Como panorama de la fotografía que realiza un grupo de jóvenes chilenos, la muestra que presenta el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Parque Forestal es un proyecto contingente y necesario. No sólo porque nunca se había realizado una antología visual de fotografía joven de Chile, sino porque expone a un grupo particular de 22 fotógrafos que, a propósito de la generación a la que pertenecen, se escapan del lenguaje “tradicional” de la fotografía chilena.

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Cristóbal Traslaviña, de la serie ¿Cómo documentar el mundo sin renunciar a asumir una posición, la mía propia, en este mundo? 2006-2011, fotografía analógica, 28 x 45 cms, 13 x 18 cms.

Impulsada por Fotoespacio, un portal de difusión de la fotografía contemporánea, Antología Visual de Jóvenes Fotógrafos, Chile 2010-2011 retrata lo que ha sucedido en años recientes con la fotografía en Chile, destacando temáticas recurrentes de contenido tanto político y social, como personal y de conceptos. En general, la muestra presenta imágenes donde prima el registro de lo decante y lo visceral, la realidad contemporánea chilena –a modo de foto documental o fotoperiodismo- y temas como la enfermedad, la vejez, la pobreza, lo marginal, la belleza de lo sucio y de lo feo, aquello de lo que no se habla y es tabú, como la vida de los trasvestis y el desnudo explícito.

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Celeste Rojas, de la serie aunquenoentendamosnada, 2001, fotografía analógica, 13 x 18 cms.

Si bien estos tópicos se engloban en lo que podría llamarse una “subcorriente” de la fotografía que se hace hoy en Chile, otros fotógrafos se inclinan por el carácter más bien sensorial del medio, su potencial para explorar estados mentales o para  registrar, a modo de tipografías o cartografías visuales, fenómenos urbanísticos o de cambio social. Otros indagan en lo cotidiano, lo íntimo y lo común, a modo de documental pero desde una perspectiva personal.

Los jóvenes fotógrafos chilenos parecen explorar más el retrato como género que, por ejemplo, el paisaje imponente, y al menos en esta muestra quedan ausentes los cruces de la fotografía con otros medios. Esta antología rescata a artistas que siguen trabajando con la fotografía analógica, y deja afuera a un grupo de jóvenes que se insertan en la subcorriente de la fotografía ficcionada, del fotomontaje digital que toma prestado de lo cinematográfico, lo fantástico, la puesta en escena y la estética de la publicidad.

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Vista general de la exposición

“Lo que se exhibe es el resultado de una convocatoria y selección cuyo objetivo es recopilar los trabajos de fotógrafos de hasta 33 años, procurando marcar un hito en las representaciones y desplazamientos de la fotografía contemporánea chilena”, dice un jurado compuesto por Rodrigo Casanova, Leonardo Infante, Jaime Morera y Leonora Vicuña.

“Esta Antología es, seguramente y como todas, incompleta y llena de fallas. Consecuentemente, esto generará comentarios ácidos e insatisfacciones múltiples. Sin embargo, da cuenta de un determinado momento y una determinada mirada.

Los convocantes no tratamos de ser justos ni pretendemos ser los poseedores de la verdad absoluta ¡Dios nos libre de caer en esa tentación! Solo tratamos de hacer un retablo que muestre las principales tendencias fotográficas que mueven y motivan, hoy, a las y los jóvenes fotógrafos chilenos”.

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Vista general de la exposición 

Si en los años 80 la fotografía periodística y documental se erigió como un soporte indispensable de información y denuncia al régimen militar chileno, de los 90 en adelante la escena cambia, tanto de signos como de representaciones, y se torna menos prolífera y menos contingente. Existe un desapego a la contingencia coyuntural y, por lo tanto, la representación política en las imágenes de esta antología se devela en otros aspectos: la sexualidad desviada hacia el fetichismo erótico, la identidad dolida, o las catástrofes naturales.

En este contexto, los fotógrafos seleccionados para esta muestra configuran y mapean un Chile oculto y silenciado por el bombardeo de imágenes faranduleras y superficiales, que determinan lo que pensamos y reflexionamos.

Según la curadora Montserrat Rojas Corradi, “la necesidad de esta antología es crear un diálogo generacional entre las distintas producciones realizadas a lo largo de la historia de la fotografía chilena, abriendo de esta manera un entendimiento de cómo fluctúan hoy en día los distintos géneros fotográficos, a través de los cuales se configura la memoria política, social y cultural de Chile. En este contexto y desde una dimensión documental, periodística, conceptual o simplemente a través de lo que se conoce como fotografía de autor, se retrata la existencia, los sueños, frustraciones y problemáticas del país en los últimos años”

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Alejandro Olivares, de la serie Living Periferia

Una de esas problemáticas son los submundos del Chile de hoy que retrata Alejandro Olivares, quien trabaja hace cinco años como editor fotográfico de la revista The Clinic.

