Sarah Thornton es célebre por su best-seller “Siete días en el mundo del arte”, una profunda investigación sobre las dinámicas del arte contemporáneo global traducida a once idiomas. Desde su publicación hace poco más de un año, ha dictado numerosas conferencias, colabora para prestigiosas revistas y periódicos y muchos medios internacionales la han entrevistado. Su contribución ha sido acceder y presentar desde la perspectiva etnográfica a un mundo del arte cada vez más expansivo y policéntrico, egocéntrico y competitivo, autorreferente y espectacular, idealista y a la vez materialista, exclusivo y, sin embargo, popular. A Chile vino a finales de septiembre pasado invitada por la Galería Moro para dar una charla en la Sala de Arte CCU en la que recapituló y actualizó “aquellos siete días” con más información sobre el mercado del arte y anécdotas de artistas que ha entrevistado, como la recientemente fallecida Louise Bourgeois.

Cortesía CCU en el Arte

La historiadora de arte y socióloga canadiense también vino a escanear el panorama artístico local como parte del trabajo para su próximo libro sobre la relación entre artistas y asistentes. La investigación, que se encuentra en su etapa inicial, contempla entrevistas a artistas que trabajan en diferentes niveles y partes del mundo.

“Necesito verlos muchas veces y seguramente después algunos no querrán verme nunca más, porque tiendo a ser como una sombra. Lo que si puedo decir es que el libro incluirá tanto a artistas conocidos como a artistas que no lo son tanto. He conversado, por ejemplo, con una artista de Brooklyn (Nueva York) que es madre, tiene un trabajo aparte para mantener a su familia y tiene su estudio en el garaje de su casa. También me interesan mucho los asistentes”, dijo Thornton en una breve entrevista con Artishock.

En Santiago se reunió con artistas de “estatura internacional”, como Eugenio Dittborn, y nos dejó con más preguntas que respuestas sobre las operaciones –un tanto oscuras- de esa red dispersa de subculturas superpuestas que llamamos “mundo del arte”, y que perfila, con humor y rigurosidad, en los siete capítulos de su libro. Para su investigación, Thornton entrevistó a más de 250 participantes claves del mundo del arte, como John Baldessari, Barbara Gladstone, Damien Hirst, Marc Jacobs, Hans Ulrich Obrist y Yoko Ono.

“Me tomó cinco años producir ‘Siete días en el mundo del arte’. El próximo libro no estará listo por un tiempo. Desde que terminé ‘Siete Días…’ me he dado cuenta que me interesan mucho el internacionalismo y los diferentes submundos del arte, el balance entre lo público y lo privado, los mercados y el poderoso coleccionismo de Asia, la ex Unión Soviética y el Medio Oriente. Aún tengo mucho que aprender”, afirma.

Cortesía CCU en el Arte

ARTISTAS QUE CONSTRUYEN MARCAS

En el mundo del arte explorado por Sarah Thornton en su libro los artistas que ganan mayor reconocimiento mundial son aquellos que se inventan a sí mismos y son directores creativos más que artesanos, una tradición que partió con Marcel Duchamp y continúa con Andy Warhol, Jeff Koons, Damien Hirst, Takashi Murakami y Maurizio Cattelan.

“Es parte de la revolución industrial en el arte y algo difícil de entender por el público general. Muchos artistas no crean con sus manos y emplean a asistentes. Rubens lo hacía, excepto que ahora el trabajo es más colaborativo. Murakami reconoce la labor colectiva de sus asistentes, sea imprimiendo sus nombres al dorso de las obras o directamente impulsando sus carreras. El es inusual en este sentido”, asegura.

La empresa de Murakami, Kaikai Kiki Co. Ltd., emplea a 90 asistentes en sus estudios de Tokio y Nueva York. Desde allí produce arte, diseña mercadería -incluída una legendaria colaboración con Louis Vuitton-, opera como representante, agente y productora de otros siete artistas japoneses, lleva a cabo una feria de arte y un festival llamados Geisai, negocia con curadores y galeristas y realiza trabajo freelance por millones de dólares para la industria de la moda, la televisión y la música.

“Su iniciativa supera a la Factory de Andy Warhol”, afirma Thornton.

EL ARTE COMO BIEN DE CONSUMO

Visto fríamente, el arte es un bien de consumo lujoso producto de un negocio bien establecido cuya historia la están escribiendo unos pocos participantes. En “Siete Días…” están retratados los que bien podrían ser los gerentes generales de las siete subsidiarias de una legendaria transnacional: una poderosa casa de subastas; una venerable institución académica; una feria gigantesca; un premio sensacionalista; una revista exclusiva; un popular artista-empresario y una bienal influyente.

