La razón para que la coleccionista Ella Fontanals-Cisneros constituyese su Fundación CIFO (Cisneros Fontanals Art Foundation) hace ya diez años hay que buscarla en su determinación por poner en marcha un proyecto de divulgación y promoción del arte latinoamericano contemporáneo con programas de becas, colaboraciones institucionales, exposiciones internacionales y publicaciones.

La última de estas publicaciones es el libro Pulsos de la abstracción en Latinoamérica, en edición bilingüe, editada por Turner. Una publicación que ambiciona contribuir a la renovación y promoción de la historia del arte abstracto en Latinoamérica, así como intensificar la presencia de la fundación CIFO en Europa. En el libro, que se presentó en la pasada edición de ARCO, se incluyen las obras de la colección privada de Ella Fontanals-Cisneros referidas a la abstracción, y éstas son las mismas que formaron parte de la muestra itinerante de 2006 Los sitios de la abstracción latinoamericana, presentada en Miami, Los Ángeles, Palma, Bonn y Zurich.

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Pulsos abarca un período amplio (de 1920 a 1982), fechas que se refieren a la obra más antigua y a la más reciente de las que se reproducen en el libro, y apuesta por dejar de lado las típicas periodizaciones históricas, basando su criterio de reunión de obras en “el empuje vital”, en la pulsión de los movimientos concretos a los que hace referencia el título del libro y que, además, tiene que ver con lo subjetivo de la colección, guiada, como dice la propia Ella Fontanals-Cisneros, “por un interés intuitivo”. Interés que, no obstante, ha ido aumentando hasta evolucionar mediante un proceso continuo de aprendizaje (y ampliación de los fondos) al que han contribuido las diferentes ideas curatoriales de los encargados de ir presentando al público la colección (que cada año pone el énfasis en aspectos diferentes, según la visión y creatividad de curadores invitados y que son quienes preparan las exhibiciones de cada temporada).

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Pulsos, como dice Manuel J. Borja-Villel en el prólogo introductorio, sirve para reivindicar los discursos que apelan “a una redefinición de la modernidad y a una articulación del sistema del arte en el que entre centro y periferia se desarrolle una equilibrada correspondencia simétrica”.

Al catálogo de las obras propiamente dicho se antepone una entrevista entre Ella Fontanals-Cisneros, Jesús Fuenmayor (el actual director y curador principal de CIFO) y Cecilia Fajardo-Hill (directora de CIFO en el período 2003-2005). En ella conversan sobre el modo en el que comenzó la colección, la manera de enriquecerla a través de exhibiciones permanentes guiadas por “hilos curatoriales alrededor de ciertas obras”, sobre cómo Fontanals-Cisneros comenzó a interesarse por el arte abstracto y de su intención de crear un museo como forma de garantizar  la posteridad de las obras, y que quedasen así para las generaciones venideras que, en opinión de la coleccionista, “merecen disfrutar de todo este legado”.

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El volumen cuenta con cuatro ensayos introductorios. El primero de ellos, de Jesús Fuenmayor y Rafael Pereira,  lleva por título Las pulsiones de la abstracción, y en él se nos habla de cómo la pulsión hace referencia a las diferencias de asimilación y renovación del movimiento constructivo y de la conveniencia de diferenciar entre abstracción geométrica (orientada a ejercicios compositivos) y abstracción constructiva (impulsada hacia la materialidad objetiva). Asimismo, nos plantean los autores cuatro núcleos de discusión y que se corresponden con las diferentes áreas geográficas representadas en la colección Ella Fontanals-Cisneros: Navegando con el cuerpo (sobre Brasil y sus ideas de topofilia y coreotopia), Discursividad y obra (sobre Argentina, las posibilidades de transformación social del arte, así como las utopías modernistas), Construcciones Sacras (sobre Colombia y el interés por los aspectos sacros de la geometría) y, finalmente, El movimiento estructurado (sobre Venezuela y su visión del movimiento y la serialidad musical).

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El segundo de los ensayos es de Mari Carmen Ramírez y fue publicado originalmente en el catálogo de la exposición Inverted Utopías, celebrado en el Museum of Fine Arts de Houston en 2004. En él, Ramírez huye de las teorías preexistentes y se deja guiar por su propia experiencia con cada obra y su relación con las demás. Abandona así el marco de la teoría del arte y los parámetros ingenuos del esencialismo y nos llama la atención sobre la imposibilidad de definir vínculos históricos entre los grupos constructivistas latinoamericanos, por la razón de que “vivían separados en sentido tanto temporal como geográfico”. Por ello, dice Ramírez que hay razones de otro tipo para explicar la emergencia de la abstracción. Estas serían una voluntad constructiva que precedió a la presencia europea en el continente y la visión de la abstracción geométrica y constructiva “como medidas correctivas prácticas y oportunas frente al caos y la inestabilidad que imperaban durante aquella década de gobiernos de facto”. Su ensayo se dedica pues a presentar una “perspectiva general de las similitudes y divergencias que existen entre las propuestas teóricas y prácticas de aquellos grupos heterogéneos”.

