Vivimos en un mundo que creemos conocer, que creemos hemos dominado y domesticado. Sentimos que es un lugar seguro en que podemos ver el tiempo pasar como en un constante déjà vu, días que se repiten, palabras comunes, olores y sonidos. Pero a veces toda esa cotidianeidad se ve derrumbada por la otra realidad que palpita bajo nuestros zapatos y que no acostumbramos a escuchar. El mundo se vuelve un país extraño del cual nos sentimos exiliados, en el que ya no podemos reconocernos ni a nosotros mismos. De pronto el mundo habla, la naturaleza se remece y hace cosas, hace terremotos, hace tsunamis, hace que los volcanes entren en erupción y con ello hace que se desvanezcan todas nuestras ilusiones, que nunca dejaron de ser más que espejismos, proyecciones de lo que creíamos debía ser el mundo que habitamos.

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Gran Sur, del artista chileno Fernando Prats, en la Bienal de Venecia. Foto: Carolina Castro J.

Este mundo requiere que a veces nos comportemos como verdaderos aborígenes y que retomemos prácticas tan ancestrales como cavar un agujero en la tierra para alimentarla, plantemos árboles y hagamos ofrendas. El chamanismo se basa en la premisa de que el mundo visible está dominado por fuerzas o espíritus invisibles que afectan las vidas de los vivientes.

Fernando Prats se comporta como un chamán creando sus propios ritos testimoniales, acercándose a los lugares en que todo lo que había ha perdido la forma, ha cambiado su aspecto e incluso desaparecido, buscando “imprimir” lo que dejó el paso de lo invisible. “La relación de Fernando Prats con todos sus proyectos es de compromiso vital, de la experiencia que le afecta y que quiere vivir, a la que se quiere enfrentar, de la que no quiere ser puramente alguien que la contempla o la representa sino que quiere ser alguien también que se implica en la forma en que esas huellas de la realidad se imprimen en su propio discurso y en su propia actitud fundacional”.[1]

La obra de Prats está muy marcada por la “naturphilosophie” que también influenciara a Joseph Beuys. Su apuesta es un trabajo orgánico en que el artista juega un papel esencial, concibiendo el mundo como una proyección del observador en el cual el impulso vital es el motor de toda idea.

Como señalaba Paul Klee, el arte tiene la capacidad de comunicarnos en la dimensión de los enigmas. En la sala que ocupa Gran Sur en el Arsenale de la Bienal vemos algunos papeles enmarcados y también un par de videos, al fondo dos vitrinas en las cuales están guardados arqueológicamente papeles con los cuales Prats imprimió los rastros del terremoto que afectó a Chile el pasado 2010 y también la erupción del Volcán de Chaitén en 2008. En esas pilas de papel hay algo oculto y enigmático, la magia de lo que no se ve e imaginamos es.

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Piezas alusivas al terremoto en la zona centro sur de Chile (2010), Gran Sur, del artista chileno Fernando Prats, en la Bienal de Venecia. Foto: Carolina Castro J.

En la obra de Prats la magia aparece como la dimensión no resuelta de los problemas artísticos, es decir, que no son filosofía ni ciencia. “Esa magia es una forma de pensamiento que no tiende hacia lo epistemológico ni hacia lo deductivo argumental, sino que nos lleva a pensamientos de dimensión del onirísmo, de la dimensión pulsional, a las formas del inconciente del discurso fragmentado, en el tartamudeo mental, en el lapsus, y en el parpadeo de lo que apenas somos capaces de comprender”.[2]

Prats ha reflexionado en una dimensión mas allá de lo material, señalando que no todo termina en el horizonte de la comprensión y que eso que hay más allá, esa magia, es la que hace que el arte pueda ser una reinvención del mito, del mito colectivo, de ese mito que surge del rito y de la ceremonia y que es capaz de crear un espacio de comunicación y comunión entre nosotros y la naturaleza a través del arte.

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Intervención en torno al impacto de la erupción volcánica en Chaitén (2008), Gran Sur, del artista chileno Fernando Prats, en la Bienal de Venecia. Foto: Carolina Castro J.

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Intervención en torno al impacto de la erupción volcánica en Chaitén (2008). Cortesía: Fernando Prats

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Intervención en torno al impacto de la erupción volcánica en Chaitén (2008). Cortesía: Fernando Prats

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Intervención en torno al impacto de la erupción volcánica en Chaitén (2008) Cortesía: Fernando Prats

En los videos de Prats no hay una afán documental, tampoco performático -al menos no al modo tradicional del performance-, no es una película, tampoco es una pintura, es simplemente el registro de esas huellas, es la fricción del sujeto que intenta ir en contra de las normas de la vida, de ir  hacia donde se supone que ya no queda nada, donde pareciera que nada puede nacer bajo las cenizas. Sin embargo, nace una obra de la experiencia de buscar en lo olvidado el recuerdo.

