de la exposición. La muestra se compone de diversos materiales: objetos viales, materia orgánica y materiales industriales, pinturas, videos e imágenes digitales, que se articulan en relación con la arquitectura de la sala del museo. Retorno toma prestado su nombre de la señalética vial que indica el camino de regreso desde o hacia un lugar específico, una especie de atajo que por su naturaleza no asegura un final sino únicamente un regreso.

La muestra, que se presenta en ocasión del segundo lugar obtenido por el artista en el Concurso de Arte Joven Cabeza de Ratón (ahora MAVI-Minera Escondida) de 2011, permanecerá abierta hasta el 28 de abril de 2013.

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Raimundo Edwards, Retorno, vista de instalación el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago, 2013. Todas las imágenes son cortesía del artista

TIERRAS RARAS

Por Cristián Silva

El arte de Raimundo Edwards nos recuerda dos asuntos elementales: que todo camino ofrece siempre la posibilidad de desplazarnos, al menos, en dos sentidos, y que un trauma no es más que una herida abierta. El arte de Raimundo Edwards desmenuza lo concreto y aglomera lo volátil. El arte de R.E. convierte el imparable deterioro y descomposición de los tejidos -blandos y rígidos- en pictogramas, en parpadeo señalético. El arte de R.E. es el accidente de un corredor de motociclismo y su deslizamiento en cámara lenta sobre charcos putrefactos, cromados resplandecientes, fragmentos de cráneo y amarillo fluor. A nivel del ojo, a nivel del suelo, el arte de R.E. recoge evidencias en el campo de batalla, amontona detrito y escombros: los maquilla, los momifica, los embalsama, les niega la muerte. El arte de R.E. es el socarrat: la costra acaramelada del ocaso del sistema. El arte de R.E. garantiza la absorción parcial del impacto. El arte de R.E. es la palpitación romántica. El arte de R.E. es naturalismo compulsivo, precipitación, decantación y sedimentación; freno y aceleración, freno y aceleración, freno y aceleración. El arte de R.E. es tóxico. Cuando no se arrastra, el arte de R.E. cojea con una pata que a veces es de palo y otras veces de fibra de carbono. El arte de R.E. es glamour decadente, futurismo tierno y melancólico. El arte de R.E. es el animal atropellado en la carretera, transformado en opaca sombra de cuero encerado. El arte de R.E. es una fiesta bulliciosa y desplumada que celebra la decrepitud, la desintegración, la destrucción y el desgaste. El arte de R.E. es un ensamble delirante de amuletos sagrados, ectoplasma y texturas industriales: un archivo de cadáveres conservados con humo, miel, resina, betún, sal y natrón. El arte de R.E. es óxido y corrosión, peladas de forro, ofrendas ceremoniales, sacrificios primitivos. Raimundo Edwards es coreógrafo, traficante, sepulturero y prófugo, un chacal del autobahn, un chief executive officer, un vidente en trance, un pepenador de guante blanco, un bufón extraviado que echa la casa por la ventana, y su arte es el registro de los últimos estertores del escarabajo moribundo.

Texto escrito para la muestra individual de Raimundo Edwards, Retorno, MAVI, Marzo 2013

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