Juan Ledezma, en su ensayo La mirada enmarcada: fotografía abstracta, hace un recorrido por la obra de Geraldo de Barros y su idea de utilizar la fotografía para construir “la imagen de un proceso”, por la de Horacio Coppola y su profundización en los quiebres (que le sirven para desarticular la ciudad), los planos de “objetividad suspendida” de German Lorca y, en particular, en lo que respecta a su obra Mondrian y la resonancia histórica de los procesos de extrañamiento intensivo del colombiano Leo Matiz y que “suspende[n] la identificación del objeto registrado […] para que así pueda generarse un nuevo orden perceptual”.

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Por último, cierra la parte ensayística un texto de Elsa Vega Dopico y que lleva por título Arte geométrico Cubano: una razón para evocar la poesía.  En él, se nos habla de cómo la vanguardia cubana se gestó en los años treinta, sobre todo gracias a que algunos artistas (Marcelo Pogolotti o Amelia Peláez, entre ellos) se beneficiaron con estancias europeas. La fundación en 1952 de la revista Noticias de Arte (por parte de Carreño, Sandu y Martínez Pedro) sirvió de vehículo idéolo-gráfico para la conceptualización y difusión de una generación más joven, de vanguardia, y que “adoptó la abstracción como divisa estética y encaminó el arte nacional hacia una mayor proyección exterior”.  Los dos grupos más relevantes en aquella época serían, de un lado, el Grupo Diez Pintores Concretos (constituido en 1959 y que apenas estuvo activo un par de años) y, de otro lado, Los Once, más vinculado con el expresionismo abstracto. La característica más relevante de aquella época (década de los cincuenta), nos dice Vega Dopico, es que la plástica abstracta cubana se mantuvo en sintonía sincrónica con Europa, Estados Unidos y Latinoamérica (y ello a pesar de la insularidad del territorio cubano).

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El catálogo de las obras abstractas pertenecientes a la colección Ella Fontanals-Cisneros que se incluye en Pulsiones viene dividido en siete partes (Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, México, Uruguay y Venezuela) y estas aparecen introducidas por un breve texto explicativo, una cronología y varias fotografías representativas de los hitos socio-políticos o artísticos más relevantes de la época. Con mucho, la parte más prolífica es la que se refiere a Argentina y Brasil, y Cuba en menor medida. Destaca la presencia valiosísima de la fotografía abstracta brasileña, las obras de Martha Boto y Julio Le Parc, así como una muestra amplia de la producción de Lygia Clark y de las cubanas Loló Soldevilla, Sandu Darie o Carmen Herrera. Pero también hay un número considerable de obras de German Lorca o Paulo Pires, Gego, Alejandro Otero o Jesús Soto, por solo mencionar a unos pocos. En un apéndice final, Pulsos de la Abstracción incluye diversos diagramas y glosarios para mejor entendimiento de lo tratado y pensados con una intención más divulgativa.

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Como conclusión de todo lo expuesto en el libro, se podría decir que los artistas latinoamericanos vinculados en sus obras a la abstracción geométrica reciben una influencia capital de París (sobre todo en Argentina y Brasil), pero también su mirada se dirige hacia Alemania, Nueva York o incluso Madrid. Los artistas latinoamericanos viajan desde o hacia Europa y ello provoca que adopten los parámetros del lenguaje artístico internacional. Sin embargo, es esa misma vocación universalista la que permite que lo local y lo propio se vuelva específico, y que así “las identidades locales, el pasado y lo propio estableciendo un fértil diálogo entre tradición e innovación”.

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Pulsos de la abstracción en Latinoamérica / Colección Ella Fontanals-Cisneros. VV.AA. Ed. Turner. Madrid. 2013. 400 págs.

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Nace en Castellón, España, en 1977. Tiene un Diplomado en Literatura Creativa (Escuela TAI-Madrid) y es Graduado en Estudios Ingleses (Universidad de Barcelona) y miembro de la asociación española de críticos literarios (AECL). Escribe sobre arte y cultura contemporánea en el suplemento Cultura(s) de La Vanguardia y en diferentes revistas, como FronteraD, Artishock y Naif Magazine, entre otras. Ha publicado el libro de relatos "Fin de fiestas" (Suburbano, 2014). Se ocupa del departamento de prensa de la Editorial Malpaso.

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