Con el surgimiento de los fondos de inversión y el estallido de los nuevos billonarios de Asia y la ex Unión Soviética, el arte también ha pasado a convertirse en una forma aceptada de diversificar la cartera de inversiones.

“Los nuevos coleccionistas, que han hecho su fortuna en fondos de inversión, conocen bien las alternativas para su dinero. Hoy en día el efectivo da tan poca ganancia que invertir en arte no parece una idea tan tonta. Es por eso que el mercado del arte se ha fortalecido; porque hay pocas opciones mejores”, dice un coleccionista citado en el libro bajo el nombre ficticio de Jack Gold.

Otros opinan que el arte se parece a los bienes raíces, más que a las acciones. Para Amy Cappellazzo, codirectora del departamento de Arte Contemporáneo y de la Posguerra de la casa de subastas Christie’s, “algunos Warhols son como (departamentos) de un solo ambiente en edificios a mitad de cuadra y con orientación norte, mientras que otros Warhols son como un penthouse con vista de 360 grados. Una acción de Cisco, en cambio, es para siempre una acción de Cisco, y nada más”.

En el universo de las subastas, dice Thornton, se dan dos dinámicas claves en cuanto a qué tipo de arte se vende mejor: por un lado, están los referidos artistas-empresarios con perfil de celebridades; por el otro, las pinturas. Pero no cualquier tipo de pintura.

“Las pinturas marrones no venden tan bien como las azules o las rojas. A un cuadro sombrío no le va a ir tan bien como a uno que ponga contenta a la gente. Un desnudo masculino por lo general no es tan buscado como una mujer bien dotada de mirada expectante”, dice Cappellazzo.

En general, agrega la experta, “a los coleccionistas los confunden y preocupan las cosas que se enchufan”, “suelen huirle a las obras de arte que parecen complicadas de instalar” y “cualquier cosa que supere la dimensión estándar de un ascensor de Park Avenue deja fuera a un cierto sector del mercado”.

El arte político tampoco es usualmente considerado material de subasta, a menos de que se trate de, por ejemplo, las pinturas de Mao de Warhol, que recientemente se han ubicado entre sus diez obras mejor vendidas en subasta. Esto se debe a que los chinos han entrado furiosamente al mercado del arte, según Thornton.

Pero, ¿quién tiene la última palabra sobre qué vale la pena comprar y qué no? El mercado valida la obra de arte, lo que entonces llama la atención de críticos y curadores, quienes la validan en sus textos y exhibiciones. Y cuando los curadores y críticos validan una obra, ésta llama la atención de galeristas y coleccionistas. Es como el dilema del huevo o la gallina, “una espiral causal”, según Thornton.

La llamada “validación” también está estrechamente ligada a la percepción de la integridad de los artistas y a la sinceridad que evoca su trabajo. Thornton lo ve como un proceso complicado en el que todas las subculturas del mundo del arte -artistas, marchands, curadores, críticos y coleccionistas- juegan un papel. A menos que todos crean en ella, la obra de arte no resistirá la prueba del tiempo.

Pero la validación parece comenzar en la academia. Thornton explica que, desde la década de los sesenta, el título de Master en Bellas Artes se ha convertido en el primer legitimador en la carrera de un artista, seguido por los premios y las residencias, la representación de un marchand primario, las reseñas y notas en revistas de arte, la inclusión en prestigiosas colecciones privadas, la validación del museo en la forma de muestras individuales o grupales, la exposición pública internacional en bienales muy concurridas y, por último, la aceptación de su obra en la reventa, marcada por un fuerte interés en las salas de subastas. “Más específicamente, los títulos de universidades prestigiosas se han convertido en una especie de pasaporte. Basta con mirar el currículum de los artistas menores de cincuenta años en cualquier muestra internacional para notar que la mayoría de ellos ostenta un Master en Bellas Artes obtenido en alguna institución altamente selectiva”, afirma.

EL ARTE COMO OCUPACIÓN CONCEPTUAL

Una de esas instituciones académicas de prestigio es el Instituto de Arte Californiano, conocido como CalArts. Es como una especie de casa de retiro donde los artistas se entrenan en la jerga del oficio, reflexionan y aprenden a defender su obra de las incisivas críticas de mentores y compañeros. Thornton asistió a una de sus “crits”, sesiones maratónicas de hasta 15 horas en las que el arte pasa a ser una “ocupación conceptual” y el mercado un tema fuera de discusión.

