Quillagua, una localidad situada en pleno desierto de Atacama, en el límite entre las regiones de Tarapacá y Antofagasta, se ilumina cada noche con linternas, bajo el cielo estrellado. Es un lugar austero, que se puede entender y abordar desde sus extremos factores climáticos y geográficos, su historia y los relatos de sus 120 habitantes.

Desde tiempos precolombinos hasta antes del auge salitrero, Quillagua fue un lugar de intercambio comercial entre los pueblos indígenas, principalmente atacameños y aymara. Todo esto puede ser observado en sus zonas de petroglifos y algunos cementerios, sitios que han sido saqueados, en su mayoría, por los mismos pobladores para intercambiar las momias y los elementos ceremoniales por leche en polvo y otros alimentos escasos en la zona.

A estos atractivos históricos, arqueológicos, étnicos y sociales se suma su característico paisaje de grandes planicies, amplios espacios vacíos y vistas ilimitadas hacia el horizonte. Quillagua es “el lugar más seco del mundo”.

Es en este enclave donde el artista chileno Fernando Prats, representante de Chile en la última Bienal de Venecia, realizará la primera de una serie de residencias que buscan posicionar a esta localidad de Antofagasta como un polo de interés artístico de carácter transversal, antropológico y cultural. La residencia es organizada y gestionada por el Colectivo Se Vende Plataforma de Arte Contemporáneo, dirigido por la artista de origen polaco Dagmara Wyskiel.

Prats, que vive en Barcelona, llegó ayer a la región para inaugurar este programa de residencias, y parte mañana mismo a recorrer la zona por seis días, con la idea de descubrir el territorio y conversar con sus habitantes.

Las decisiones sobre la forma que últimamente adquirirá su trabajo de campo las tomará in situ, y el resultado se presentará en la muestra Acción Quillagua, que inaugura el 28 de julio en la Sala Multiuso de la Biblioteca Viva de Antofagasta, donde Wyskiel es curadora desde el año 2011.

Previo a la inauguración, el día 27, habrá una conferencia en la que Prats relatará su experiencia en la residencia y el crítico y curador Justo Pastor Mellado hablará de la participación del artista en la última Bienal de Venecia, con su obra Gran Sur. De este modo, ambos incitarán al debate en torno a las investigaciones de Prats en dos polos geográficamente opuestos: el territorio antártico, en el caso de Gran Sur, y el desierto de Atacama, en Acción Quillagua.

La obra de Prats debería revelar ciertas artistas de la localidad de Quillagua, «un lugar en absoluta decadencia, con una historia y un patrimonio precolombino que no está cuidado como corresponde», según Wyskiel. «Hay problemas de agua porque la minería se la roba y hay problemas serios de contaminación, de abusos de la empresa privada y el gobierno. Quillagua es un pueblo marginado, abandonado y abusado. Allí abundan problemas que, estudiados en profundidad, se convierten en universales».

La idea es que las residencias sirvan a los artistas invitados para descubrir lo que tiene reservado el desierto como «espacio inspirador». «Buscamos crear un núcleo cultural en el lugar más seco del mundo. Es un lugar potentísimo y único porque no existen residencias de arte al norte de Chile. Hay muchos artistas que ya quieren venir. Los artistas son invitados a trabajar en sus propios intereses. El pueblo es como un laboratorio, es pequeño pero tiene todo lo que puede interesar al artista contemporáneo. La residencia es un modo de formación alternativa», dice Wyskiel.

No está definido el perfil de artista para la residencia en el lugar más seco del mundo. Está abierta al arte contemporáneo, a artistas chilenos y de afuera, no sólo del campo de las artes visuales, sino también a los que trabajan con los cruces entre arte contemporáneo y otras disciplinas, como arqueología, antropología, filosofía, ética, crítica de arte, ciencia, astronomía y ecología. En Chile, estos cruces son escasos.

El laboratorio y  la residencia como prácticas artísticas logran una posición cada vez más fuerte entre las experiencias contemporáneas en el mundo. Esta tendencia de sacar al artista de su hábitat para insertarlo en un espacio nuevo está dictada por la necesidad de vincular el arte con la comunidad y el entorno y, en el caso de Quillagua, buscar relaciones, conocimientos e inspiraciones en un lugar inexplorado y sumamente atractivo.

Con la creación de las obras in situ se pretende insertar Quillagua como locación en los circuitos nacionales e internacionales de arte y darle visibilidad, logrando que aparezca en el mapa de sitios de atracción para los aristas, pero también para los turistas interesados en lugares auténticos y de interés cultural.

 

 

LA DESCENTRALIZACIÓN DE LA ESCENA

La residencia cuenta con el financiamiento del Fondart y es parte de un proyecto más amplio, Materialización de la Agenda de la Sala Multiuso Biblioteca Viva de Antofagasta, marzo – noviembre 2012, que también incluye talleres, exposiciones y conferencias. A través de esta iniciativa, Wyskiel espera convertir al desierto de Atacama en un «detonador de arte contemporáneo».

Parte del proyecto contempla una serie de exhibiciones con cinco artistas emergentes de la región, que no son artistas profesionales porque en el norte de Chile no hay escuelas de arte. Son artistas egresados de escuelas de arquitectura, diseño y periodismo que han aprendido a profesionalizarse y a conocer los diversos aspectos del arte contemporáneo -desde lo conceptual y los procesos metodológicos hasta los soportes y el montaje de obras- en las llamadas «cápsulas de formación» que organiza el colectivo Se Vende desde 2011.

