Hasta este domingo 16 de diciembre se podrá ver Video Arte Chile Parte II, la penúltima muestra del ciclo Galería Video/Concreta en el Centro Cultural Matucana 100 que, bajo la curaduría de Gonzalo Pedraza, director de Artes Visuales, reúne el trabajo de Camilo Yáñez, Gianfranco Foschino e Iván Navarro, tres artistas cuyo trabajo dialoga con lo político, en vía directa a través de discursos en torno a la memoria en Chile y los procesos que se vivieron en dictadura, e indirecta, a través del registro de la usurpación del incipiente capitalismo con el regreso de la democracia.

Cada registro en esta muestra tiene una densidad visual que puede ser apreciada en los cambios cromáticos, en el vínculo con la fotografía y en la escenificación de elementos que postulan una revisión por parte del espectador de una historia pasada a través de un ojo reciente.

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Iván Navarro, Camilo Yáñez y Gianfranco Foschino en Video Arte Chile Parte II, en Galería Video/Concreta del Centro Cultural Matucana 100. Todas las imágenes son cortesía de M100

Camilo Yáñez presenta Victoria Allende limpia al pueblo de Chile (2012), una ironía punzante sobre cómo Chile ha manejado su historia, su memoria y su responsabilidad en materia de derechos humanos. Aquí, el tiempo transcurre y todo ideal ya ha sido manipulado, instrumentalizado, limpiado y desinfectado.

Relay, de Iván Navarro, muestra a ciclistas paseando por el Central Park de Nueva York -ciudad en la que reside el artista- usando chaquetas con palabras inscritas en LED en sus espaldas, y que se iluminan con el pedaleo. El video cuenta con un audio que narra el crudo relato de Paul Aussaresses, quien practicó la tortura en América Latina.

Gianfranco Foschino muestra The Kids & The Axe (2008-2012), que registra un paraje al sur de Chile, una típica casa básica de madera en donde un grupo de habitantes realizan sus tareas regulares. El color, la composición, y en consecuencia la forma, dota de belleza a esta escena en donde la pobreza reina y el proyecto moderno político se estetiza.

Gonzalo Pedraza entrevista a los artistas para iluminarnos un poco más sobre los trabajos presentados en esta muestra

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Camilo Yáñez, Victoria Allende limpia al pueblo de Chile, video, 2012.

Gonzalo Pedraza: El trabajo que has desarrollado siempre ha resonado en la idea de lo político, que hoy se ha convertido en un ismo del arte contemporáneo conocido como “arte político”. ¿Cuáles crees tú que son las estrategias a seguir para convertirlo en un problema antes que en un estilo?

Camilo Yáñez: Hay que diferenciar el arte como herramienta política o si se quiere el arte como activismo político crítico; eso es un tipo de trabajo. También hay otro tipo: obras que tocan, refieren y conectan temas e historias que se vinculan a lo social y lo político. En lo personal me interesa la interpretación y la reinterpretación de ciertos tópicos comunes. Me interesa más la “microhistoria” y “micropolítica”, lo documental y la ficción fusionando hechos y subjetividades.

Creo que las cosas son personales y por ende políticas y viceversa, como en la obra de Félix González Torres, su vivencia diaria y su amor se combinaba con la lucha contextual. Por mi parte, lo que intento hacer es contar la misma historia, hablar de ella, pero versionando situaciones y hechos reales.

G.P: En el video que presentas en Matucana 100 observamos a una mujer que limpia un suelo incoloro. Allí son los frascos y las esponjas los coloreados, y el esfuerzo se transforma en algo incierto. ¿Qué relación estableces con la idea política de limpieza e higiene de la memoria en la actualidad? ¿Es algo así como una nueva manera de hacer un arte político?

C.Y: Creo que hay ciertas imágenes guardadas en el inconsciente colectivo y en el último tiempo mi obra se ha centrado en intentar traerlas a presencia. Victoria Allende limpia al pueblo de Chile es un ejercicio alegórico que busca reflexionar sobre la transición y lo inestable de nuestras utopías. Este es el país de “aquí no ha pasado nada”, un lugar donde se “limpia, se seca y se va”. La obra es blanca porque hace referencia al Libro Blanco, documento que busca justificar la violencia de Estado ocupada contra los propios chilenos.