“Las crits presentan un marcado contraste con el tratamiento que reciben las obras en subastas y ferias, donde se las observa por cinco segundos y se les atribuye un superficial valor económico. En realidad, las crits no suelen ser consideradas como eventos del mundo del arte. A mi entender, sin embargo, la dinámica de esta clase es fundamental para comprender cómo funciona este universo”, dice Thronton.

Otros no están tan de acuerdo. Aunque las críticas grupales son muy populares en Estados Unidos – y en menor medida en Europa-, para el conocido crítico de arte Dave Hickey éstas son “acontecimientos sociales que refuerzan la norma e imponen un discurso normalizado”. Más que las intenciones del artista –manifestadas en la excesiva verbalización de una obra-, a Hickey le interesa que el trabajo tenga consecuencias.

EL ARTE COMO FETICHE

El arte pasa a ser un pasatiempo, o simplemente un fetiche, en los ostentosos espectáculos comerciales en los que se han convertido las ferias. En un capítulo de su libro, Thornton dibuja claramente la relación entre los marchands y el resto de los jugadores del mundo del arte y revela la psicología de compra del coleccionista de alto rango a través de una visita a Art Basel.

En los pasillos de la concurridísima feria suiza sigue los pasos de Mera Rubell, quien junto a su esposo, Don Rubell, conforman la pareja de coleccionistas más importante de Miami. “La de coleccionista tendría que ser una categoría que hay que ganarse. Un artista no se vuelve artista de un día para el otro, y un coleccionista no debería volverse coleccionista de un día para el otro. Es un proceso de toda la vida”, dice la señora Rubell.

Los coleccionistas poco serios son perfilados en el libro por el galerista londinense Nicholas Logsdail: “Los especuladores son como adictos al juego, estudian la forma, leen las revistas, escuchan lo que se dice en la calle y tienen corazonadas. Nos quejamos, pero el mundo del arte no podría funcionar sin ellos. Después están los barcos pesqueros, que salen con una gran red para no perderse nada y poder decir “yo estuve ahí, tengo uno, ése lo compré en 1986”. En contraste, comprar en profundidad, o la práctica de adquirir muchas obras del mismo artista, a menudo se menciona como una manera muy respetable de coleccionar.

Al igual que los coleccionistas, los marchands entran en categorías. Algunos tienen una orientación artística, por lo general van a la escuela de arte y abandonan la idea de ser artistas cuando descubren que tienen aptitud para organizar exposiciones. Otros son más cercanos a un coleccionista, suelen empezar de aprendices en Sotheby’s o Christie’s y a menudo parten siendo ellos mismos coleccionistas. Un tercer grupo podría ser el de los galeristas curadores, que estudian historia del arte y se destacan por la justificación académica de la obra de sus artistas. En cualquier caso, no existe un entrenamiento o un título establecido: “Cualquiera puede autodenominarse marchand o galerista”, de acuerdo con Thornton.

EL ARTE COMO ATRACCIÓN MUSEÍSTICA

Otro de los submundos del arte que ha investigado Thornton es el del Premio Turner, otorgado en Gran Bretaña por la prestigiosa institución Tate. De cuatro artistas preseleccionados anualmente –cada uno representado con su propia exposición en las salas del museo-, solo uno sube a un gran escenario durante una ceremonia televisada para recibir un cheque de 25.000 libras. La autora indaga aquí en la naturaleza de la competencia entre artistas, la función de los galardones en sus carreras y la relación entre los medios y el museo. El arte, en tanto, lo define como una atracción museística, como material para una reseña en los medios y como evidencia del valor del artista.

En el circo mediático de Gran Bretaña, el Turner –que suele considerarse un indicador confiable de la capacidad de un artista de mantener una vital práctica creativa a largo plazo- es un evento seguido hasta por una agencia de apuestas. Según Rupert Adams, vocero de la casa William Hill, los resultados del Premio Turner son “tan aleatorios” que para investigar las posibilidades de cada nominado no hace falta saber de arte. “Googleamos a los artistas, y el más conocido es el que más posibilidades parece tener”, explica.