Gran Sur ocupa en la Bienal de Venecia un espacio privilegiado, como lo ocupara también el neón que hace de entrada al pabellón en la Isla Elefante con la cita de Shackleton: “Se buscan hombres para viaje arriesgado, poco sueldo, frío extremo, largos meses de oscuridad total, peligro constante, regreso a salvo dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Prats consigue crear un espacio en medio de la contemporaneidad en el cual es posible reivindicar la lírica sin caer en la charlatanería, en el tono blando y despectivo de la poesía, sino que consigue, a través de una poesía que no es consolatoria ni sublimatoria, mostrarnos lo terrible de los acontecimientos que nos desbordan. “ La idea era llevar el arte a ese epicentro de fuerza, en la Antártica, en el Polo Sur, es decir, solamente a través del arte ese neón podía entrar y convivir con esa energía”.[3]

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Instalación con letras de neón con el anuncio que el explorador irlandés Ernest Shackleton habría publicado, alrededor de 1911, convocando hombres para su expedición a la Antártica. Fachada del Pabellón de Chile en la Bienal de Venecia. Cortesía Antonio Arévalo

El protocolo

La 54ª edición de la Bienal de Venecia ha recibido la obra de Prats no solo con el respeto que se merece sino también con asombro y con el lenguaje de esa misma poética con la que desarrolla su obra. El mismo día de la inauguración el periódico Italiano Il Manifesto publicó en el destacado a doble página dedicado a la Bienal un apartado sobre Gran Sur en el que señala la obra de Prats como la “Nature morte dalla fine del mondo”. No solo es un honor que la prensa Italiana destaque la participación de Prats en la Bienal, sino también una gran señal de que es necesario que nuestro país tenga una presencia constante en este evento. Si bien es cierto el respaldo de las instituciones chilenas es indispensable, lo más importante es que puedan llegar a comprender que “el arte contemporáneo es un  lenguaje alto y que a través de éste se puede llegar también a una gran parte de la población universal”.[4]

La presencia del Ministro de cultura chileno, Luciano Cruz Coke, fue sin duda importante en cuanto a lo que su figura política representa, ya que pocos de los personajes vinculados a la cultura en Chile han visitado alguna vez la Bienal. Lamentablemente, su discurso ha dejado entrever que nuestros voceros culturales están lejos de ser grandes eruditos, y es algo que necesitamos pulir. Así mismo podemos hablar de los protocolos con los que se desarrollaron los hechos: durante la ceremonia inaugural, el curador Fernando Castro Flórez dio un discurso profundamente emotivo y de una compenetración absoluta con el trabajo de Prats, pero lamentablemente no fue posible oír las palabras de quien ha sido el promotor inicial de la participación de Chile en Venecia y comisario de la exposición, Antonio Arévalo, ya que el protocolo de la ceremonia dispuesto por la organización chilena no lo había contemplado. Muchas cosas no fueron contempladas por el protocolo, pero afortunadamente eso es algo que solo comentamos los asistente tras bambalinas con algo de vergüenza ajena, de sentir que aún en Chile lo chileno causa cierto espanto.

Por la noche y para celebrar la gran participación de Fernando Prats con su Gran Sur se llevó a cabo una cena. Fueron invitados diversos personajes vinculados con la organización y al artista, así como también Alfredo Jaar, quien se perfila como el posible elegido para la Bienal de 2013. Nuevamente, el protocolo cometió un pequeño desatino: aunque desconozco con certeza los motivos por los cuales Arévalo no fuera sentado a la mesa con el artista, el curador y el ministro y en su lugar fuera ubicado un invitado internacional, los hechos dejan un olor a oportunismo. En buen chileno, se “muestra la hilacha”.

“La Bienal es una carrera de caballos de raza donde tu tienes que presentar lo mejor que tienes”.[5] Lo mejor que tenemos son nuestros artistas y Fernando Prats ha dejado y dejará en los visitantes que acudan a la Bienal una gran impresión de lo que es el trabajo arduo y comprometido de un artista con su obra.

Sin duda la participación de Alfredo Jaar en la próxima edición de la Bienal puede ser un gran acierto. Un artista que ya está ubicado internacionalmente, que ha trabajado con grandes instituciones y ha conseguido un gran reconocimiento en el arte mundial puede sin duda significar para Chile un estatus en la contemporaneidad del arte, permitiendo en el futuro apostar por las nuevas generaciones.


[1] Entrevista al curador de la muestra Fernando Castro Flórez.

[2] Entrevista al curador de la muestra Fernando Castro Flórez.

[3] Entrevista a Fernando Prats

[4] Entrevista al Comisario Antonio Arévalo

[5] Entrevista al Comisario Antonio Arévalo

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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.