G.P: Si nos referimos al cuerpo de tu obra podemos detectar relaciones que estableces con la tradición del minimalismo americano de la década de los sesenta, como una suerte de continuador de las experimentaciones formales aparecidas en esa época y contexto. ¿Cuál crees tú que es el aporte que realizas en esta continuidad? ¿Tiene que ver con la cuestión política? ¿Cómo la entiendes?

Iván Navarro: Para mí el minimalismo de los 60-70 se transformó en el arte oficial de la Guerra Fría y en una representación del secreto de Estado Americano. Lo que me interesa hacer con estas referencias históricas es dar cuenta del poder político que ciertas formas minimalistas pueden tener. Creo que sería ingenuo pensar el minimalismo como un arte formalista sin relación a su entorno político y social. El minimalismo, al industrializar las formas arcaicas del menhir y del totem se convierte muy atractivo para desarrollar la imagen corporativa de innumerables organizaciones públicas y privadas.

G.P: En el video que estás presentando en la Galería Video/Concreta en Matucana 100, vinculas un parque famoso de una ciudad metropolitana, un ciclista, un chaleco que emana palabras y un discurso de uno de los impulsores de la tortura en América Latina. ¿Qué relación consideras que se establece en estos elementos? Muchos espectadores lo vinculan con la idea del esfuerzo físico de entregar “energía”, algo parecido a la idea de la tortura, o a la silla eléctrica. ¿Cuál es tu lectura?

I.N: Uno de los primeros sistemas que se implementaron para torturar con electricidad fue el uso del telégrafo militar, que al mover una pequeña manivela transmite electricidad. Con esta manivela se pueda controlar la cantidad de electricidad suministrada al torturado, a través de cables conectados a sus testículos, por ejemplo. En el video, el dinamo o generador en fricción con la rueda de la bicicleta realiza la misma función que el telégrafo, transmitiendo, según el pedaleo, una señal eléctrica que se transforma en palabra.

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Gianfranco Foschino, The Kids & The Axe (2008-2012)

G.P: En los trabajos que has realizado en tu temprana carrera podemos observar videos que en un primer momento parecen fotografías. Integras mínimos movimientos que generan un guiño al ojo del espectador para que reconozca el material del soporte. ¿Cuales crees tú que han sido los motivos de esta “fijación” y cómo esta técnica, si es que podemos llamarla así, aparece también en otro tipo de formatos como el documental? ¿Hay relación?

Gianfranco Foschino: Me interesa detenerme en el tiempo porque es un ejercicio cada vez más escaso dentro de las frenéticas rutinas de la vida contemporánea. El video es un medio idóneo para descubrir lo que se esconde en el permanente movimiento de las cosas. Podríamos decir que es como una segunda memoria capaz de detener un momento que puede ser reproducido frente a los ojos del espectador cuantas veces se desee. Ésta es una de mis grandes fascinaciones: re-descubrir el mundo en una actitud contemplativa como un simple observador que se relaciona con diversas realidades a partir de un punto de vista fijo. Es así como estudio el comportamiento de las cosas y las conductas humanas.

Mis trabajos son una especie de pequeños documentales de la vida cotidiana y podrían asociarse a una rama del documental llamada “documental de observación”.

G.P: En The Kids & The Axe te insertas en un contexto del sur de Chile, frente a una casa de precarias condiciones; allí aparece una familia que realiza las labores del patio de atrás: cuelga su ropa, juega y deambula. El efecto es bello y cabe la pregunta: ¿Podemos estetizar la pobreza, qué consideras que entrega el ojo de la cámara en esta limpieza? ¿Cuál es tu mirada ante este problema?

G.F: The Kids & The Axe no habla directamente de la pobreza sino de ciertos modos de vida que actualmente están marginados al olvido. “Estetizar la pobreza” suena como que la pobreza fuera algo ajeno. Para mí Chile es un país pobre y esa es una realidad que se esconde constantemente a partir de los medios de comunicación. Creo que el rol del arte no es el de los objetos estéticos sino el de construir puentes que generen sentido y la televisión en este campo tiene una gran deuda que necesariamente tiene que ser contrarrestada; una forma de hacerlo es a través de la inserción del medio dentro de la artes visuales.