Sin embargo, en el 2006, el año que investiga Thornton, la ganadora resultó ser la pintora abstracta de origen alemán Tomma Abts, no precisamente la más mediática de los finalistas. Para el artista conceptual Martin Creed, nunca nadie es el mejor. “Si los artistas crean obras de arte, los jurados crean un ganador. Elijan a quien elijan, es un reflejo de ellos mismos”.

EL ARTE COMO UNA EXCUSA PARA LA PALABRA

Thornton también ofrece diferentes perspectivas sobre la función y la integridad de la crítica de arte, basándose para ello en una serie de entrevistas con los editores de la influyente revista Artforum, en Nueva York, y con otros prestigiosos críticos e historiadores del arte. Después de todo, las portadas de las revistas y las reseñas en los diarios contribuyen al modo en que el arte y los artistas entran en los anales de la historia.

Según la autora, existen dos tipos de críticos. Por un lado, está el parecido a Tim Griffin, en ese entonces editor principal de Artforum, para quien “un crítico es un detective”. Por el otro, están los que escriben de forma más accesible, como Peter Schjeldahl, el principal columnista de arte de la revista New Yorker, para quien la crítica es “un arte menor” y “debe entretener a los lectores”.

En definitiva, ¿qué caracteriza a una buena revista de arte? “Lo único esencial es que no siga al mercado ni trate activamente de influir en el mercado. Tiene que tener punto de vista propio. Tiene que ser honesta. Después de eso, claridad de escritura, pureza de diseño”, afirma el dueño principal de Artforum, Tony Korner.

EL ARTE COMO ATRACCIÓN TURÍSTICA

“Siete días en el mundo del arte” culmina con la narración de una frenética jornada en la Biennale di Venezia que, según Thornton, ha pasado a convertirse en un evento más de relaciones públicas que de contemplación y reflexión. La autora explora en este capítulo el papel fundamental de la memoria en la compresión de lo contemporáneo y de la visión retrospectiva para determinar qué obras son realmente valiosas.

“En la bienal confluyen todas las subculturas del mundo del arte. Por un lado, es una atracción turística. Por el otro, es un vehículo para el mensaje político. Una bienal no es solamente una muestra que tiene lugar cada dos años; es una gigantesca exhibición que intenta captar el momento artístico global”, explica.

En el capítulo de “La Bienal”, el énfasis está puesto en el papel de los curadores. Uno de ellos, el estadounidense Robert Storr, director de la Bienal de Venecia de 2007, afirma que los curadores “hacen que prestes atención a cosas que de otro modo no mirarías. Más aún, te acercan las obras de manera que produzcan una sensación vívida”.

En cuanto a qué define una buena muestra grupal, Storr señala que “no se trata de exponer obras maestras ni de elegir los cuarenta mejores. Se trata de crear algún tipo de textura con la variedad del arte; un contexto en el cual las obras individuales puedan ganar significado”.

EL ARTE ES POPULAR

“Aunque a menudo se describa como una escena sin clases sociales, donde artistas de clase media baja toman champagne con altos gerentes de fondos de inversión, eruditos curadores, diseñadores de moda y otros creativos, sería un error pensar que el mundo del arte es igualitario o democrático”, según Thornton.

Con todo, el arte se ha vuelto muy popular por motivos que cita en la introducción de su libro: primero, porque estamos más educados que antes y hemos desarrollado un apetito por bienes culturalmente más complejos; segundo, porque aunque estemos mejor educados, leemos menos –ahora nuestra cultura pasa la televisión o por YouTube-; tercero, porque en un mundo cada vez más global, el arte cruza las fronteras. Además, los precios altos de las obras de arte dominan los titulares de los medios, que han popularizado la noción de arte como bien de lujo y símbolo de estatus. En los últimos diez años, la porción más adinerada de la población se ha vuelto aún más rica, y hemos asistido al ascenso de los billonarios.

Ilustraciones: Artoons de Pablo Helguera

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Sarah Thornton

Tiene una licenciatura en Historia del Arte y un Doctorado en Sociología. Escribe sobre arte contemporáneo para The Economist y contribuye con muchas otras publicaciones y medios, como The Art Newspaper, The Guardian, Artforum, The New Yorker, la BBC, ZDF Televisión y la emisora NPR. Su PhD ,“Club Culturas: Música, Medios de Comunicación y Capital Subcultural”, fue publicado por la editorial Polity Press. Thornton fue parte de la facultad de la Universidad de Sussex, donde dirigió la maestría en Estudios Mediáticos. Desde 2003, ha estado investigando las dinámicas sociales y culturales del arte contemporáneo. Ha participado en numerosos paneles, conferencias y conversaciones públicas. En el último año, ha dado conferencias en las Universidades de Cambridge y Oxford (Inglaterra), el Royal College of Art y el Goldsmiths College (Londres), la Universidad Bocconi (Milán), UNAM (México), UCLA (Los Angeles), la Corcoran (Washington DC), la Galería de Arte de Ontario (Toronto) y el Festival de Escritores de Sydney, entre otros.