«No es un curso formal y su flujo es dinámico. Así como llegan algunos alumnos salen otros. No me interesa trabajar con los mismos artistas que exponen en los cuatro o cinco espacios locales porque ellos ya son reconocidos y porque no hacen un trabajo experimental. Algunos de mis alumnos están trabajando con Prats en la residencia. Ni la mejor escuela de arte en Santiago ofrece estar con un artista como Prats en terreno. Lo fascinante de esto es que los chicos se empapan de la mirada de los invitados de afuera», dice la gestora.

Según Wyskiel, en las regiones de Chile es necesario crear plataformas alternativas de formación. «Yo no estoy en condiciones de abrir una escuela universitaria de arte, pero si de dar continuidad a un programa como éste. Me sorprendió la demanda que ha tenido; creció más de lo que esperaba. Estoy pensando qué hacer hacia futuro, cuando se acabe el financiamiento del Fondart. Espero que una empresa privada coja el modelo para transformarlo en algo más permanente».

El proyecto de Se Vende en Antofagasta también incluye la exposición, taller y conferencia Cuerpos Rebelados: la performance en Concepciónorganizados por la periodista y crítica de arte Carolina Lara. La muestra, que se presenta hasta el 24 de julio en la Sala Multiuso, reúne a cuatro artistas emblemáticos de un lenguaje que ha marcado al arte reciente en la capital de la región del Bío Bío: Guillermo Moscoso, Natascha de Cortillas, Luis Almendra y Alperoa (Alvaro Pereda Roa). Sus obras se materializan en diversos formatos, incluidos videos, fotografías, intervenciones y trabajos objetuales, registros o piezas realizadas a partir de acciones recientes, incluyendo propuestas inéditas.

La exhibición es un acercamiento a lo que ha ocurrido en el último tiempo en Concepción en torno a prácticas donde lo esencial ha sido la presencia –cargada de significados– del cuerpo del artista en el paisaje o la ciudad, una interpelación al transeúnte o ciudadano con un poder expresivo capaz de prescindir de los aparatajes institucionales y de circuito.

En forma paralela a la exposición, Lara realizó en el Centro Cultural Estación Antofagasta dos actividades de extensión: una conferencia titulada Curatorías y curadores en la escena del arte actual, sobre la imprescindible figura del curador y experiencias emblemáticas para la escena del arte nacional e internacional; y el workshop Periodismo Cultural: nuevos desafíos y formas de educar, abierto a periodistas y estudiantes de periodismo de la zona. En formato charla-taller, esta actividad analizó el periodismo cultural como una práctica imprescindible en los procesos de información y formación de la sociedad que, sin embargo, se ha desperfilado y se ha visto afectado por los nuevos desafíos y urgencias que imponen tanto el contexto global de cambios sociales como la realidad regional.

Finalmente, el proyecto contempla para noviembre, en Antofagasta, una mesa redonda y exhibición de La Red, plataforma que vincula a los colectivos Se Vende (Antofagasta, Chile), La Guarda (Salta, Argentina) y La Punta (Tucumán, Argentina). En el encuentro, reflexionarán sobre cómo trabajar geográficamente alejados de los centros del arte contemporáneo, sin mirar a la capital sino más bien buscando puntos de referencia locales.

«El tema de la descentralización es bien importante para nosotros, y este proyecto apunta hacia eso, porque en él confluyen el Sur de Chile (Concepción), el norte argentino y el extranjero (Prats vive en España)», dice Wyskiel.

La artista y gestora define la escena del arte de Antofagasta como cerrada, pero es optimista ante el número cada vez mayor de artistas emergentes, de esa otra generación más joven que ella misma está formando.

«La falta de escuelas de arte es un tema tremendo. Me vine a vivir a Antofagasta hace 11 años porque el rector de una universidad me había dicho que reabrirían las escuelas de arte que habían cerrado en el 73, y todavía no pasa nada. Mientras tanto, se han abierto como diez escuelas de ingeniería. Lamentablemente, acá las universidades funcionan como la sociedad del norte, subordinadas a la mentalidad del ingeniero y del minero. Esto está marcando cómo se percibe la ciudad, cómo se forman los niños. El materialismo y el consumo imperan en Antofagasta. Por otro lado, la escena de pintores de 40-50 años de edad es un poco cerrada, bastante machista, no se ha ido renovando. Había una gran escena en Antofagasta antes del 73, cuando Juan Castillo vivía aquí; a finales de los 60 y principios de 70 hubo un gran auge y se apagó por 40 años, porque no se reabrieron las escuelas, porque no hay profesionales ni artistas que conduzca los pocos espacios de exposición. Pero hay una nueva ola de artistas emergentes, que son como esponjas, que quieren aprender y viajan a Santiago o Buenos Aires. Esta generación, de alguna manera, va a construir una nueva escena local».

 


Imagen destacada: Acción en el cráter de Quillagua – Karen Perry (México), Arcangel Constantini (México), Marisa Caichiolo (Argentina/EEUU) y Dagmara Wyskiel (Polonia/Chile).

 

 

 

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.