La fotografía de Josefina Astorga busca retratar la imagen que ya no está, aquella que se olvida cuando se observa el recuerdo, imagen de la percepción de una experiencia que sólo permanece en la memoria y que se deslava paulatinamente con el paso del tiempo. Esto lo persigue en tomas donde priman las atmósferas por sobre los objetos. Atmósferas que, gracias a la técnica análoga, se acercan a las de un tiempo suspendido, al espacio intersticial entre la vigilia y el sueño.

Astorga participa, junto al colectivo La Unión, en la muestra Felisberto, bajo la curatoría de Ricardo Loebell, en Departamento 44, Santiago de Chile. Allí, la artista presenta el proyecto Post tenebras lux, una acción que consiste en invitar a donar una fotografía y depositarla en un recipiente sellado, que no nunca será abierto. La “resurrección” de estas imágenes vendrá a través de la descripción oral grabada que hará el propio donante sobre su fotografía. Así, el contenido de la caja, las imágenes, se preservarán históricamente por medio del relato subjetivo. Lo que busca este ejercicio es reflexionar sobre el ritual del entierro y su implicancia, despojando al propietario de la imagen del objeto en si mismo para quedarnos tanto con el recuerdo como con el imaginario.

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