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Otros libros que tratan tópicos similares a “Siete días en el mundo del arte”. Distribuidos por D.A.P / Distributed Art Publishers, Inc.

Todo lo que siempre quiso saber sobre los galeristas pero no se atrevió a preguntar
Por Andrea Bellini / Publicado por JRP | Ringier

La expansión masiva del mercado del arte en las últimas décadas ha despertado mucha intriga sobre cómo funcionan las galerías, especialmente cuando críticos, artistas y curadores independientes toman la iniciativa en la apertura de sus propios espacios, aumentando así el atractivo de la función del galerista. La función principal del galerista contemporáneo sigue siendo el establecido por DH Kahnweiler hace más de un siglo: la de un «compañero de viaje» de los artistas, el que alimenta el desarrollo de la obra, registrándola y asegurando su paso óptimo hacia el mundo. Pero en la economía actual, el galerista como empresario cultural y árbitro ejerce una hibridez profesional lejana a los tiempos de Kahnweiler. En este libro, Andrea Bellini entrevista a dueños y empleados de 51 galerías, entre ellas Gavin Brown’s Enterprise (Nueva York), Massimo De Carlo (Milán), Greene Naftali (Nueva York), Hotel (Londres), Kurimanzutto (México), Franco Noero (Turín), Eva Presenhuber (Zúrich), Johann König (Berlín) y Vitamin (Beijing), a fin de obtener su opinión sobre las complejidades de la cultura del arte en todo el mundo.

Cómo hacer cosas con arte. El significado de la performatividad del arte
Por Dorothea von Hantlemann. Editado por Marta Karen. Prólogo por Hans Ulrich Obrist / Publicado por JRP | Ringier /Fecha de publicación: 30 de noviembre del 2011

El arte nunca ha sido tan importante cultural y económicamente como lo es hoy. ¿Cómo pueden los artistas dar forma a la relevancia social y al impacto de su trabajo? En Cómo hacer cosas con el arte, la historiadora de arte alemana Dorothea von Hantelmann presenta a cuatro artistas como casos de estudio – Daniel Buren, James Coleman, Jeff Koons y Tino Sehgal – para examinar cómo una obra de arte actúa sobre y dentro de las convenciones sociales, en particular a través de la “performance” de exposiciones. El título del libro es una referencia al texto seminal de JL Austin, Cómo hacer cosas con palabras, que describe las propiedades de producción de la realidad del lenguaje y muestra que en el “decir» siempre hay un «hacer» – un equivalente lingüístico a la dinámica prevista por Von Hantelmann para el arte, en la que “mostrar» es una especie de «hacer». El análisis detallado que hace Von Hantelmann de las obras de Buren, Coleman, Koons y Sehgal explora cómo cada uno de estos artistas ha tomado el control de cómo su trabajo se conduce por el mundo.

El lector Bienal
Editado por Elena Filipovic, Marieke van Hal, Solveig Øvstebo. Textos de Carlos Basualdo, Daniel Buren, John Clark, Okwui Enwezor, Bruce Ferguson, Hoegsberg Milena, Hoskote Ranjit, Caroline A. Jones, Konaté Jakouba, Gerardo Mosquera, Niemojewski Rafal, et al.
Publicado por Cantz Hatje

Nacida como un vehículo para la propaganda nacional, la bienal de arte hoy en día se ha convertido en un gran fenómeno que moviliza no sólo a artistas curadores y galeristas sino también a patrocinadores, celebridades y políticos, llama altamente la atención de la prensa y decide la carrera de artistas en todo el mundo. Para una ciudad, organizar una bienal de hoy en día tiene repercusiones colosales. Esta antología sobre la bienal de arte reúne textos seminales previamente publicados de todas partes del mundo junto a colaboraciones encargadas a los principales estudiosos, curadores, críticos y pensadores de hoy – entre ellos Carlos Basualdo, Daniel Buren, John Clark, Okwui Enwezor, Bruce Ferguson, Milena Hoegsberg , Hoskote Ranjit, Caroline A. Jones, Konaté Jakouba, Gerardo Mosquera y Niemojewski Rafal. Siguiendo la genealogía del formato de exposición estándar – incluyendo no solo bienales, sino también otras exposiciones periódicas como trienales y cuatrienales – y el análisis de algunos de los ejemplos más famosos de los siglos XX y XXI -la Bienal de Venecia, la Bienal de Johannesburgo, la Bienal de La Habana, Documenta y las bienales de Asia-, el lector explora las ambiciones artísticas, teóricas y políticas de tales proyectos expositivos de gran escala. Seguramente, este libro será un recurso vital para los investigadores, estudiantes, curadores, artistas y críticos.

