Hablar de arte de postdictadura es hablar de una idea cuya construcción tomará el mismo tiempo que toma superarla. Hablar de generaciones es hablar en diferido de fenómenos de construcción de identidades que superan el pensar y que traspasan las barreras del cuerpo, volviéndose experiencias directas, discretas o mediales, repetibles y a la vez singulares, acciones que usan la denuncia como soporte de acción para el simulacro.

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Foto: Teobaldo Lagos

El espacio público del otro europeo, el paisaje de la ciudad civilizada, es un entramado de regiones relacionadas entre sí a partir de repetidos pactos de reconciliación entre campo y ciudad; entre utopías del pasado y post-utopías; entre caídas y emergencias de sistemas de regulación y gobierno de la experiencia de vivir en la ciudad. Este campo de conflicto, de oposiciones, supresiones y omisiones es el escenario de trabajo artistas de aquel fenómeno en proceso de construcción que es el arte de postdictadura. En esa red compleja, MMM es la sigla que de forma discreta interviene en el paisaje de una Europa exotizada a través de estrategias mínimas de introducción de objetos extraños en esa topología otra donde toda emergencia y fracaso narrativos se vuelven imagen concreta, de hormigón y asfalto. Todo relato es un relato del futuro. Haya sucedido o no.

De lo que hablamos es algo de lo que no se habla por su existencia precaria y efímera en lo infinito de las relaciones que hacen del mundo real una experiencia: las radio-acciones de Marcela Moraga consistieron entre 2003 y 2008 en caminatas por espacios en los que esta época extraña que vivimos se veía cuestionada a través de actos performativos casi imperceptibles, orientados a la construcción de una comunidad de experiencias al margen de lo real: el espacio de las galerías, el espacio virtual de Internet, el de los espacios internacionales de exhibición, sus lenguajes estándar y en apariencia desvinculados de los léxicos locales.

El mínimo común denominador de estas intervenciones en lo cotidiano era un aparato de radio Ghettoblaster que transmite mensajes que reactivan al recuerdo y la memoria a través del ruido y la oralidad: cantos artificiales de pájaros que acompañan a una mujer desnuda y de cuerpo maquillado recreando el rito Selk´Nam del Hain en una de las tantas lagunas artificiales de los Países Bajos; una mujer que camina con un radio que reproduce sonidos de perros en un parque es ladrada y seguida por los perros vagabundos; una mujer de cabeza cubierta con un pañuelo dispara al cielo con el sonido de una pistola de juguete en aeropuertos, puentes y estacionamientos holandeses.

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Marcela Moraga, Wenn Ideen in Monumenten verschwinden, Video / Radio acción. Desde la radio se escuchan textos elegidos del manifiesto del partido comunista. Monumento a Marx y Engels, Berlín 2007. Cortesía de la artista

Una estatua a Marx y Engels en el Foro del mismo nombre en el centro de Berlín Oriental mira de frente al espectador de la pantalla sorda y muda que reproduce el paso del tiempo. En un segundo plano, el Palast der Republik – sede del parlamento de la extinta RDA – es desmontado por grúas. El aparato de radio a pies del monumento transmite a dos voces pasajes del Manifiesto Comunista. En el marco que da la pantalla, los paseantes son público y actor en un montaje que los supera. El ojo del espectador se vuelve entonces otro yo en pantalla, el tiempo se vuelve copia de sí mismo en el transcurrir, el discurso se vuelve banda sonora que acompaña el deambular. Un no-pasa-nada está constreñido en una secuencia del pasado cercano. La pantalla corre. Nadie se interesa mas que por la cámara vigilante.

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Cortesía: Nave Corsara

Esta nota es un reporte en diferido. A fines del 2011, el Palast der Republik ha desaparecido desde hace tres años. A fines del 2011, la estatua a Marx y Engels es desplazada con un argumento operativo: la construcción de una línea de metro frente a una explanada que habrá de rememorar en forma concreta al pasado burgués del Berlín del Káiser, el Berlín de siglos dieciochos y órdenes. Pensada por Ludwig Engelhardt en la década de 1970 y montada tras más de una década de estudios, revisiones y comisiones de control, de frente a la torre de televisión y de espaldas al parlamento, el monumento a los dos padres del socialismo científico formaba un eje que habría de rendir homenaje a la consolidación del futuro que servía de sustento al proyecto en su última etapa. El Palast, esa sede de la Volksdemokratie y espacio de su representación continua en forma de utopía urbana, sueño post-Bauhaus, edificio central de la mañana post-estalinista ha desaparecido.

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Cortesía: Nave Corsara

La obra nimia de Moraga quedó en la Red, marcando un punto en el que sólo lo momentáneo y fugaz tuvo sentido. Berlín es una ciudad cuyo presente en continua reconstrucción parece llegar a un fin, en el que la ciudad total es reemplazada por la ciudad completa. Este  relato es el de un mapa ideal que se realiza en el vacío post-caída del muro: la metrópolis del turismo, la metrópolis del suceder en cadena, en el que el espectáculo trasciende a cualquier pantalla y se vuelve experiencia viva y en tránsito, simulacro total que trasciende a cualquier utopía o lugar singular.

Los tiempos difusos exigen redundancia. El juego de emular a las tradiciones fue la última estrategia de la década pasada: discursos, sistemas políticos, generaciones que en Chile intentan recuperar el pasado perdido en un presente continuo. Como intentando recuperar el mito de origen de la Escena de Avanzada, el poner al aparato de radio por los tres minutos que dura la acción se asemeja en su vocación a una Milla de cruces sobre el pavimento de Lotty Rosenfeld, que cruzara el norte y el centro de Chile en busca de completar esa línea discontinua que se dejaba caer inerte sobre las vías de comunicación de una comunidad utópica deshecha, como los cartones de leche que el grupo CADA depositara en una caja de vidrio a principios de la década de 1980 tras recuperar voces y quejidos de ese ámbito del margen.

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Cortesía: Nave Corsara

En este corto video, Marx y Engels declaman por última vez en ese foro que no es foro ni alameda sino espacio de tránsito. El resultado es el sonido que se apodera de los cuerpos inertes por los tres minutos. La fuerza de las palabras está en su declamación – en su registro y declamación de artificio. Se abrirán las plazas públicas y explanadas de esparcimiento por donde pasarán y se preguntarán qué ha sucedido.

Éste es un ensayo, una nota en diferido. El mundo ha cambiado desde entonces. Una recuperación de la pintura, el dibujo y el taller como instancia creativa han desplazado a la acción del espacio de lo público, quizás abriendo paso a que las masas se apoderen de las calles. Todo ser humano es un artista y la memoria se ha enclavado en el espacio de lo privado. Tiempos de conservación y recogimiento. Éste es un ensayo, una nota en diferido.

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Cortesía: Nave Corsara

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Teobaldo Lagos Preller

Nace en Puerto Montt, Chile, en 1978. Vive y trabaja en Berlín. Es escritor e investigador asociado nivel Ph.D. en el grupo de investigación "Arte, Globalización, Interculturalidad" de la Universidad de Barcelona. Su proyecto se relaciona con prácticas de arte en el espacio público en Berlín tras la caída del Muro. Colabora en proyectos editoriales y curatoriales con artistas, colectivos e instituciones, como la Fundación Jumex (México), el Transart Institute (Berlín/Nueva York), y el Ministerio Alemán de Relaciones de Exteriores, entre otras.