Christián Viveros-Fauné, crítico y comisario chileno asentado en Nueva York, está viajando con más frecuencia a Chile, por motivos que podrían sorprender a algunos que lo conocemos hace algún tiempo: a su modo de ver, hay cosas pasando en el ambiente, pequeños gestos de avance en algunos frentes del arte contemporáneo en los últimos diez años, y no quiere perdérselos. Por ejemplo, lo que está pasando con el llamado «nuevo galerismo» (en realidad ya ni tan nuevo, y por cierto venido a menos con el cierre de Moro, Animal y Loewenthal). «Las galerías han mejorado en los últimos diez años. Están las de Alonso de Córdova, que llevan más tiempo. Pero todas las nuevas que están por acá abajo representan una mejoría real. Es plata privada. Es capital cultural privado».

Su posición frente a la histórica dependencia de las artes del financiamiento público en Chile es muy clara. «Para mi, si realmente el gobierno, los privados, las instituciones y los museos se tomaran en serio este modelo (de EEUU) algo se podría sacar. Puede que no sea el modelo absolutamente idóneo para el país, pero platas públicas realmente grandes nunca va a haber. Sabemos de la Fondartización de la cultura y los problemas que eso conlleva. En definitiva, si se incentivara el mecenazgo privado, sería una cosa muy bienvenida».

Entrevistamos a Viveros-Fauné hace unos meses, cuando vino a curar la muestra Silencio para 5 + En la Pampa, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Ahora publicamos otra parte de una larga conversación sostenida durante esa visita a Santiago.


Ahora que vienes más a menudo a Chile, ¿cómo ves el circuito?

Estuve conversando con el traductor de mi libro, sobre lo fregado que es para los artistas chilenos tener que irse y no poder volver. Hay una falta de conexión entre este país y el que sale: el síndrome Raúl Ruiz. Es una pérdida de recursos increíble para el país. Se entiende que institucionalmente todo está en pañales acá, pero vislumbro algo de continuidad en el trabajo. La misma Bienal de Venecia, que aunque sea una cuestión tipo escaparate, es bueno que haya continuidad, que se haya hecho ese esfuerzo, que no es poca cosa, particularmente en este gobierno. El artista que fue este año (Fernando Prats), a mi en lo particualr no me place. Lo encuentro bastante malo.

Todo esto va inserto dentro de la línea de este gobierno, que es crear industrias culturales y empujar la Imagen País…

Son conceptos, pero no hay nada. Y son problemáticos por razones evidentes. Creo que si se fuera a aplicar de una forma realmente práctica, no solo de palabreo, sería tremendamente beneficioso. Se pueden sacar recursos de la cultura. Como tú sabes, en Nueva York los museos realmente sacan dinero. Hasta en las artes plásticas hay dinero, hay una industria importante. No hay tanta plata pública.

En EEUU estos dineros públicos se han ido reduciendo con los años. El National Endwonment for the Arts (NEA) ha ido menguando…

Es un fondo público, que sigue siendo una miseria, pero que ha aumentado con Obama. Iba bajando desde la época de Reagan, cuando hubo estas grandes peleas con Mapplethorpe y con Wojnarowickz, que hacían obras en parte minoritarias, financiadas con fondos públicos. Los republicanos armaban tremendos escándalos porque les ofendía la moral. Esas guerras culturales, the cultural wars, decantaron en una masacre a lo que fue el financiamiento público, que ya era poco. El porcentaje normal (del presupuesto del Estado que se destina a la cultura) en Europa es de un 10 por ciento, mientras que en EEUU es menos de 0,5 por ciento. Es ínfimo. Así que todo se hace con plata privada. El raciocinio es que se hace con fines de lucro, inclusive cuando se trata de organizaciones sin fines de lucro. Los museos tienen que generar dinero porque si no no existen.

Por eso los museos en EEUU han inventado estas muestras blockbuster, tipo espectáculo popular…

También. Pero vamos a ser claros: las cosas funcionan allá y aquí malamente. Para mi, si realmente el gobierno, los privados, las instituciones y los museos se tomaran en serio este modelo (de EEUU) algo se podría sacar. Puede que no sea el modelo absolutamente idóneo para el país, pero platas públicas realmente grandes  nunca va a haber. Sabemos de la Fondartización de la cultura y los problemas que eso conlleva. En definitiva, si se incentivara el mecenazgo privado, sería una cosa muy bienvenida.

En el sector privado chileno hay varias galerías que, como sabes, son jóvenes, pero que en conjunto podríamos decir que funciona bien…

Si, las galerías han mejorado en los últimos diez años. Están las de Alonso de Córdova, que llevan más tiempo. Pero todas las nuevas que están por acá abajo representan una mejoría real. Es plata privada. Es capital cultural privado.

Ya una de ellas cerró, la galería Moro…

Qué pena, qué lata… Pero esas cosas también pasan, hasta en las mejores familias. En Chelsea (Nueva York) pasa a cada rato. Unas van y otras vienen.

Una cosa interesante que está pasando y que te quiero comentar es la movida de los artistas más jóvenes, menores de 30 años. Hay mucho talento entre esta nueva generación, que se ha despegado un poco de la academización y la política y que se acerca más bien a temas personales o a la exploración de los medios con los cuales trabajan. Hay conexiones más universales. No se mira tanto hacia lo local aunque se produce en un contexto local.

Eso es nuevo y muy importante, especialmente en Chile. Hay una viveza de los artistas jóvenes chilenos frente al mundo.

Están más preparados…

Más preparados y tienen menos complejos. Ha habido varias generaciones desde la Escena de Avanzada que han tenido serios problemas para insertarse en la escena global, y en parte eso ocurre por el típico síndrome del chileno de tener una tradición provinciana, autosuficiente, con una especie de complejo de inferioridad respecto a lo que hay afuera, a lo que impera en los grandes centros. Comparto contigo que los artistas más jóvenes son bastante más universales. Les da lo mismo la teoría crítica, se van a otras cosas, como el historial del medio: lo cuestionan, lo problematizan. Pero de ahi uno puede pegarse varios saltos y llegar a la política, pero una política con mayúsculas, de forma universalizada, no pensando necesariamente en tradiciones y problemáticas netamente locales, que se traducen poco afuera, y eso es un problema. Es importante también ir saliendo del síndrome “pasaporte chileno” (el golpe), que es una cuestión que va a estar con nosotros por mucho tiempo, como lo fue (para los españoles) la Guerra Civil. Al chileno en general se le conoce por ese hecho, sea o no artista.

¿Crees que todavía el mundo del arte contemporáneo espera eso de un artista chileno?

Menos. Es un punto de contacto importante. Es un tema de conversación. Pero lo que veo con la gente más joven es que sacan estas temáticas pero de soslayo, no necesitan enfrentarse a ese magno evento de una forma absolutamente directa o unidireccional. Eso lo veo con muy buenos ojos. Es un desarrollo importante. Yo haría hincapié en que en la última década las cosas han mejorado en Chile. Mi visión es una visión de extranjero.

¿Desde cuándo no vives en Chile?

La verdad, lo que he estado en Chile es poco. He vivido entre Chile, Europa y Estados Unidos desde que tenía un año de edad. Ultimamente he estado viniendo más seguido.

¿Eso por qué? ¿Porque te atraen estos cambios que mencionas?

Por lo cambios, si. Porque veo que hay un ambiente propicio para hacer cosas y no es fácil hacer cosas. Dan ganas de hacer cosas cuando hay vacíos importantes.

Vacíos y oportunidades…

A eso me refiero.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.