Other books with similar topics to «Seven Days in the art world», all distributed by DAP / Distributed Art Publishers, Inc.

Everything You Always Wanted to Know About Gallerists But Were Afraid to Ask
By Andrea Bellini / Published by JRP|Ringier / Publication date: February 28, 2011

The massive expansion of the art market in recent decades has aroused much intrigue about how galleries operate, particularly as critics, artists and independent curators take the lead in opening their own spaces, enhancing the appeal of the gallerist’s role. The primary function of the contemporary gallerist continues to be the one established by D.H. Kahnweiler over a century ago: that of a «traveling companion» to artists, one who nourishes the work’s development, recording it and ensuring its optimum passage into the world. But in today’s economy, the gallerist as cultural entrepreneur and arbiter exercises a professional hybridity far removed from Kahnweiler’s day. Here, Andrea Bellini interviews figures from 51 galleries, including Gavin Brown’s Enterprise (New York), Massimo De Carlo (Milan), Greene Naftali (New York), Hotel (London), Kurimanzutto (Mexico), Franco Noero (Turin), Eva Presenhuber (Zurich), Johann König (Berlin) and Vitamin (Beijing), eliciting their views on the complexities of art culture worldwide.

How to Do Things with Art. The Meaning of Art’s Performativity
By Dorothea von Hantlemann. Edited by Karen Marta. Foreword by Hans Ulrich Obrist / Published by JRP|Ringier

Art has never been as culturally and economically prominent as it is today. How can artists themselves shape the social relevance and impact of their work? In How to Do Things with Art, German art historian Dorothea von Hantelmann uses four case study artists–Daniel Buren, James Coleman, Jeff Koons and Tino Sehgal–to examine how an artwork acts upon and within social conventions, particularly through the «performing» of exhibitions. The book’s title is a play on J.L. Austin’s seminal text, How to Do Things with Words, which describes language’s reality-producing properties and demonstrates that in «saying» there is always a «doing»–a linguistic counterpart to the dynamics envisioned by Von Hantelmann for art, in which «showing» is a kind of «doing.» Von Hantelmann’s close analysis of works by Buren, Coleman, Koons and Sehgal explores how each of these artists has taken control of how their work conducts itself in the world.

The Biennial Reader
Edited by Elena Filipovic, Marieke van Hal, Solveig Øvstebo. Texts by Carlos Basualdo, Daniel Buren, John Clark, Okwui Enwezor, Bruce Ferguson, Milena Hoegsberg, Ranjit Hoskote, Caroline A. Jones, Jakouba Konaté, Gerardo Mosquera, Rafal Niemojewski, et al.
Published by Hatje Cantz

Born as a vehicle for national propaganda, the art biennial today has become an outsize phenomenon mobilizing not only artists, curators and gallerists but sponsors, celebrities and politicians, commanding huge press attention and deciding the careers of artists worldwide. For a city to host a biennial today has colossal ramifications. This anthology on the art biennial gathers previously published seminal texts from around the world alongside commissioned contributions from the leading scholars, curators, critics and thinkers today–among them Carlos Basualdo, Daniel Buren, John Clark, Okwui Enwezor, Bruce Ferguson, Milena Hoegsberg, Ranjit Hoskote, Caroline A. Jones, Jakouba Konaté, Gerardo Mosquera and Rafal Niemojewski. Tracing the genealogy of the standard exhibition format–including biennials but also other recurrent exhibitions such as triennials and quadrennials–and examining some of the most famous examples of the twentieth and twenty-first century, from the Venice Biennale to the Johannesburg Biennial and the Havana Bienal to Documenta and the Asian biennials, this reader explores the artistic, theoretical, political and other ambitions of such large-scale exhibition projects. It is certain to be a vital resource for scholars, students, curators, artists and critics alike.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.