Su serie Living Periferia es un ensayo personal en el cual lleva trabajando varios años. En ella se muestra el espacio en que se desenvuelve un grupo de jóvenes en algunos de los barrios más peligrosos de Chile, principalmente en la periferia santiaguina. Olivares se aproximó inicialmente desde la acera del frente. Luego fue encontrando –con un tacto íntimo, persuasivo y a veces peligrosamente cercano- escenas protagonizadas por niños con armas de fuego, delincuentes violentos, tráfico de drogas, marginalización y la experiencia del embarazo adolescente o en condiciones precarias. Olivares también se interesa por las relaciones de pareja de la periferia, mostrándonos un amor descarnado, alimentado primariamente por el deseo sexual.

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Alejandro Olivares, de la serie Living Periferia

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Alejandro Olivares, de la serie Living Periferia

Como un “reportero gráfico”, Pablo Salvador Valenzuela también se acerca a una situación límite similar en su serie Espeche for the people, un retrato en progreso que muestra la cotidianidad de Pablo Espeche, una persona que habita en el centro de la capital de Chile y que vive marginado en su propia realidad, una alterna, de alucinaciones, conspiraciones militares y adicciones.

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Pablo Salvador Valenzuela, de la serie Espeche for the People, 2008, fotografía analógica, medidas variables

El trabajo se expresa en imágenes más bien abstractas, logrando así el artista el delicado cometido de hacer menos explícita la crudeza del sujeto y su realidad.  El deterioro físico y psicológico y la miseria están presentes, pero Valenzuela los lleva por un camino oscuro, sin obviedades. Hay poesía y belleza en la mente, la vida privada, las paredes y el piso de la precaria vivienda de este personaje. Es un relato, según su autor, de “documentalismo subjetivo”.

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Pablo Salvador Valenzuela, de la serie Espeche for the People, 2008, fotografía analógica, medidas variables

Cristóbal Traslaviña se inscribe en una búsqueda similar. El artista escudriña la decadencia y la sordidez de la intimidad en espacios hostiles y privados con una formalidad que potencia la narrativa del mundo de la noche, la droga y la prostitución. Sus sujetos se distorsionan, se contorsionan, están encuadrados de manera fragmentada y desenfocada. Se antoja la idea de un cruce entre la fotografía y lo performático, pero los retratados no actúan, simplemente viven.

“Mi manera de mirar y capturar ese mundo salvaje, de desarraigados sin domicilio fijo, provoca la sensación de fragilidad ante un entorno que se presenta hostil”, dice el artista.

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Cristóbal Traslaviña, de la serie ¿Cómo documentar el mundo sin renunciar a asumir una posición, la mía propia, en este mundo? 2006-2011, fotografía analógica, 28 x 45 cms, 13 x 18 cms.

En el MAC presenta ¿Cómo documentar el mundo sin renunciar a asumir una posición, la mía propia, en este mundo?,  una serie de fotografías analógicas a color y en blanco y negro por la que fue nominado este año a los Premios Altazor. La serie es el resultado de un extenso trabajo realizado durante los años 2005 y 2010 en Santiago, Buenos Aires y Monterrey.

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Cristóbal Traslaviña, de la serie ¿Cómo documentar el mundo sin renunciar a asumir una posición, la mía propia, en este mundo? 2006-2011, fotografía analógica, 28 x 45 cms, 13 x 18 cms.

Si Traslaviña se enfoca en la psicología del personaje, Celeste Rojas mira al espacio como sujeto. En sus series La ciudad líquida (2008-2010) y Aunquenotengamosnada (2010), el abandono, la identidad, el habitar y la ausencia son matéricos, asuntos tratados con una extraña mezcla de documentalismo y ficción cinematográfica. La ciudad líquida gira en torno a la configuración de una “ciudad simbólica” – o la ciudad como concepto, documentada y expuesta- en la que se ven retratadas una multiplicidad de urbes de Latinoamérica. Aunquenotengamosnada es un proyecto íntimo en torno a los amigos y espacios cotidianos, el tránsito entre países, habitaciones, experiencias, tiempos muertos y amantes.

