“A man who is born into a world already possessed, if he cannot get subsistence from his parents on whom he has a just demand, and if the society do not want his labour, has no claim of right to the smallest portion of food, and, in fact, has no business to be where he is.[1]

(English version below)

I

Domesticidad y horror: es en el espacio entre ambos conceptos donde yacen mis intereses. En esta relativa abstracción se encuentran figuras de porcelana, mobiliario, electrodomésticos y, por supuesto, la miniatura. Todos estos materiales definidos siempre desde su dimensión doméstica.

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Jorge Cabieses-Valdés, vista de la exposición La Miniatura, de Jorge Cabieses-Valdés, en Kaapelin Galleria, Helsinki, Finlandia

 

II

Hogar y miniatura: una “sala de estar” es una miniatura en relación al resto del mundo. Esto no quiere decir que toda “sala de estar” sea necesariamente un modelo a escala del mundo. Muy por el contrario, es su dimensión privada la que define esta analogía. El modo en que esta sala se aísla de la contingencia del mundo es su condición más fascinante, esto es, una “sala de estar” de cualquier casa existente contra la escala del mundo.

Cuando manipulo objetos que provienen de entornos domésticos, no estoy necesariamente interesado en la historia del diseño de interior, sino en lo que estos objetos aluden. Al quebrar una figura de porcelana en cientos de trozos, lo hago pensando que el material con el que estoy trabajando tiene más que ver con siglos de convenciones sociales que con el objeto mismo. Si bien lo pretensioso de esta acción es evidente, el placer que genera siempre tiene una dimensión estética.

Como la mayoría de la gente, considero la omnipresencia de la clase media placentera, fácilmente identificable y trágica. Trabajar desde esta vaguedad espacial es desplazarse entre dos plataformas opuestas: la inconmensurabilidad del abismo contra el Brobdingnag de Gulliver.

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Jorge Cabieses-Valdés, vista de la exposición La Miniatura, de Jorge Cabieses-Valdés, en Kaapelin Galleria, Helsinki, Finlandia

 

III

(Cuando yo era niño, me encantaba mirar libros de arte Rococó, muebles del siglo dieciocho, papel tapiz o cualquier porcelana de la época. Recuerdo que deliberadamente confundía las imágenes de tragedias extraídas de la prensa, como explosiones de bombas  o desastres naturales, con el imaginario Rococó. Esta estética y las imágenes de desastres comparten un origen formal: es muy difícil para el ojo centrarse en un único elemento. Una especie de horrore vacui se aplica a ambos y debido a la confusión o a la atracción, empecé a coleccionarlos simultáneamente.)

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Jorge Cabieses-Valdés. Cortesía D21

 

IV

Vida privada y catástrofe: la contingencia de la vida no es más que la enorme plataforma donde vivimos jibarizados; como vivir dentro de la maqueta de una ciudad a escala o al interior de una licuadora. La catástrofe malthusiana dentro de la cavidad de una figura de porcelana.

Un simple hervidor de agua no sólo es definido por su dimensión funcional, sino también por el horror implícito en él, de la misma forma que un hogar es una bomba de tiempo instalada cientos de años atrás. Si aplicamos la miniatura a todo, como siempre he insistido, todo parece forzosamente una gran masacre.


[1] Malthus, Thomas. An Essay on the Principle of Population, 1798

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Jorge Cabieses-Valdés, En defensa del utilitarismo

On the Miniature

 

“A man who is born into a world already possessed, if he cannot get subsistence from his parents on whom he has a just demand, and if the society do not want his labour, has no claim of right to the smallest portion of food, and, in fact, has no business to be where he is.[1]

I

Domesticity and horror: the space between these two concepts is where my interest lies. Within this unquestionably abstract space are porcelain objects, furniture, electric appliances and, of course, the miniature.  These materials, all very functional, are always defined by their domestic dimension.

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Jorge Cabieses-Valdés, La Miniatura (La Plaga), 2011, instalación site specific, Museo de la Solidaridad, Santiago.

II

The home and the miniature: a living room is a miniature in relation to the world. This does not mean that a living room is necessarily a scale model of the world. Quite the contrary, it is the room’s private dimension that gives rise to the analogy. The way that such a room is isolated from the contingency of the world is its most fascinating aspect; the living room of an actual house set against the scale of the world.

When I manipulate objects that come from home environments, I am not necessarily interested in the history of interior design, but in what these objects might refer to. When I break a porcelain figure into hundreds of pieces, I prefer to think that the material I am working with is centuries of social convention rather than the object itself. Despite its evident pretentiousness, this action generates a pleasure that always has an aesthetic dimension.

Like most people, I find the ubiquity of the middle classes enjoyable, easy to recognize, and tragic. Working from within this spatial vagueness is to move between two opposing platforms: the incommensurability of the abyss and the Brobdingnag of Gulliver.

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Jorge Cabieses-Valdés, instalación en la muestra Imagen Local, Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Quinta Normal, Santiago.

III

(As a child, I loved looking at Rococo art books, eighteenth-century furniture, wallpaper and porcelain artefacts. I remember I used to deliberately confuse disaster images in the press, such as bombings or natural disasters, with Rococo imagery. These images share a formal origin: it is very difficult for the eye to focus on any single object. A kind of horror vacui applies to both, and due to this confusion – or attraction – I started to collect both.)

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Jorge Cabieses-Valdés, La miniatura, 2011, óleo y resina pigmentada sobre tela

IV

Private life and catastrophe: the contingency of domestic life is actually the huge platform on which we live jibarised, as though living inside a scale model of a city, or inside a blender. The Malthusian catastrophe taking place in the cavity inside a porcelain figure.

A simple kettle is not just defined by its function, but also by the horror implicit in it, in the same way that any home can be a time bomb. By persistently applying the concept of the miniature to everything, in the end, it all looks like a great massacre.


[1] Malthus, Thomas. An Essay on the Principle of Population, 1798

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