Ai Weiwei no tiene miedo a las consecuencias de sus acciones y dichos. Figura del arte conceptual, arquitecto, diseñador, cineasta y editor, la crítica social y política que encierra su discurso nos dibuja a un personaje incómodo. Aunque ha sido principalmente su uso de Internet para exponer la represión y corrupción en su país lo que lo convirtió en indigesto para las autoridades comunistas, su trabajo completo cuestiona directamente el imperialismo cultural.

Por mucho tiempo fue advertido por distintos medios del gobierno para que detuviera su actuar. Derribaron su estudio en Shangai y enviaron mensajes directos por medio de la prensa nacional, acusándolo de estar a punto de “cruzar la línea roja”. Pero para él, ser artista hoy en China tiene un significado más fuerte que cualquier obstáculo. “Me expone a la realidad de las condiciones actuales, y exijo mi derecho a discutir abiertamente y dar mi opinión sobre la cultura, la sociedad y la política […] Pero hacerlo es complicado”, reconoce. “Debes ser capaz de cuestionarte, colocarte en una posición difícil y quedarte con las manos completamente vacías”.

Durante su captura sin orden de arresto -justificada después por una supuesta evasión de impuestos- y durante su desaparición, que duró más de dos meses, Weiwei recibió apoyo de importantes figuras internacionales, lo que demostró la importancia que tiene como ícono de libertad de expresión. Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, la Unión Europea y Australia se unieron a la ONG Amnistía Internacional (AI) y otros grupos para pedir su liberación. El Guggenheim Museum de Nueva York lanzó una petición en línea que atrajo 142.755 firmas. Otros importantes museos de arte de todo el mundo, incluyendo el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), la Tate de Londres, la Bienal de Corea del Sur Gwangju, y el Museo Nacional de Arte Moderno de París, promovieron la petición a través de sus sitios web, Twitter y las cuentas de Facebook. Paolo Baratta, presidente de la Bienal de Venecia, recordó por escrito al embajador chino que en la bienal faltaba la voz del disidente. El francés Daniel Buren canceló una exposición en Pekín y Anish Kapoor rechazó la oferta de exponer en el Museo Nacional de China, ambos como otra forma de protesta contra la detención prolongada del artista. En la conferencia de prensa en la ciudad de Venecia, ocasión de la presentación de su obra Ascension en la Fundación Giorgio Cini, Kapoor comentó que aunque él no conoce personalmente al artista chino, cree firmemente en la democracia y piensa que este apoyo es un especie de deber moral. Incluso había pedido que se propusiera un día de cierre en todos los museos como protesta en favor de Ai Weiwei.  Y no olvidemos que el día de la inauguración de su exposición Leviatan, en el Grand Palais de París,  dedicó su obra al artista chino.

“Estoy muy bien”, manifestó el artista chino de 53 años de edad a la agencia de noticias española EFE, aclarando al instante que “no es conveniente hablar ahora. No me permiten hablar con los medios, porque voy a estar en libertad bajo fianza pendiente de juicio durante un año”. Libre pero en silencio. Desde el pasado 3 de abril, Ai no actualiza su cuenta en Twitter, el foro en el que ventilaba sus críticas al régimen chino y casos de abusos a los derechos humanos.

Silenciado Ai, habla su obra. Destacan aquellas –repasadas aquí en orden cronológico- que expresan su fuerte descontento, como un puño directo al ojo:

 

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The Unilever Series: Ai Weiwei, Sunflower Seeds, 2010, Cortesía Tate Modern London. Foto © Ai Weiwei

 

>>La serie de tres fotografías en blanco y negro, realizada en 1995, llamada Dejando caer un jarrón de la dinastía Han (202 a.c-220 d.c), donde destruye sin reparos una pieza de cerámica antiquísima e invaluable.

 

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Dropping a Han Dynasty Urn, 1995-2004, impresión digital en blanco y negro, tres partes. 3 x 148 x 121 cms. Cortesía Galerie Urs Meile, Lucerne © Ai Weiwei

 

>>June 1994, la fotografía de su esposa Lu Qing alzando su falda frente a la entrada de la Ciudad Prohibida, en cuya fachada se exhibe un enorme retrato de Mao

 

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June 1994. Cortesía: www.artspeakchina.org

 

>>Estudio de  Perspectiva (1995-2003), donde el artista levanta su dedo medio en contra de diferentes lugares alrededor del mundo, muchos de los cuales son icónicos en sus respectivos países. El gesto confronta al espectador a un declaración concisa de oposición política.