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Celeste Rojas, de la serie Ciudad Líquida, 2009, fotografía nalógica, 2009, 28 x 45 cms

Rojas acaba de editar el libro Ciudad Líquida a través de la convocatoria para fotógrafos latinoamericanos del Centro de Fotografía de Montevideo. En la serie, cuestiona “si nos hemos despojado de la ciudad, si la utilizamos como un mero espacio de tránsito, o si es un sitio de deseo y por ende un lugar que no llegamos nunca a comprender del todo, pero que nos intriga y nos atrae a permanecer y hacer en él”.

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Celeste Rojas, de la serie Ciudad Líquida, 2009, fotografía nalógica, 2009, 28 x 45 cms

Rosario Montero presenta otra visión de ciudad en su serie Ciudad Ideal, una tipología de viviendas pertenecientes a villas construidas bajo los parámetros de eficiencia, serialidad y economía. Así, las “casas clonadas”, la “arquitectura de emergencia”, se convierte en esta documentación social en una “ciudad ideal”.

Al componer la serie con un encuadre fijo, frontal y simétrico, Montero rescata la “nueva objetividad” de los alemanes Hilla y Bern Becher (1960). “A través de un encuadre fijo y un trabajo de post-producción se busca generar una fotografía limpia, desprovista de elementos dramáticos que la sobre signifiquen, conservando los objetos únicos y diferenciadores de cada una de las viviendas en relación a sus iguales”, dice la artista.

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Rosario Montero, de la serie Ciudad Ideal, 2010, fotografía digital, 114 x 114 cms.

Montero realizó la serie en Alto Hospicio (Iquique), Peuco (Calama), Altos De La Florida (La Serena), La Florida (Santiago), Villa Portuaria (Valparaíso), Padre De Las Casas (Temuco), y Faro De Los Colonos (Puerto Varas). Cada uno de estos barrios o comunas tiene una historia particular, sea por cuestiones relacionadas con la explosión urbanística y demográfica que ha estado ocurriendo en Chile a partir de los 90, o por los niveles de delincuencia, el tipo de ocupación de sus habitantes (minería) o situaciones como el enfrentamiento entre las autoridades y las comunidades mapuches. Se trata de una cartografía social, un catálogo de guetos.

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Rosario Montero, de la serie Ciudad Ideal, 2010, fotografía digital, 114 x 114 cms.

Kurt Petautschnig es otro fotógrafo joven chileno que emplea el sistema de tipologías. Una de sus series más conocidas es 90 días, exhibida en Matucana 100, en la que fotografió sistemáticamente su alimentación durante 90 días. Se trata de un encuadre de distitnos platos de comida que se repite constantemente con un punto de vista ceni­tal y flash. Pero la obra no se queda meramente en un registro conceptual, sino que plantea interrogantes de tipo social y acerca del paso del tiempo, como ocurre con la serie que expone en el MAC, titulada Vistas de Paisaje.

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Kurt Petautschnig, de las series Vistas de Paisaje, 2010-2011, fotografía analógica, 100 x 100 cms.

Esta serie es un archivo visual que da cuenta de las transformaciones silenciosas que  sufre el paisaje urbano. Como un urbanista, Petautschnig recorre la ciudad registrando diferentes vistas de la ciudad, “el proyecto de ciudad que se devora a si mismo, en la vorágine del sistema de producción contemporánea”, según nos cuenta el fotógrafo.

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Kurt Petautschnig, de las series Vistas de Paisaje, 2010-2011, fotografía analógica, 100 x 100 cms.

Hay algo de humor en estas tomas de formato cuadrado de Petautschnig, sobre todo en aquellas donde, además de describir el paisaje moderno –acelerado, industrializado, contaminado, desordenado-, articula un discurso sobre la identidad local.

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Kurt Petautschnig, de las series Vistas de Paisaje, 2010-2011, fotografía analógica, 100 x 100 cms

Un artista en esta muestra que explora el paisaje y la fotografía desde ángulos más expansivo es Gianfranco Foschino, quien por estos días exhibe su obra en el Pabellón Latinoamericano de la 54va Bienal de Venecia. En su video Lota, Foschino investiga el video como medio y su cruce con la fotografía y la pintura. Su método consiste en colocar la cámara en una posición fija, hacer una única toma y dejar que pase el tiempo, para después escoger “el momento”. Ese momento es único en el tiempo. Es una fotografía. Mínimos, poéticos, casi imperceptibles, sus trabajos son vistas contemplativas de paisajes y situaciones.

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Gianfranco Foschino, Lota (2010). HDV. 13 min. Silent. Loop

Antología Visual de Jóvenes Fotógrafos, Chile 2010-2011

31 marzo al 26 junio de 2011

Museo de Arte Contemporáneo (MAC) del Parque Forestal

Santiago de Chile

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.