 

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Study of Perspective, 1995-2003, copias de plata en gelatina,  50 x 70 cms. Cortesía Mary Boone Gallery, Nueva York © Ai Weiwei

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Study of Perspective, 1995-2003, copias de plata en gelatina,  50 x 70 cms. Cortesía Mary Boone Gallery, Nueva York © Ai Weiwei

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Study of Perspective, 1995-2003, copias de plata en gelatina,  50 x 70 cms. Cortesía Mary Boone Gallery, Nueva York © Ai Weiwei

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Study of Perspective, 1995-2003, copias de plata en gelatina,  50 x 70 cms. Cortesía Mary Boone Gallery, Nueva York © Ai Weiwei

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Study of Perspective, 1995-2003, copias de plata en gelatina,  50 x 70 cms. Cortesía Mary Boone Gallery, Nueva York © Ai Weiwei

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Study of Perspective, 1995-2003, copias de plata en gelatina,  50 x 70 cms. Cortesía Mary Boone Gallery, Nueva York © Ai Weiwei

 

>>Sunflower Seeds, una inmensa escultura  compuesta de 100 millones de semillas de girasol de porcelana pintadas a mano, que en su naturaleza  contemplativa nos anima a considerar cuestiones de gran relevancia sobre nosotros mismos y nuestro mundo. ¿Qué significa ser un individuo en la sociedad actual? ¿Somos insignificantes o impotentes a menos que actuemos juntos? ¿Qué significan nuestros crecientes deseos y el materialismo para nuestro futuro?

 

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The Unilever Series: Ai Weiwei, Sunflower Seeds, 2010, Cortesía Tate Modern London. Foto © Ai Weiwei

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The Unilever Series: Ai Weiwei, Sunflower Seeds, 2010, Cortesía Tate Modern London. Foto © Ai Weiwei

 

>>Circle of Animals/Zodiac Heads es un conjunto de doce cabezas de animales de bronce que reproducen las esculturas del zodíaco tradicional chino que adornaron en su época un palacio de la China imperial en Pekín. Sólo las disfrutaban unos pocos, así que Weiwei decidió democratizarlas y exponerlas para que el mundo las apreciara.

 

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Circle of Animals / Zodiac Heads, bronce. Instalación en la Fuente Pulitzer, Nueva York, hasta finales de julio de 2011. Foto: Scott Beale / Laughing Squid

 

Como activista, Ai Weiwei ha brindado apoyo vocal al preso político Liu Xiabo, que recibió el Nobel de la Paz en 2010 y fue sentenciado a 11 años de carcel, e investigó el papel del gobierno en el derrumbe de varias escuelas tras el terremoto de Sichuan en 2008, lo que lo llevó a realizar una instalación en memoria de los niños muertos en esta catástrofe.

Durante su arresto, y más allá de ello, Ai ha seguido exhibiendo por el mundo. Sus muestras recientes se han convertido en eventos tanto artísticos como políticos. A finales de abril, la Neugerriemschneider Gallery de Berlín abrió una exposición de esculturas acompañada de una gran pancarta que decía: “¿Dónde está Ai Weiwei?”. En una ceremonia para la inauguración Circle of Animals/Zodiac Heads,  el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, llamó a Ai “uno de los artistas más talentosos, respetados y dominantes de nuestro tiempo”. Y la curadora de arte asiático del Museo Guggenheim, Alexandra Munroe, leyó en esa ceremonia la que se ha convertido en una de las reflexiones más notables del artista: “Sin libertad de expresión no existe un mundo moderno, sino bárbaro”.

Ai Weiwei nace en Beijing el 18 de mayo de 1957. Es hijo de Ai Qing, uno de los mejores poetas chinos del siglo xx, quien fue acusado de intelectual derechista por el régimen de Mao Zedong y más tarde desterrado a la región musulmana de Xinjiang, al oeste de China. Los años de destierro fueron tiempos duros, en los que el poeta fue obligado a limpiar letrinas públicas y le fue prohibido publicar. Esos años marcaron profundamente al artista en su adolescencia:

“Mi padre era un hombre sencillo. Su sensibilidad siempre se dirigió hacia la gente corriente y los aspectos esenciales de la vida. Pero su mente no era muy práctica. Luchó entre su pensamiento literario y el momento político que le tocaba vivir. Batalló toda su vida por la justicia y comparto con él este sentimiento”.

De vuelta en Pekín en 1978, estudió dos años en la Academia de Cine de Beijing. Más tarde emigra a Estados Unidos, donde se integró al mundo cultural neoyorquino –frecuentaba al poeta Allen Ginsberg, al pintor Keith Haring y al fotógrafo Robert Frank. Estudió un tiempo en la Parsons School of Design y en el Art Students League, pero no completó ninguna carrera. “En Estados Unidos aprendí sobre el arte conceptual, el minimalismo, el arte pop, y Marcel Duchamp, que me influyó profundamente. Aprendí a ser un artista inteligente, no un artista únicamente con habilidades visuales o técnicas. Éstas hacen falta, pero sólo como herramienta para representar tu idea. Mucha gente tiene talento. Pero el talento es sólo una forma de realizar presentaciones de forma agraciada. Esto no significa que estén relacionadas de forma inteligente con la vida misma. El ser humano es frágil y olvida fácilmente el sufrimiento de los demás. Para vivir hoy, hace falta tener una mente clara y fuertes convicciones. Desde una edad muy joven empecé a sentir que una persona tiene que dar un ejemplo en la sociedad. Tus propios actos y comportamiento dicen al mundo quién es uno y, al mismo tiempo, qué tipo de sociedad crees que debiera ser”.

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Caroll Ventura